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Simon Belmont vuelve a combatir contra Dracula.
Poco tardó nuestra querida Super Nintendo en contar con una entrega de una de las sagas más emblemáticas y antiguas de Konami: "Castlevania". Como era de esperar, éste juegazo se convirtió en uno de los títulos estrella que apareció con el lanzamiento de la consola en nuestro país, convertido ahora en todo un clásico conocido y jugado por todo aquel que se precie. Aunque el juego se nos presentó fuera de Japón como la cuarta parte de la serie, continuación del último de NES, la verdad es que es un remake del primer episodio (según su edición japonesa).
¿Y de qué trata el juego? Básicamente de lo que todos los Castlevania: Drácula se despierta cada cien años de su tumba para hacer de las suyas, pero ésta vez alguno de sus fieles se lo ha montado para devolverle a la vida antes de lo previsto. Así pues, al pobre Simon le toca verse las caras con el rey de las tinieblas y a nosotros hacer que triunfe, cosa que no resultará nada fácil.
Jugabilidad
Uno de los grandes avances del juego respecto a los anteriores capítulos fue el control y el movimiento del protagonista. Si bien los Castlevania siempre destacaron por su genial y sencillo control (un botón para saltar y otro para golpear con el látigo), en éste título se añadió la posibilidad de controlar la dirección en la que lanzábamos el látigo, facilitando así el destruir enemigos voladores o situados en un nivel más alto o bajo. También, si tras lanzar el látigo, dejábamos el botón de ataque presionado, podíamos moverlo en cualquier dirección o incluso darle vueltas en círculo. Vaya, que teníamos total y absoluto control sobre el arma más noble de los cazavampiros.
El látigo o vampire-killer (¿no os pensaríais que era un látigo normal?) era de nuevo el arma que empuñaríamos durante todo el juego, siendo en un inicio de piel y convirtiéndose en una dura cadena tras coger un par de power-ups. Las armas arrojadizas (hachas, cuchillos, cruces, etc.) volvían a estar presentes, cómo no, aunque ésta vez no las arrojaríamos pulsando arriba + el botón de ataque (así se lanzaba el látigo hacia arriba), sino que se reservó un botón específicamente para ello.
Como es costumbre en la saga, "Super Castlevania IV" era bien difícil, y aunque el mejor control facilitaba la neutralización de algunos enemigos, también daba pie a nuevas y dificultosas situaciones (como el estar balanceándose sobre un suelo lleno de pinchos). Así, os podemos asegurar que el que se quiera pasar éste juego le tiene que echar horas y horas y mucha paciencia, pues, si gracias a los passwords, al principio puede resultar sencillo, las últimas pantallas son un verdadero infierno, algunas de las cuales tan sólo cuentan con enemigos finales uno detrás de otro.
Gráficos
Éste Castlevania también supuso toda una revolución gráfica dentro de la saga, ya que sus antecesores habían sido programados para las 2 ocho bits de Nintendo (exceptuando otras versiones, como la poco popular entrega de recreativa). Ahora Simon ya no estaba formado por unos cuantos píxels de dos colores, sino que se podía distinguir perfectamente cada parte de su cuerpo, que también ganó notablemente en tamaño. En cuanto a los enemigos, tres cuartos de lo mismo: ahora los esqueletos ya parecían un tanto más tétricos, y los enemigos de final de pantalla eran mucho más grandes y imponentes.
Respecto a los escenarios, seguían manteniendo la estética Castlevania, si bien todos ellos estaban muchísimo más detallados y definidos. Aprovechando las capacidades de la SNES, en algunos escenarios se hizo uso del genial modo 7, dando pie a espectaculares situaciones, como el decorado rotando sobre sí mismo mientras nosotros colgábamos del centro o el fondo girando sobre nosotros mientras avanzamos (echarle un vistazo a los pantallazos). Una auténtica delicia.
Música & Sonido
Uno de los aspectos más trabajados de la saga, sin duda, es la música, y si ya se nos caía la baba con las composiciones que oíamos a través de los chips de sonido de las 8 bits, imaginaos lo que fue la llegada de este título con el genial chip de sonido que llevaba la SNES. Sólo en el prólogo y la canción de la primera pantalla, ya disfrutábamos de dos temazos que más tarde se reversionarían en futuras secuelas. En las primeras pantallas del juego, encontrábamos todo temas nuevos, a cada cual mejor, pero a medida que avanzábamos y se complicaban las cosas, aparecían temas tan míticos como “Bloody Tears” o “Vampire Killer”, que versionados en la SNES, sonaban como nunca.
Los efectos de sonido también mejoraron con la nueva tecnología y ahora el látigo sonaba más a lo que era. Gracias a la memoria del cartucho se incluyeron muchos más samples y por tanto el juego cuenta con muchos más efectos de sonido y de mayor calidad que sus antecesores. Lógico.
Conclusión
Éste fue sin duda uno de los mejores capítulos de la saga, no sólo por sus innovadoras características técnicas, sino también por su originalidad, música y sus enormes novedades. El mejor episodio visto en Super Nintendo, que a pesar de llegar muy temprano, está muy por encima de la mediocre conversión de Drácula X que apareció unos años después para ésta máquina. Un juego que todos deberían tener, o por lo menos, haber jugado en alguna ocasión.
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