| El lado oscuro de la poesía |
20-07-2007 14:58
Por: Darthz
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Acercándonos a la poesía maldita...
Siempre me ha sorprendido la asociación común y generalizada de poesía y gente débil, o peor aún, poesía y gente buena, bondadosa y correcta. No es éste el proceso que nace con el fin de ser comprendidos, sino con la tarea de promover la incomprensión y hacerla bella y que otro pueda encontrarle un sentido a ésta; pero a menudo se confunden los términos y se piensa que poesía es una unión de rimas y palabras forzadas, y otras que es menester de románticos sentimentales. La historia y las gentes nos demuestran que cualquiera de estas asociaciones son verdaderamente falsas y que el poeta simplemente se ha dedicado a describir lo que el mundo le ha puesto ante sus ojos: su vida.
Por suerte o por desgracia el mundo ha dado luz a autores que se han consagrado en las cumbres más altas de la fama literaria, pero en sus vidas no fueron precisamente hombres ejemplares, ni siquiera a veces hombres buenos. Hombres a los que la vida le pegó cien mil patadas para luego hundirles la cabeza bajo la tierra una y otra vez, haciendo de ellos personas desgraciadas pero con una sensibilidad brillante para describirlo todo. A la obra de estos artistas se le suele llamar poesía maldita, y es comprensible si nos embarcamos en la búsqueda de la vida que todos ellos llevaron y el reflejo que quedó grabado en cada de uno de sus versos.
Charles Baudelaire nace en París en el año 1821. En su juventud ya empieza a llevar una vida despreocupada y a rozar los ambientes bohemios, e incluso a adentrarse en el envenenado mundo de las drogas, teniendo grandes disputas en su propia familia. Frecuenta prostíbulos y contrae la sífilis. A pesar de todo esto se convierte en un artista consagrado y su obra llegará a ser la más influyente de todo el siglo XIX. Ya escribiría en una carta emotiva y apasionante a su madre en sus años más pesarosos: “Mi situación literaria es mejor que buena. Podría hacer lo que quisiera. Me publicarán todo. Como tengo una clase de talento impopular, ganaré poco dinero, pero dejaré tras de mí una gran fama, lo sé, —siempre que tenga el valor de vivir”. En 1857 publica su obra más emblemática (Flores del mal), la cual recomiendo encarecidamente, haciendo crecer esa polémica violenta que rodeaba su persona. Creó una poesía innovadora y que rompía con los cimientos de una sociedad, creando un decadentismo en el que había una belleza amarga, eterna e imperecedera. Su poesía fue considerada como «ofensas a la moral pública y las buenas costumbres», llegando incluso a prohibirse varias de sus publicaciones, aunque finalmente vieron la luz. En el madrigal triste pondría voz a una melodía tremendamente sincera y vanidosa: “¿Qué importa tu discreción? / ¡Sé triste y bella! Las lágrimas / ponen encanto en el rostro / como en el paisaje el río; / la lluvia aviva a las flores.”
Todas estas circunstancias y desgraciadas vidas fueron plasmadas en papel mediante ingeniosas mentes, por ejemplo, a través del niño prodigio y estudiante superdotado Arthur Rimbaud. Se dice que con quince años ya era toda una sombra de los grandes en el ámbito literario, ganando concursos y escribiendo brillantísimos textos en latín. Un profesor suyo hablaba de él así: «Nada banal germina dentro de esta cabeza: será un genio del Mal o un genio del Bien». Es muy probable que fuese violado y acosado sexualmente por una panda de borrachos, dejando esto una huella imborrable en su forma de ver el mundo y también en su poesía, como ya describiría en su poema “El corazón torturado”. Con todas estas tristes anécdotas y actos sucios es comprensible que todo ese odio fuese reflejado en una poesía con un fondo bastante perverso.
Rimbaud conocería a Paul Verlaine en París, el cual lo invitó después de leer su obra Le bateau ivre (El barco ebrio), la que lo dejó impresionado. No tardaron mucho en enlazar vínculos y estrechar una relación, y Verlaine acabó mudándose a la casa de éste. Este poeta era bisexual y no tardó mucho tiempo en conquistar el corazón de ese otro poeta, llevando así los dos una vida al borde de la sociedad, consumiendo drogas y teniendo una existencia totalmente despreocupada. Fue una relación homosexual llena de tempestad y delirio, lo cual los llevó finalmente por derroteros casi inexplicables; los dos habían escandalizado a la elite parisina, la cual se mostraba indignada sobre todo por el compartimiento de ese enfant terrible que era Rimbaud. Verlaine se marchó junto a su amante dejando a esposa e hijo pequeño, a los cuales se dice que solía maltratar brutalmente cuando se emborrachaba. Más tarde tendría la pareja una pelea en la estación de trenes de Bruselas, especialmente violenta, en la cual Verlaine acaba disparando en la muñeca a Rimbaud; aunque finalmente este último retire la denuncia, Verlaine ha de acabar, por disposición inapelable del juez, dos años en la cárcel. Durante este periodo Rimbaud escribió una de sus obras en prosa más conocidas y admiradas: Une Saison en Enfer (Una temporada en el infierno).
Un autor muy representativo y con características muy similares a las ya nombradas, fue el inglés Lord Byron. Considerado poeta satánico por excelencia por pasar olímpicamente de todo y evadirse de la sociedad y del mundo, refugiándose en el poder del diablo. Su vida estuvo llena de amantes y separaciones, costumbres extravagantes y escándalos. Destacaba no sólo por eso, sino también por una sensibilidad comúnmente anormal en la escritura, llegando a ser el poeta más representativo del romanticismo inglés por su versatilidad y maestría, y a cautivar a toda una época y sus posteriores, como ya lo harían también todos estos genios de los que hablamos. Byron fue, entre tantas cosas, acusado de incesto y sodomía; Lady Caroline Lamb lo describiría como: “Loco, malo, y peligroso de conocer”. Escribiría cosas como: “¡Todo acabó! La vela temblorosa / se despliega a la brisa del mar, / y yo dejo esta playa cariñosa / en donde queda la mujer hermosa, / ¡ay!, la sola mujer que puedo amar. / Si pudiera ser hoy lo que antes era, / y mi frente abatida reclinar / en ese seno que por mí latiera, / quizá no abandonara esta ribera / y a la sola mujer que puedo amar.”
Y podríamos seguir hablando acerca de multitud de hombres que pusieron su granito de arena a esta leyenda sobre la poesía maldita que tantos súbditos, por su perversión o su fascinación a lo inmoral e incorrecto, tiene. Destacaron también nombres como Percy Bysshe Shelley, coetáneo de Byron, que murió joven ahogado en un naufragio. Éste fue marido de Mary Shelley, mundialmente conocida por su obra Frankenstein o el moderno Prometeo. Si bien la figura de su mujer ha eclipsado durante mucho tiempo al genio de la persona que tenía al lado, no exime esto de su verdadera arte para el oficio, poemas como Ozymandias le reclaman un puesto entre los más grandes. No es menos cierto que estos sean menos sensibles que Bécquer o Neruda; es más, creo que debieron serlo aún mucho más. La mayor inspiración nace de la tristeza consumada y de la amarga soledad del que nunca aspiró a la felicidad porque su vida era un constante paseo por las tierras más desoladas de la vida. Poetas así esclavizaron al lector a rendirse ante tal homenaje y elegía a la verdadera sensibilidad del hombre torturado y hastiado de la vida, conducido a reflejar la crudeza más viva en poemas llenos de melancolía y pena. Es el canto amargo de la esperanza que nunca más ha de volver.
“¡Adiós!..Quisiera verla… mas me acuerdo
que todo para siempre va a acabar;
la patria y el amor, todo lo pierdo…”
Byron.
Cuando el cielo bajo y grávido pesa como una losa
sobre el espíritu gimiente víctima de largos enojos,
y que de el horizonte abrazando todo el círculo
nos depara un día negro más triste que las noches;
cuando la tierra está cambiada en un calabozo húmedo,
donde la esperanza, como un murciélago,
se va batiendo los muros de su ala tímida
y golpeándose la cabeza contra los techos podridos;
cuando la lluvia extendiendo sus inmensos regueros
de una vasta prisión imita los barrotes,
y que un pueblo mudo de infames arañas
viene a tender sus hilos en el fondo de nuestros cerebros,
las campanas de súbito saltan con furia
y lanzan hacia el cielo un horrísono aullido
como los espíritus errantes y sin patria
que se ponen a gemir obstinadamente.
Largos coches fúnebres, sin tambores ni música,
desfilan lentamente en mi alma; la esperanza,
vencida, llora, y la angustia atroz, despótica,
en mi craneo abatido planta su bandera negra.
Baudelaire.
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01-12-2007 19:16 |
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Bueno, te habia escrito una parrafada pero no salio el mensaje. Resumiendo: buen analisis.
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01-12-2007 19:15 |
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Bravo |
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10-08-2007 10:36 |
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Bravo, compañero, bravo. Un magnífico acercamiento a tan apasionantes autores. Un siglo tormentoso el XIX, lleno de grandes escritores presos de grandes pasiones...
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Muy bien |
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30-07-2007 20:16 |
Definitivamente puliste más el artículo, eso se nota. Me encanta conocer a alguien que disfrute tanto de la poesía maldita como yo, bueno para que decirlo soy una fanática  .
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RE: Muy bien |
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31-07-2007 02:50 |
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Después de buscar por todas las librerías obras de Rimbaud, con su consecutivo fracaso; me imprimí el ebook y ando leyendo Una temporada en el infierno... Y si no has leído Flores del mal, de Baudelaire, no sé a qué estás esperando. Aunque apuesto a que, declarándote tan neófita, debes haberlo leído.
Gracias por pasarte.
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Interesante |
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20-07-2007 20:46 |
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Muy interesante. Y curioso, porque lleva a la reflexión. ¿Los autores de novelas de aventuras son más felices? ¿La sensibilidad crece con el dolor y la imaginación con la digestión?.
Bromas aparte, es una manera muy agradable de acercarnos a algunos cazurros esas maravillosas muestras de poesía y un poco de cultura
Enhorabuena
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