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A la palestra la versión PC de Lost Planet: Extreme Condition.
Nos encontramos ante uno de los estandartes de Games For Windows, la etiqueta bajo la que enarbolarán las virtudes de los juegos orientados a Vista. Si a esto le sumamos el buen hacer del título en Xbox 360 y ser uno de los primeros exponentes de la traslación de adaptaciones de la consola al sistema de Microsoft, tenemos delante de nosotros un título que esperemos sea un precedente en pos de una mayor variedad de géneros en una plataforma tan monocolor como el PC.
E.D.N. III parecía el lugar perfecto para reubicar a la población humana, a tenor del desastre que se gestaba en su planeta natal. Una atmósfera respirable era el único requisito para establecer colonias que tuvieron que hacer frente al perpetuo invierno en el que vivía el planeta. Pronto se trasladaron numerosos colonos que lograron recrear el modo de vida de la Tierra, augurando una época de prosperidad. Por desgracia, en poco tiempo, los aborígenes del planeta, unos monstruos similares a insectos de grandes proporciones, mostraron su hostilidad hacia los usurpadores y atacaron con ferocidad. La desastrosa situación a la que parecía abocada la población humana conllevó una huida masiva. Unos pocos se quedaron atrás, divididos en facciones: los que aspiraban a reunificar a la población humana del planeta y resucitar el sueño de convertirlo en un lugar próspero, y aquellos resentidos dedicados a la piratería y que no dudaban en atacar sin importar a la especie. En éste contexto se desarrolla la historia de Wayne Holden, amnésico tras la muerte de su padre a manos de los extraterrestres y movido únicamente en pos de la venganza de su progenitor.
Jugabilidad
Quien espere un juego revolucionario o por lo menos sustanciosos aportes jugables al género de la acción debería desechar tan peregrina idea. A pesar de su moderno envoltorio, el concepto de "Lost Planet: Extreme Condition" es el mismo vigente en el mundo del videojuegos desde mediados de los años 80, salvo por sus inevitables particularidades. Es imposible no evocar las esencias de tantos arcades que dominaron los salones recreativos hace dos décadas, y es éste factor nostalgia el que le hará ganar adeptos entre las generaciones más veteranas, ansiosos de entablar combates sin restricciones ni sujetos al férreo control que un exceso de elementos aventureros ejerce sobre cualquier título de características semejantes. Naturalmente, la inclinación por éste planteamiento tiene también sus contras, según el punto de vista que se adopte. "Lost Planet: Extreme Condition" asume las consecuencias y se presenta como un título extremadamente lineal. Apenas existe libertad de movimiento, más allá de los enormes escenarios brindados por el salto del género a las tres dimensiones. Podremos dirigirnos en todas direcciones en amplios entornos, pero ahí se acaba la libertad otorgada al jugador. De ésta forma, tenemos frente a nosotros exactamente lo mismo con lo que tantos disfrutamos en nuestra niñez y adolescencia. Únicamente ha cambiado el envoltorio, pero el contenido sigue intacto, a pesar del riesgo que supone hoy en día sacar un producto que trata básicamente de empezar en un punto, seguir una línea recta hasta otro y hacer frente a un enemigo final. Son muchos los que han intentado resucitar éste concepto, especialmente mediante la resurrección de franquicias sumidas en el olvido, pero pocos lo han hecho con el acierto de Capcom.
Toda la jugabilidad de "Lost Planet: Extreme Condition" está profundamente marcada por el tradicionalismo, aunque por fortuna se han sabido hacer innovaciones que dotan al juego de una personalidad propia que se convierte en su mayor aliciente. Para empezar, podría destacarse el amplio arsenal a disposición del jugador, con una variedad abrumadora que le obliga a establecer tácticas de ataque continuamente, especialmente teniendo en cuenta que sólo puede llevar dos armas de forma simultánea. Para compensar ésta limitación, cuando un arma es sustituida por otra, permanecerá en el sitio en el que fue abandonada, quedando a mano para ser recuperada a voluntad del jugador. Otro elemento destacable es un ingenioso artilugio en forma de garfio, aunque por desgracia su añadido no ha traído las novedades jugables que muchos auguraban, limitándose a ser un recurso de emergencia en momentos de riesgo de caída, y mostrándose poco útil a la hora de confeccionar estrategias de combate.
Capcom también ha aprendido del buen hacer de Konami y su saga Z.O.E., introduciendo en el desarrollo numerosos vehículos en forma de mecha con los que se hará igualmente sencillo tanto el combate como deambular por los parajes nevados. La compañía ha hecho sus deberes y sobre todo ha sabido dotarle al elenco de máquinas a nuestra disposición de una variedad abrumadora, cada una con características diferenciadas y sobre todo convenientes según las circunstancias. Por lo general su uso no es obligatorio, pero su ubicación no es caprichosa y suele ser recomendable su empleo para no salir escaldado de una situación complicada. A destacar el notable poder que demuestran, haciendo mucho más sencilla la eliminación de los enemigos, llegando a momentos en los que el juego puede derivar en tedio debido a lo sencillo que resulta avanzar montado en uno de estos monstruos mecánicos. También es posible bajarse del vehículo y tomar una de sus armas, a pesar de las limitaciones que supone de movimiento, pero los resultados en cuanto la aniquilación serán parejos. Los vehículos son uno de los grandes aciertos del juego, aunque se echa de menos que su uso no derivase en una exhibición de poderío, pudiendo haberse convertido en un recurso gratificante si su potencia de fuego fuese en consonancia con los peligros a afrontar.
Uno de los puntos más curiosos del juego es la incidencia de las gélidas temperaturas, que obligarán no sólo a mirar la barra de vida (secundaria en este título) sino también a la que rige el traje que mantiene con vida al protagonista y que en caso de desaparecer le condenaría a una pronta muerte por congelación, además de hacerle más vulnerable a ataques enemigos. Por fortuna, es casi imposible verse en una situación tan extrema y en cualquier lugar del planeta la energía puede encontrarse en abundancia, debiendo vigilar el jugador los impactos recibidos para que no sean tantos que hasta esta proliferación sea insuficiente.
Otra de las particularidades del juego es que para abatir a los enemigos no basta con abrir fuego, sino que es imprescindible encontrar su punto débil, en muchas ocasiones situado a espaldas del animal. Ésta circunstancia obliga a conocer las rutinas a la perfección, debiendo el jugador memorizar cuál es la correspondiente dentro de cada tipo de insecto. Tener que recurrir a ésta estratagema aporta variedad, pero es justo decir que los patrones de ataque y defensa se memorizan de forma extraordinariamente rápida, presentándose dificultades sólo en caso de aglomeraciones de diferentes enemigos. Salvo dichas excepciones, por lo general el juego transcurre sin problemas e incluso usuarios poco avezados en la acción pueden progresar tranquilamente. Algo aún más patente gracias a la abundancia de munición repartida por el mapa. Un error tratándose de un género por lo general poco dado a desarrollos extensos, limitando sus horas de juego para los jugadores más hábiles y que a las postre queda lastrado por la pobreza de extras que alarguen su vida útil. La escasa inteligencia artificial de determinados enemigos, a excepción de los soberbios jefes finales, no ayuda a compensar el paseo marcial en que se convierte en manos de alguien medianamente hábil.
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| Desarrolladora |
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Capcom |
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| Distribuidora |
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Proein |
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| Lo mejor |
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Jugabilidad directa. Múltiples aspectos técnicos. Su ambientación. |
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| Lo peor |
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Para muchos resultará demasiado simple. Escasa duración. Limitado modo multijugador. Los requisitos de Vista. |
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| Resumen |
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Divertido arcade, pero limitado, aunque cuenta con el encanto de retener la esencia de antaño. |
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| NOTA OJGAMES |
80 |
| NOTA LECTORES |
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