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Probamos MX vs. ATV Untamed en su versión de PS2.
Como ocurre con cada consola, dos son los géneros que acompañan sus últimos instantes de vida útil, sabedoras las compañías de ser valores seguros. El más obvio es el infantil, aprovechando el pobre criterio de los niños de corta edad y de los progenitores responsables de su adquisición. El otro, más popular a partir de cierta edad es el género deportivo, que no puede obviarse en las consolas con mayor implantación, por mucho que esté cercana su jubilación. Este “MX vs. ATV: Untamed” responde a ésta política, aunque sorprende mucho la dedicación prestada a un título que parecía abocado a rellenar hueco.
Jugabilidad
Lo más destacable de este proyecto es su magnitud, pues hace gala de una ambición pocas veces vista en un juego de estas características, por lo general destinados a ser producciones genéricas en el catálogo de las máquinas. Sin embargo, aquí nos encontramos frente a un simulador para el que se están programando versiones específicas para PS3 y Xbox 360, otras para portátiles y la consabida pareja en Wii y PS2. Circunstancia que, a buen seguro enfurecerá a los usuarios de la consola de Nintendo, pero que congratulará a los que aún depositan su confianza en la máquina de Sony, comprobando la paradoja de que la consola que ha reinado durante estas últimas navidades es la que está garantizando la supervivencia del catálogo de PS2.
Dentro de ésta personalización de cada versión, destacan las diferencias de la que nos atañe con las de Xbox 360 y PS3. No sólo porque se hayan creado motores gráficos específicos para cada máquina, sino porque se ha optado por implementar una jugabilidad distinta en cada una de ellas, dando como resultado varias versiones complementarias entre si, propiciando que cada mando ofrezca una experiencia de juego distinta.
El cambio más notable en la versión de PS2 respecto a su hermanas mayores es la ausencia de los todoterrenos y los bugies, centrándose el repertorio de vehículos a nuestra disposición en las motos de 250 y 450 cc, además de los quads ATV y con el extra de los Trophy Trucks y los sand rails. Una decisión cuestionable por restar opciones, pero que por otra parte posibilita concentrar todos los esfuerzos de la programación en los verdaderas protagonistas del juego, en lugar de restar recursos invertidos en aspectos secundarios que parecen destinados a ser simple relleno. Con estos mimbres se podrá participar en seis tipos de competición: Supercross, Nacionales, Opencross, Supermoto, Freestyle, y Rally. Modos más que suficientes para asegurar una larga vida al juego y sobre todo con una personalidad propia bien desarrollada para que el amplio repertorio de maniobras a disposición de los pilotos deba adecuarse a las características del terreno y de la competición. También ha experimentado sustanciosos cambios el apartado de los minijuegos, que si en las consolas next gen se enfocaba a través de un punto de vista más lúdico (graffiti, hockey, etc...), en esta versión se opta por actividades más propias de la competición profesional.
Es imposible obviar el estupendo control que se ha implantado. No sólo gracias a la extrema sencillez de los comandos y lo intuitivo de su elección, sino también porque han sido trasladados al dual shock con una precisión encomiable. Pocas veces se ha logrado sacar tanto provecho de las propiedades analógicas del Dual Shock. Naturalmente, esta precisión tiene sus posteriores implicaciones en la propia jugabilidad del juego, siendo un título muy exigente en este sentido, obligando al jugador a presionar en el momento y correcto y con la intensidad justa, obligando en muchas ocasiones a seguir una mecánica de ensayo y error.
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