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♫♪This-is-love, waiting-for-two-souls, winandmiss, playingcheeeesssss...♫♪: “Crueldad Intolerable” One from The Cohens
Era una historia de amor, pero ellos no lo sabían. Era una historia de besos al atardecer, de azúcar y sal, de sonrisas y lágrimas, de... Bueno, creo que cogen la idea, ¿no? Era una historia, como todas las que merecen la pena, sobre el amor, en este caso, sobre el amor de un hombre por una mujer y viceversa.
Pero, ¡Ay el dinero; el dinero es injusto y cruel con los amantes! El dinero es una frontera, un abismo de $$, €€ y ££... El dinero, fue la sal de su historia; y su azúcar. Pero, dejémonos de rodeos. Como un buen amigo siempre me ha dicho: “¡¡Deja de calentarlo y bájate la bragueta!!”
Descubramos quién es él, el chico; deslicémonos como una mota invisible en el aire, flotando en las corrientes traicioneras de Los Ángeles, hogar de estrellas maquilladas y divorcios de quita y pon (los matrimonios son mero trámite) y descubramos, como decía, quién es Miles Massey, mejor aún ¿Qué es Miles Massey?
Si lo que miramos es su reflejo en un espejo, sonsonetes aparte, Miles Massey es un billete de un millón de dólares, una sonrisa deslumbrante y blanqueada, una mandíbula regia cincelada por un Miguel Ángel en un día especialmente inspirado, un soltero de oro, qué digo, de platino, del color de las bellas canas que contrastan con el moreno saludable de sus mejillas. Pero, ¡Alto, ahí, alto ahí! Recordemos cómo empezó este párrafo, empezó: “Si lo que miramos es su reflejo en un espejo...”
Porque si nuestros pies ascienden los mil peldaños de la torre del dragón, y, sigilosamente, penetramos en su morada y si, aún más sigilosamente, “requisamos” de su lecho de aljabas y fruslerías el espejo que coronó a Blanca Nieves, el reflejo de Miles Massey será bastante distinto del que un espejo de baño, de armario o de tocador pudiera devolvernos. Miles Massey pertenece a la raza más temible de este mundo (corrijo, la segunda más temible; nos percataremos de ello cuando conozcamos a la vampiresa, digo princesa de esta historia), una suerte de buitres de sonrisa fácil, falsedad aún más fácil y ricos trajes comprados en honor y champâgne de las desgracias ajenas: Miles Massey es abogado. Consejero matrimonial, si desean conocer su subespecie.
Pero ya es tiempo de dejar a nuestro chico y saludar a nuestra chica. Elevamos nuestra ingravidez en aras de mejor fortuna y, atravesando largas serpientes de asfalto flanquedas por las guedejas alargadas de las palmeras, aterrizamos, colándonos entre las alambicadas volutas de una bella verja de hierro forjado, en una casa, oh no, eso sería inexacto y demasiado modesto, en una “suntuosa”, casi sentimos el unto en la laringe al pronunciar la palabreja, mansión que esconde a la heroína de la historia, a nuestra diva, a Marilyn Rexroth. ¿Tótem? Buitre no, pantera ¿Profesión? Devora-hombres ¿Algún plato favorito en particular? Oh sí, ¡qué memoria la mía! Hombres millonarios. Aunque tampoco le hace ascos a los exitosos consejeros matrimoniales.
Bueno, ya tenemos a nuestra chica y a nuestro chico, sólo hace falta una cosa: el amor. Pero, puede cupido llegar al corazón de semejante arpía y semejante, con perdón de la palabra, cabrón. Sí, claro que sí. De hecho, si uno se llama Johel Cohen, o Ethan Cohen o, más fácil aún, si Cohen es su apellido, no hay mejor sarcasmo, no hay mejor broma espuria, mejor frivolidad camaleónica que atacar a Hollywood desde Hollywood. Por supuesto, les estoy hablando de “Crueldad Intolerable”, porque se han dicho muchas estupideces a tenor de la misma y creo que ya es hora de que alguien ponga las cosas en su sitio (se dan cuenta de lo patético que suena el narrador; en fin).
“Crueldad Intolerable” NO es una película complaciente con la industria, NO es el testamento cinematográfico del dúo genial (vean “No Country for Old Men”, si es que no me creen) y NO es su carta de rendición, su bandera blanca, su acomodaticia decisión de dejar que el cine siga su curso sin ellos. De hecho, “Crueldad intolerable”, SÍ es el reverso de todo lo anterior.
¿Han visto ustedes una película en la tradición de la clásica comedia norteamericana en la que los amantes estén dispuestos a contratar a un asesino para hacerse con el dinero de su media naranja? ¿Han visto ustedes un film en el que el primer plano, dedicado al supuesto galán de la cinta, sea un testimonio de la falsedad de la imagen —Un Clonney con los labios tensos y las encías salientes, yace frente a una luz ultravioleta que le blanquea la dentadura? ¿Han visto alguna vez un film que sea tan brutal, tan terriblemente irónico con los tópicos que sustentan este tipo de narraciones? Yo, desde luego, no lo he visto.
Lejos del ensayo festivo del caos controlado que supusieron “El gran Lebowski”, “Arizona Baby” o “El gran Salto” —aunque esta última se abría con una de las mejores críticas contra las cadenas del capitalismo que ha conocido el cine, el suicidio del exitoso empresario Waring Hudsucker, que da cuerda a su reloj mientras escucha su balance de beneficios y se prepara para el “gran salto” que da título a la película en nuestro país (por una vez el doblaje supera al original, un aséptico “The Hudsucker Proxy”—, “Crueldad Intolerable” es una película salvaje, destructiva y cínica hasta sus últimas consecuencias.
Como el amor imposible entre dos monstruos como Massey y Marilyn, Zeta-Jones y Clooney, el buitre y la pantera. Y luego dirán que el dinero no da la felicidad. No la da, la compra; o su sucedáneo más promiscuo.
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