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La potencia sin control no sirve de nada, y sin estilo, tampoco.
Recordamos cómo para el lanzamiento de Xbox 360 Microsoft quiso que cada uno de los juegos del line-up de la consola fuera representativo de la next-gen en su género. Unos lo consiguieron y otros, regular (véase “Perfect Dark”). En el caso de los primeros “Project Gotham Racing 3” de Bizarre Creations era el encargado en lo referente a la conducción. Nada sorprendente visto los resultados cosechados por la licencia desde que Microsoft se hizo con ella cuando daba que hablar en el catálogo de Dreamcast con “Metropolis Street Racer”. La aceptación fue enorme y la futura secuela más que evidente, sobre todo por el mejor dominio en el desarrollo para la consola que llegaría con el tiempo.
Y ya tenemos aquí la segunda entrega PGR para Xbox 360, la última desarrollada por Bizarre Creations tras su adquisición a golpe de talonario por parte de Activision. El balance es inmejorable e independientemente de quién se haga con la marca a partir de ahora, el trabajo tiene un brillo más que justificado.
Jugabilidad
Después de tantas entregas no era de esperar que en esta cuarta parte se planteara una revolución en el juego, sino una evolución lógica. El sistema de kudos vuelve a ser el pilar sobre el que afortunadamente se sustenta todo. Decimos afortunadamente porque es curioso cómo un elemento tan básico como este puede hacer de cualquier ignorante en el género de motor, un adicto al juego. Si aún no sabes qué demonios son los kudos, ¡ya te vale majo, es la última vez que lo repetimos! Los Kudos son un sistema de puntuación que premia nuestros resultados en carrera y también nuestra actuación (de ahí, la importancia del ‘estilo’ en PGR4). Así que tan bueno puede ser liarte a derrapes y piruetas impresionantes como llegar primeros a la línea de meta. En cualquier caso, los kudos son acumulativos y nuestra cuenta crecerá más rápido de lo que imaginábamos. Esta vez son la única moneda del juego así que con ellos podremos invertir en nuevos vehículos y prestaciones dentro de la clásica tienda. El lado negativo es que posiblemente son más sencillos de conseguir que antes, en perjuicio de los más profesionales del volante.
Una vez sabemos que el objetivo es engrosar nuestra cuenta personal de kudos, empieza el baile por los múltiples modos de juego, que nos recompensarán continuamente. La primera parada es el modo Máquina Recreativa (amigo localizador, te has lucido). Como te puedes imaginar, no hay demasiadas sorpresas en su interior sino un montón de pruebas que se van encadenando en función de nuestro progreso, con una curva de dificultad más que ajustada. A las pocas partidas en este modo veremos cómo la presencia de las motos entre el abanico de vehículos ha traído no sólo un nuevo tipo de conducción sino una poderosa arma para ganar carreras. Y es que las motos son, desde el principio de la partida, tremendamente superiores al resto de vehículos. De hecho, te sorprenderás a ti mismo utilizando la primera moto disponible aún después de desbloquear otros vehículos teóricamente superiores. Esto es así, pero lo bueno es que con el tiempo la cosa cambiará, especialmente con la llegada de las malas condiciones climatológicas, en las que las motos se resienten notablemente y han de modificar su trazada para no acabar en el suelo. Contrarreloj, pruebas de habilidad, carreras, etc. El Modo Arcade conjuga un montón de posibilidades a medida que conseguimos medallas y desbloqueamos nuevas competiciones.
Así que una vez destripado, te propones dar el salto al modo Carrera Gotham y descubres que básicamente es lo mismo pero acompañado por un calendario de competiciones y eventos especiales con invitación que le dan un toque más profesional al asunto. No importa en qué modo sea chico, tú a lo tuyo, a los Kudos. Junto a ellos, están las clásicas opciones de carrera personalizada o time attack. En lo que a garaje se refiere, hay títulos con más cantidad de coches y motos, pero lo cierto es que está perfectamente ajustado, con presencia de grandes marcas (algún modelo se echa de menos) y mucha variedad. En definitiva, las licencias no son la marca de la casa, pero cuando te pones al mando del Ferrari se te quitan todos los males. En total son siete categorías de vehículos con fabricantes como Aston Martin, Chevrolet, Lamborghini, Maserati, Honda, Suzuki, Dodge, Mazda, RUF, DUcati o BMW.
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