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Primera de una serie de odas que voy a ir compartiendo con vosotros
La lengua vituperina
marca el ritmo
de los lazos, más fuertes
y más rojos que la sangre.
Hoy, cierta inquina
se traslada
y no se queda quieta,
serpentea bífidamente
y eyacula veneno,
y se tornan grises nuestras caras
y nuestras manos se atornillan,
oxidadas, grasientas, mugrientas,
y no avanzamos nunca más.
Me acuerdo, igual que todos,
del ayer lejano, con olor
a rosas frescas y a jazmín
de hermanos.
Inocentes éramos,
como inocentes,
las risas,
de caramelo y pica-pica,
y algún que otro humo.
Mas no inocentes de ser adultos,
“Déjalos, son críos”.
NO. Con la ley,
escopeta en mano,
urdimos, entretejimos los hilos
de la muerte.
Pequeños cabecillas,
la magia aparecía
y del microcosmos se valían.
No puedo expresarlo con una palabra,
ni con dos,
ni con tres,
ni puedo perdonarme ni perdonarnos
los frutos de la desdicha.
No creo en ti.
Solamente atisbo
posibilidades de acercamiento,
débiles y , quizá pronto, mezquinas.
Un apretón de manos
o tres palmadas en las espalda
no son suficientes
ni valientes.
Si te quedas un rato,
te cuento la esencia
de lo que querría que rimara
en estos sintagmas vacíos,
en tristes morfemas y sonidos.
Aquí y ahora,
no me queda más tinta
y se me nubla la vista
cuando pienso en tu insultante falsía.
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Me ha gustado |
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16-12-2007 22:41 |
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Comentar poesía se me hace dificil, no me considero ni mucho menos un experto. Sólo puedo decir que me ha gustado, en especil el fragmento que ya ha señalado Darthz.
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Cerramos los ojos... y ahí estamos |
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29-11-2007 13:07 |
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Creo que el paso del tiempo es algo que para nadie, y menos para un artista, pasa desapercibido o en balde, o no transfigura su obra...
Hoy, cierta inquina
se traslada
y no se queda quieta,
serpentea bífidamente
y eyacula veneno,
y se tornan grises nuestras caras
y nuestras manos se atornillan,
oxidadas, grasientas, mugrientas,
y no avanzamos nunca más.
Cómo nos envenenamos y nos anquilosamos al monótono ritmo de la vida que nos convierte en, sencillamente, un ser humano. Un adulto...
Me gusta el recuerdo de la infancia, y me ha trasladado hasta allí; esta oda hacia lo que la mayoría algún día perdimos (aunque no enteramente, gracias a la Gracia) y ya sólo encontramos en el recuerdo, en el recuerdo feliz, en la melancolía, en algunos objetos, en miradas de tiempos remotos...
Gracias; una poesía muy bella y sentida; desesperanzada y desesperante, a veces.
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