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Burnout ha vuelto a Xbox 360 con las pilas cargadas.
Aunque pueda sorprender a los más escépticos, la saga Burnout lleva sin visitar nuestras tiendas casi dos años. Una cantidad de tiempo elevadísima ahora que estamos acostumbrados a la explotación de grandes sagas, y que viene a confirmar la seriedad de sus desarrolladores. Los chicos de Criterion Games lo dijeron hace un buen tiempo: no querían lanzar un juego cada año si esto implicaba quemar su franquicia y defraudar a los fans. Por ello, que se hayan tomado dos añitos para volver, nos da confianzas y aumenta todavía más nuestras ganas de comenzar a realizar takedowns en el nuevo Burnout. El juego, segunda entrega de la saga aparecida en Xbox 360 (cómo pasa el tiempo), pretende reinventar la franquicia añadiendo mil y una novedades. Sus creadores estaban cansados de lo mismo de siempre, y aprovechando el potencial de la nueva generación querían hacer cosas nuevas e innovadoras. Mucho, ciertamente, no han innovado, pero han reutilizado el concepto de ciudad abierta para convertir “Burnout Paradise” en un lujo que merece la pena disfrutar bocado a bocado.
Jugabilidad
Ya no seguimos un recorrido lineal prueba tras prueba derrotando rivales. Eso se ha acabado (aunque no quiere decir que fuera aburrido, ni mucho menos). Ahora Burnout se desarrolla en una completa ciudad abierta: Paradise City, que en lugar de estar repleta de peatones, se encuentra dominada por los coches y el tráfico. Nosotros somos un piloto novato que hemos llegado a ella (vamos, unos pringados, como siempre en todos los inicios) y que aspiramos a hacernos un hueco entre la élite. Para ello se nos da un carné de conductor, de la más baja calidad, y un primer vehículo. No se trata de un coche lento ni delicado, nada de eso, pero teniendo en cuenta que a lo largo del juego podremos conseguir más de 70 máquinas, ¿por qué quedarnos con él?.
Una vez nos han dado el coche debemos ponernos en situación. Estamos al frente del volante de un coche casi destrozado, tenemos un mapa, y mucha ilusión. Lo primero que haremos será buscar un taller de reparación, donde nos arreglarán el vehículo por toda la cara. A continuación seremos libres de hacer lo que nos venga en gana. La ciudad es nuestra. Podemos dedicarnos a recorrerla de arriba abajo, conduciendo por sus calles, pasando por el muelle, o arriesgándonos en las curvas de la montaña. Si estamos cansados del paseo, deberemos saber que en multitud de ocasiones en pantalla aparecerá un indicador de prueba. Éste nos dirá el reto que en ese lugar existe. Si pulsamos los botones LT y RT accederemos a participar en la prueba. Hay de todo tipo: Carreras, Furia al Volante, Caza y Captura, Prueba de Trucos, o Ruta al Rojo Vivo. Salvo éste último reto, el resto podemos llevarlos a cabo con cualquier coche (cada ruta se ha diseñado para un vehículo). Una vez aceptemos participar en la prueba ésta comenzará tras una breve explicación. Tanto si conseguimos ganar como si perdemos, el lugar donde hayamos terminado será el sitio desde el que continuaremos conduciendo. Esto quiere decir que no habrá ocasión ni de reiniciar la prueba a la mitad ni de repetirla al instante. Si queremos repetirla porque nos hemos picado habrá que volver al lugar desde el cual la aceptamos. Como no es algo fácil, lo mejor será seguir conduciendo hasta encontrar otro reto. Ésta dinámica aporta mucho realismo y vidilla al sistema, que se aleja de la repetición excesiva y entretiene de manera más profunda a la habitual.
Si ganamos una de las citadas pruebas la victoria se sumará a nuestro carné. Llegado a cierto número de victorias conseguiremos un carné de mayor calidad y algún nuevo vehículo se sumará a nuestro garaje. Pero no será la única forma de conseguirlos. En ocasiones el juego nos avisa sobre la llegada de algún piloto como nosotros a Paradise. Si a partir de ahí le encontramos y derribamos, su coche será nuestro. A todo esto hay que sumar otros dos incentivos que aportan aire fresco a la jugabilidad. Uno de ellos son las leyes de la calle. En ciertos momentos las señales de las calles brillarán y nos indicarán que algún corredor ha dejado su huella en esa calle. Nosotros podremos aceptar el reto e intentar superar el record del otro conductor. Puede ser un record de velocidad o de espectáculo. En éste último caso lo importante es realizar acrobacias y ganar puntos haciendo locuras con nuestro coche (divertido a rabiar).
Dada la gran cantidad de vehículos implementados, Criterion Games pensó que lo mejor sería darles alguna característica con la que se diferenciaran en grupos. Así, están englobados en tres tipos distintos: acrobacias, ataque, y velocidad. Los coches de acrobacias son ligeros y nos permiten hacer el cabra como si fuéramos auténticos acróbatas de circo. Por su parte, los vehículos de ataque son más fuertes y robustos, pero cuentan con el hándicap de perder la barra de turbo si reciben un takedown. En último lugar, los coches de velocidad tienen la habilidad de realizar superturbos y encadenar burnouts, pero la cadena sólo puede comenzar al llenar por completo el tubo de turbo.
En cuanto al juego en sí, los controles siguen siendo tan efectivos como siempre. Hasta el jugador más negado en los títulos de conducción podrá alcanzar grandes velocidades y saltar por rampas con su coche. Las distintas pruebas que encontraremos irán aumentando de dificultad, pero una vez nos hemos hecho a su mecánica no tardaremos en obtener victorias rápidas. Lo más complicado será memorizar el mapa de la ciudad y reconocer los atajos y calles principales. Algo imprescindible, dado que en carrera sólo contamos con un pequeño mapa, y en el 99% de las ocasiones resulta insuficiente. Al principio no será raro perder más de una vez por tomar un camino equivocado, o por chocarnos mientras estamos mirando a la esquina donde se encuentra el mapa. Siempre podemos pausar el juego entrando al mapa grande, pero será una operación demasiado pesada de la cual pocos echarán mano. Por suerte, eso sí, una pequeña flecha indicadora nos marca el lugar al cual debemos dirigirnos, por lo que no estaremos perdidos completamente.
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