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 Ojos en el abismo 19-06-2008 16:13
Por: Nachob
  

Un relato que preparé para el número del kraken de la Biblioteca Fosca, pero que no envié a tiempo...

Existen tres tipos de monstruos:
los que hay que destruir, no importa lo que cueste;
aquellos de los que hay que huir y combatir únicamente si te encuentras acorralado;
y los que sólo nos queda tratar de aplacar porque están más allá de nuestra comprensión.

Pedro Escudero Zumel
(El viejo y el monstruo)

ojos en el abismo
Soy un científico. O, al menos, lo era. Antes de que pasara lo que queréis saber con tanto ahínco. Porque después de ver lo que he visto, y de saber lo que ahora sé, ya poco queda en mí de razón, de lógica, o de esperanza siquiera. Como investigador he pasado mi vida tratando de comprender el mundo y sus misterios, aportar luz sobre lo desconocido, revelar lo que está oculto. Pero siempre desde unas premisas claras, coherentes y firmes. Ahora me limito a contemplar las estrellas y a preguntarme si es verdad que están ahí. Y beber. Todo lo que puedo. Porque entre las brumas del alcohol lo imposible ya no se muestra tan aterrador.

Obviamente, de todo lo que voy a deciros dejé constancia en profusos informes que ahora yacen olvidados y archivados en dios sabe qué cajones de qué importantes despachos. Puede que fuera también culpa mía el no haberlos redactado con el rigor que mi puesto y la situación requería, y que la impresión de mi descubrimiento me haya trastornado aportando incoherencia y una torpe vehemencia que los haya desacreditado. O puede que no haya otra forma de narrar lo sucedido que emplear los recursos y las formas de los escritores de fantasía o ciencia ficción. Pero es que la urgencia por avisar de lo acaecido jugó en mi contra, restándome precisión y congruencia. No lo sé. Ahora ya no me importa, porque he tenido tiempo para reflexionar y darme cuenta de las últimas consecuencias de lo que sucedió. Sé bien que no sirve de nada preocuparse. Ya no.

Pero empecemos con la historia, pues mientras aportéis bebida y yo sea capaz de articular palabra, no os escatimaré detalles ni suavizaré la verdad.

Trabajaba como profesor asociado en el Departamento de investigaciones oceanográficas de la Universidad de Las Palmas, y estaba exultante porque, junto con un apreciado colega sueco, nos acababan de conceder una beca del Consejo Europeo de Ciencia y Tecnología para realizar una expedición de investigación en el Mar del Norte. Hoy en día las cuestiones medioambientales y el estudio del cambio climático y sus repercusiones en nuestros océanos centran el interés de la opinión pública, y por ende de nuestros gobernantes, así que no encontré extraña la generosa subvención otorgada. Se trataba de estudiar un insólito fenómeno que se estaba produciendo en aquellas aguas, y que, según pretendíamos demostrar, obedecía sin duda a un aumento en la temperatura de las mismas en combinación con un uso poco responsable de la tecnología por parte de las multinacionales que extraían crudo en aquel lugar. Poco imaginábamos que había algo más detrás de todo aquello.

El caso es que nuestro equipo aterrizó en una de las enormes plataformas petrolíferas que abundan en aquellos lares, donde fuimos recibidos con más expectación que rechazo, lo cual no dejó de sorprenderme. Los científicos y los ecologistas no suelen ser de agrado ni de este tipo de empresas ni de sus trabajadores. Sin embargo, éstos se desvivieron desde un principio por que nos sintiéramos cómodos y dispusiéramos de cuanto necesitásemos para nuestro trabajo. Incluso descubrimos que era la propia compañía quien nos iba a proporcionar el barco que serviría para llevarla a cabo, incluida la pertinente tripulación. Una nave dotada de todo cuanto pudiéramos desear, incluido un pequeño y sofisticado submarino. Mucho más de lo que podíamos haber imaginado, y, desde luego, pedido.

Pronto advertimos que en sus miradas no había recelo, pero sí preocupación. Tras su amabilidad percibimos un expectante silencio, que parecía ocultar algo. Al ver la discusión que el patrón del buque que nos iba a llevar hasta la zona donde pensábamos iniciar nuestras investigaciones mantenía con algunos de sus marineros, no tuve ya dudas de que había algo más en todo aquello. Como no soy amigo de componendas ni temo enfrentarme a los problemas, no dudé en planteárselo en la primera ocasión que pude, la misma noche de zarpar, cuando fuimos invitados mi colega sueco y yo a cenar en su camarote.

El capitán era un veterano marinero danés que conocía aquellas aguas como la palma de su mano. Como todo buen marino, a sus vastos conocimientos técnicos unía un deje supersticioso respecto del mar. Era una dicotomía común en este tipo de personas. Por un lado un profesional bien formado de amplia cultura. Por otro, un incauto creyente de fábulas y leyendas sin sentido. Por eso, cuando puse sobre la mesa mis sospechas, enseguida desapareció su arrogante seguridad, y una mirada entre suspicaz y timorata asomó en sus pupilas grises. Recostándose sobre su asiento, y tras refugiarse en una gran nube de humo que exhaló de su pipa, me preguntó:

-¿Qué es exactamente lo que saben respecto del objeto de su investigación?

-Bueno, creo que eso no es ningún misterio y que han sido informados con todo detalle de ello. No hay ninguna trampa ni interés extraño. Pero se lo resumo en un momento: hace algunos años, en esta zona, se ha descubierto un curioso fenómeno que se ha dado en denominar ‘las aguas negras’. Es parecido al que sucede en el mar de los sargazos, pero de menor entidad. Creemos que por la confluencia entre una corriente de aguas calidas y poco saladas provenientes del cono sur y las heladas aguas del polo norte, se producen las condiciones optimas para que se dé una proliferación masiva de macroalgas planctónicas del orden de las Fucales, o algas pardas. Esta proliferación llega a cambiar la tonalidad del mar haciéndolo a simple vista más mate (de ahí el nombre), y puede llegar abarcar varias millas cuadradas. Sin embargo, con la subida generalizada de temperaturas en nuestro planeta, el fenómeno ha ido en aumento y en los últimos meses se extiende por centenares de millas.

-Casi la extensión de Dinamarca -dijo desde su vaporoso refugio nuestro anfitrión, que parecía conocedor de cuanto le estaba explicando. Sin embargo, aquella observación me dejó algo perplejo.

ojos en el abismo
-¿Tanto? Bueno, las mediciones vía satélite nos aportaran datos fiables y concretos. De confirmarse esta tendencia, sería una prueba irrefutable de que se está produciendo una evolución progresiva e incontrolada de inversión térmica a escala planetaria. Y sería una prueba más de la imperiosa necesidad de tomar medidas, antes de que sea demasiado tarde.

Aquel veterano lobo de mar permaneció unos instantes callado, con la vista fija en el suelo, pensativo. Por fin se decidió a continuar.

-Yo he navegado por esas aguas. Son siniestras. Oscuras como la pez. Espesas como brea. Se pegan a la quilla de los barcos haciendo que cueste avanzar. Incluso allí el cielo se vuelve más sombrío, como si reflejara lo lúgubre que es la zona.

Aquello me empezaba a sonar familiar, y quise desviar el tema por derroteros menos fantasiosos.

-He pasado un año estudiando el fenómeno en el Atlántico, y he de reconocer que resulta cuanto menos curioso. Se tienen que dar unas condiciones climáticas muy peculiares que hasta hoy en día eran imposibles en esta zona. Por eso resulta tan preocupante. Debemos tomar muestras, hacer mediciones e informar cuanto antes. Para eso hemos venido.

Un nuevo silencio, aún más reconcentrado que el anterior pesó sobre la mesa. La voz del capitán sonó ahora gutural, casi agobiada.

-¿Entonces no se lo han contado? ¿No saben nada?

Nos miramos extrañados.

-Nada de qué?

El capitán suspiró y dio una nueva bocanada a su pipa.

-Yo creía que venían precisamente a investigarlo. En los últimos meses se han producido algunas desapariciones de barcos. Y no sólo de pesca, sino otros mucho mayores. Éste es un mar muy turbulento, extremadamente gélido y donde se producen grandes tormentas. Muchos buenos hombres han dejado su vida atravesándolo, y han acabado sus días reposando en sus hondos abismos. Son muchas las leyendas que tratan de justificar tantos desastres y naufragios. En el fondo se trataba de transmitir de este modo una velada advertencia que pusiera en alerta a los marineros a la hora de enfrentarse con este duro y embravecido mar. Es la función que tienen los mitos, ¿no?, prevenirnos de dónde está el riesgo, aunque sea de un modo mágico que lo haga atractivo, popular y fácil de recordar. Se trata de convencer no a la razón, sino al corazón. El hombre siempre se ha movido más por los sentimientos que por el sentido común. Pero no me quiero desviar del tema. El caso es que últimamente su número ha aumentado exponencialmente, y también su magnitud.

-No me diga que estamos de nuevo ante otra nueva fábula como la del triángulo de las Bermudas. Por dios, somos hombres de ciencia, y ya se ha demostrado hasta la saciedad la escasa veracidad de esas fantasías. El océano es de por sí suficientemente peligroso como para explicar la desaparición de barcos y personas, sin tener que recurrir a las locas divagaciones de mentes calenturientas.

-No estamos hablando de pequeños veleros o pesqueros. Han desaparecido barcos de mucho mayor tonelaje. El carguero Finisterre tenía más de 90 metros de eslora, y el superpetrolero Queen of seas era de los mayores del mundo. Y ya no existen. Se han esfumado sin apenas una señal de socorro o alarma.

ojos en el abismo
No salíamos en nuestro asombro. No habíamos tenido noticias de algo así, y desde luego la prensa no se había hecho eco de tan jugosa noticia. Era increíble que una cuestión como ésta se hubiera mantenido en secreto. Aun así, mi ordenada mente prefirió tomárselo de un modo jocoso, como corresponde a alguien con mi profesión y estudios.

-Pero ¿de qué estamos hablando? ¿De un agujero negro, de extraterrestres, de monstruos marinos? Algo así no podría permanecer oculto. Témome que, como siempre, la explicación debe ser mucho más sencilla. Y puede que por real mucho más preocupante. Probablemente sea el ser humano quien esté detrás, con sus prácticas delictivas y especulativas. Nosotros no estamos aquí para investigar la desaparición de ninguna nave. No somos policías ni inspectores. Somos científicos que vienen a estudiar un fenómeno extraño relacionado con el aumento de las temperaturas de planeta. Y eso, capitán, tiene poco misterio.

 
 
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   Pues a mi no se me ha hecho lento...
24-09-2008 15:25
Me ha gustado mucho y no se me ha hecho lento, es verdad que a veces recurres a estereotipos, como que el capitan fume en pipa pero bueno, ¿por qué no? con tal de no abusar...

Solo un detalle para cuando retoques la historia, es un tema más tecnico que otra cosa. Cuando escribes:

"Examiné los datos del sónar y de las cámaras subacuaticas que llevábamos instaladas. Comprobé que en efecto la densidad de aquel líquido era superior a la normal, casi aceitoso."

Creo que a lo que te refieres es que es más viscoso de lo normal. Para que la sustancia permanezca en la superficie del mar ha de ser menos densa que el agua salada, sino iría a parar al fondo del mar.

   Muy bueno
08-08-2008 15:38
Yo paso a saludar :-D Ya te dije en su momento que le relato me apreció muy bueno. El caso es que no todos los relatos tienen porqué ser trepidantes y este mantiene el ritmo justo y necesario en cada momento.

Otra cosa es lo de los personajes, al principio puede extrañar, pero en ocasiones nos dejamos llevar demasiado por los estereotipos a la hora de definir el caracter y manera de hablar de tal o cual personaje. Salvando ciertos imponderables (como que un campesino de yucatan hablé con jerga de Madrid) lo que importa desde mi punto de vista es que sean coherentes a lo largo de toda la trama.

Hay que ver lo que me enrollo para saludar :-D

   Bastante bueno
20-06-2008 21:36
Me ha gustado bastante el relato. Lo mejor, las partes finales: El sub, la cinta, el ojo, la marea llegando a las costas... El sentimiento de terror, impotencia y duda que genera es excelente.

El relato se hace un poco lento, un poco largo, pero no de forma molesta. Quizás lo más que tendría que reclamar es que las frases, cuidadosamente elegidas, podrían pertenecer a un científico, pero no a uno borracho, y quizás tampoco a un capitán de barco que fume en pipa.

Tal vez cambiar el "la extraña sustancia que componía aquellas aguas" por un "la cosa esa" o "esa... substancia", y cosas así, le permitiría al lector meterse en la historia durante la charla preliminar.

En mi opinión, también le hubiera dado nombre al sueco, para darle más "realidad" a la historia de bar que narra el científico... Y definitivamente, no creo que un científico así hubiera esperado días hasta ver las cintas. Pero esos detalles no desmerecen la historia.

Felicidades, y espero leerte pronto de nuevo.

   RE: Bastante bueno
25-06-2008 09:05
Muchas gracias, compañero.

Siempre es un placer contar con tus opiniones. Realmente es cierto que la primera parte es la más floja, pero la necesitaba para introducir la segunda. Sin embargo, para cuando lo rehaga (siempre acabo rehaciendolos), trataré de poner más emotividad, cercanía en esa parte.

Sonrisas

   Un relato muy bueno
19-06-2008 16:17
Aunque, confieso, se me ha hecho un poco largo, poco intenso. Me ha gustado mucho la tensión durante el visionado de la cinta, y también -sobrecogedora- la imagen de la masa de algas con los cuerpos en descomposición enredados. Sublime.

Por el contrario, creo que hay mucho desarrollo para lo poco que me he implicado en los personajes. Creo que la atmósfera ya la tenías bien encauzada sin necesidad, por ejemplo, del prólogo y el epílogo del bar. Al menos, esa impresión he tenido.

En cualquier caso, muy buen relato. Un placer leerte.

   RE: Un relato muy bueno
19-06-2008 21:28
Gracias, calavera.

Estoy de acuerdo contigo en que la introducción se hace larga, pero quise meter dialogos para no hacerla tan descriptiva como es normal en mí. Lo que pasa es que no tengo la habilidad de un manheor para los dialogos :-(

En todo caso son las imagenes finales lo que más me sedujeron de la historia.

Ah, y mi monstruo es más grande que el de Pedro :-D



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