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Una divertida serie sitcom de obligado visionamiento. Aunque el título parece otra cosa, ¿eh?
Empecemos por lo obvio y más comentado por la gente: sí, se la está incluso comparando con Friends, pero no os dejéis llevar por la emoción, nada más lejos. Friends es y será una serie antológica y muy difícil de superar. Se la compara por el hecho mismo de que tiene algunos elementos en común como son los siguientes: ambas series se desarrollan en Nueva York, ambas series cuentan las historias de un grupo de amigos, se desarrollan la mayor parte del tiempo en un bar o en un piso, tienen una niña buena… muy buena… Rachel en Friends, y Robin en CCAVM (amores platónicos, lo reconozco), tienen un personaje disparatado y único donde los haya, Joey en Friends y Barney en CCAVM, y son series sitcom (siglas abreviadas del género televisivo nacido en EEUU llamado comedia de situación).
Con los pocos datos que os he dado hasta el momento, os explicaré ahora el porqué de semejante título. El primer capítulo de la serie comienza con la voz del protagonista Ted, en el año 2030, obligando a sus hijos a que escuchen la historia de cómo conoció a su madre, y para eso ni más ni menos que se remonta hasta el año 2005, año en el que comenzó todo. Y claro está, para contar semejante historia, hay muchos elementos participantes, y muchas otras aventuras que relatar, sin las cuales nuestro protagonista no podría avanzar, y teóricamente hechos posteriores no tendrían sentido si no lo hiciera así.
Toda la serie lógicamente está contada desde la óptica de Ted, y como él es quien lo cuenta, unas veces hace sus pausas aclaratorias, y las partes que no vio él personalmente las cuenta por boca de otro, tal y como se lo contaron a él. Esta manera de seguir el guión da bastante juego, y hace que la serie gane puntos en originalidad y, por qué no decirlo, en frescura.
A todos nos gusta reír, es parte de eso que llamamos felicidad. Cuando he visto esta serie me he reído un montón, y he disfrutado cada capítulo. Alguna vez incluso me he sentido identificado, y la otra gran mayoría de las veces, qué narices, incluso los he envidiado, ¡lo admito! Me encantaría que al menos algún que otro día de mi vida fuera un capítulo de la serie. Fijo que entonces la palabra aburrimiento no entraría jamás en mi vocabulario. De todo siempre se puede sacar un lado positivo e incluso aprender, y una serie que habla sobre la vida (nada de trabajo), cómo disfrutarla, cómo sacarle partido incluso a las cosas más insignificantes, tener esperanza, sueños, y la creencia de que vivir realmente, aunque muchas veces no lo parezca, es lo mejor de la vida, para mí es un tema del cual creo estar a años luz de aborrecer.
Una vez una profesora de historia me hizo la siguiente pregunta: ¿de qué sirve conocer nuestro pasado? Tras breves segundos contesté: “conociendo nuestro pasado podemos entender mejor nuestro presente y futuro”. Acto seguido la profesora me dio la razón, y extendió dicha respuesta durante toda la hora de clase, matizando, concretando y a la vez divagando por toda la historia del mundo contemporáneo. Pero en cada una de nuestras vidas no hay que irse tan lejos, tan solo pensar por un segundo dónde os imaginabais cada uno de vosotros cuando teníais quince años y dónde estáis ahora, la vida da muchas vueltas, el destino es impredecible, pero lo que sí está claro es que cada una de las decisiones que tomamos hacen que vayamos por un camino u otro de la vida, al igual que las personas con las que nos vamos topando a lo largo de nuestras vidas, lo creamos o no, muchas de ellas influyen en mayor o menor medida en nuestro porvenir. La serie es un claro ejemplo de esto mismo que estoy tratando de explicar, ¿Dónde estaremos en el año 2030? ¿Estaremos casados y con hijos, o solteros y enteros? ¿Nos habremos trasladado de ciudad? Son muchas las preguntas y muchas las respuestas que hacen que la serie y nuestras propias vidas puedan tomar cualquier rumbo totalmente impredecible.
Amigos, fiestas, cabreos, chicos, amores, desamores, idas de olla, locuras, aventuras, juegos, recuerdos, anécdotas, pasatiempos, burlas, momentos embarazosos, duros, emotivos… solamente me hace falta decir “marihuana, ¡Tijuana!” (como el anuncio de televisión del país). La serie cuenta cada capítulo un trozo de historia; no es un relato de hazañas impresionantes, pero en cierto modo, cada una de esas historias para sus protagonistas son “legendarias”, y si fueran realmente ciertas, seguro durarían en el recuerdo de cada uno de ellos para siempre.
Si alguna vez os habéis enganchado a alguna serie, u os ha gustado una película tantísimo que cada vez que la habéis visto de nuevo por la tele siempre la volvéis a ver con gran placer porque nunca os resulta pesada, pero sí entretenida y amable de ser vista nuevamente, con esta serie creo que tendréis el mismo efecto, si tan siquiera os gustase la mitad de lo que me ha gustado a mí.
La más que segura probable razón de que esta serie no os suene a la gran mayoría de vosotros es porque la cogió la sexta, la cambió de horario ni se sabe la de veces, y no le dio ni la mitad de publicidad que le dieron a otras series como Prison Break. El horario más extendido y al que nos tienen acostumbrados para ver dichas series es al mediodía, justo a la hora de comer (Cosas de Casa, Friends, El príncipe de Bel-Air, Alf, etc.), o en todo caso por la noche a partir de las 21:30 horas, y no a las 17:00 horas de la tarde, que es como empezó esta serie. Ojalá otras cadenas, con algo más de carrera en esto de la televisión como Antena 3, decidiera arriesgar un poquito y quitar por ejemplo los ya hipermanidos y ultrarepetidos capítulos de Los Simpsons y poner otra cosa. Los cambios no tienen porqué ser negativos, al contrario: muchas veces son necesarios e incluso de obligado cumplimiento si se quiere avanzar…
Para los valientes y personas pacientes capaces de haber llegado hasta aquí, mi enhorabuena. Pero antes de terminar mi artículo propagandista quiero mencionaros y recalcaros otros de los puntos adictivos de la serie: Barney es el crack por antonomasia, y, gracias a él, más de uno seguro que utilizará métodos como “la ley limón” o la frase “¿conoces a Ted?” en la vida real, entre otras muchas cosas; tiene un graaaaan repertorio. Por otro lado, el hecho de que la serie siga avanzando, y cada vez más mejorándose a sí misma, indica una progresión constante que no os defraudará en ningún capítulo. De cualquier forma, ni todas las palabras del mundo os convencerán mejor que viendo un capítulo de la serie. Yo ya soy un fan incondicional de ella, y mucho me temo que seguiré viéndola: ¡necesito saber quién es la madre!
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