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Luz roja, luz verde… ¡Salta sobre el enemigo!.
Decir Medal of Honor es evocar horas y horas de acción combatiendo en la Segunda Guerra Mundial. Ya sea desembarcando en Normandía, pilotando un avión en el Pacífico o, como en éste caso, saltando sobre nuestros enemigos desde un aeroplano. En este sentido, "Medal of Honor Airborne" viene a cubrir una parte del conflicto bélico más famoso de la historia que hasta ahora había pasado totalmente desapercibida para los desarrolladores: las unidades de paracaidistas y sus importantes gestas en el transcurso de la guerra. Más allá de suponer un leve toque de originalidad, el formar parte de un pelotón de paracaidistas viene a cambiar completamente el concepto de estrategia que hasta ahora se tenía en un shooter, dándonos una libertad de elección pocas veces vista en un título de éstas características.
Si aún sigues con ganas de acribillar nazis y tienes ganas de hacer turismo por Europa de una manera diferente, coge tu casco, abróchate bien el paracaídas y no mires abajo, sencillamente ¡salta!.
Jugabilidad
La principal novedad es, cómo no, que formamos parte de una unidad de paracaidistas que tienen que demostrar su valía en el campo de batalla. De esta manera, al comienzo de cada misión saltaremos de una manera más o menos precipitada sobre el terreno de combate, pudiendo elegir (si somos lo suficientemente hábiles) el lugar exacto en el que queremos comenzar la misión. Para facilitar un poco la situación, previamente al salto hemos recibido una serie de instrucciones y se nos han revelado los “puntos seguros” que luego veremos marcados con bengalas mientras descendemos vertiginosamente. En principio, es muy tentador saltar por detrás de las defensas enemigas y comenzar el ataque por la retaguardia, el problema es que tus chicos no lo ven así y ellos siempre van a optar por la solución fácil, que es aterrizar en los lugares indicados por el alto mando. Por lo tanto, si decidimos ser unos héroes, lo vamos a tener realmente crudo para avanzar nosotros solitos por un camino que no haya sido delimitado antes por el propio juego, por lo que la sensación de libertad tan inmensa que a priori nos estimulaba, pronto se disuelve y casi se nos obliga a seguir los patrones ya establecidos. Por cierto, caigamos como caigamos nuestro personaje siempre va a salir bien parado, es decir, no cabe la posibilidad de matarnos accidentalmente por caer sobre un tejado o algo por estilo (tan sólo se nos puntúa en la forma de tomar tierra).
Bien, ya hemos aterrizado (con más o menos contusiones). Es hora de cumplir nuestra misión. A partir de aquí la resolución de la acción va a ser muy similar a la de cualquier juego de acción basado en la gran guerra: invasión de un pueblo, eliminación de una artillería… La originalidad en este caso, viene dada por el diseño de mapas, ya que aprovechan muy bien la estrategia del salto a la par que intentan alejarse un poco de las típicas colinas o pueblos que ya visitáramos en otras ocasiones. Omitiendo los escenarios, nos vamos a encontrar con una serie de objetivos que, en su mayoría, se pueden ir consiguiendo de la forma que nosotros precisemos más acertada. Así pues, si pensamos que es mejor tomar primero el cuartel general enemigo situado en el ayuntamiento antes de pasar a eliminar los reductos del exterior del pueblo, podemos hacerlo, siempre y cuando tengamos clara nuestra estrategia, y es que en demasiadas ocasiones tenemos una sensación de caos tan desbordante que la tentación de tirar granadas a diestro y siniestro es muy grande.
En lo que se refiere a la IA, se han hecho pequeños progresos con respecto a títulos anteriores y ahora las unidades enemigas “aprovechan” un poco más su privilegiada situación en la torre de un campanario o parapetados tras un muro. De igual modo, nosotros deberemos también estar muy al tanto de los posibles flancos por los que nos puedan sorprender los enemigos y aprovechar los recovecos y demás emplazamientos seguros para atacar. En "Medal of Honor Airborne", luchar a pecho descubierto y sin tener en cuenta a nuestros compañeros y su situación en el mapa es poco menos que un suicidio. No es sólo que el enemigo se encuentre mejor situado que nosotros, sino que su número es muchísimo mayor que el nuestro, y a poco que quedemos descubiertos alguien terminará por introducirnos una bala en un lugar poco deseado.
De modo un poco anecdótico tal vez, se ha incluido un sistema de experiencia en armas que viene a dar un toque de mayor profundidad y estrategia a la hora del combate. Al comienzo de cada misión, se nos ofrecen una serie de armas que podemos escoger (nada fuera de lo usual), y aunque su número es reducido, cada una de ellas tiene una función concreta: en distancias cortas, francotiradora… La gracia está en que cuanto más y mejor utilicemos estas armas, nuestro nivel de habilidad con ellas irá mejorando, pudiendo posteriormente utilizar mejoras específicas para cada una. El inconveniente fundamental de este sistema es que apenas afecta a la hora de jugar, por lo que la habilidad del jugador seguirá contando en un 90% para terminar con el rival. No obstante, la idea es buena y aporta mayor profundidad, por lo que es bien recibida.
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