Hace un par de años, cuando las películas de piratas estaban más pasadas de moda que las hombreras, la Disney irrumpió con su propuesta marinera y triunfó apoteósicamente. Aunque de forma encubierta, no fueron los piratas lo que se volvió a llevar, sino las películas de aventuras fáciles, la fantasía Sandokaniana, la exaltación a la anorexia de Keira, los malos malosos ridículos, y las reivindicaciones de un capitán amanerado inspirado en el rock y la cultura afro, que soñaba con ser una leyenda eterna, mucho más allá de lo que cualquier vida terrenal podría ofrecerle. Todo un hit para la primera década del siglo XXI. Parece que la compañía del señor Walt seguirá dando de comer a sus trabajadores por cortesía bucanera durante algunos años más. A esto hay que añadir que a cada “gran” película le acompaña su correspondiente merchandising, espacio en los parques temáticos de la empresa y, cómo no, videojuegos. En esta ocasión ofreciéndonos el incomparable privilegio de poder revivir virtualmente las aventuras protagonizadas por el guapo, el fino y la flaca.
Piratas del Caribe no viene siendo una trilogía al uso, no de esas que cada una de las entregas forma parte proporcional de una historia. Se rodó la primera con cierta incertidumbre, gustó, y se alargó al estatus de trilogía con dos nuevos films (ahora sí, entrelazados), que remezclaban un poco de aquí y de allí, matando y resucitando cual dragón Sheng Long a todo el que hiciera falta. Por eso, en esta segunda entrega seria de la licencia se abarcan las dos últimas películas. Y al final, detrás del título generalista, la imagen protagonista clara es la del extravagante Depp, que ha conseguido centrar toda la atención de la serie en él mismo, convirtiendo a todos los demás piratas de dientes sucios en simples figurantes que, ojo, su tiempo de desarrollo y guionización habrán tenido. Esto se traslada al videojuego, en el que a pesar de poder manejar a muchos, es Jack quien sujetará el peso de la aventura y protagonizará las escenas tildadas de “jackanistas”, alucina vecina.
Jugabilidad
Echad el ancla los frikis, los fans y los frikifans de Piratas del Caribe, que la experiencia no os va a cambiar la vida. Nos encontramos ante un juego-películero de calidad media. Lo de “juego” salta a la vista: está grabado en un DVD que va metido en una caja con su portada y su manual. Lo de “peliculero” no es sólo porque esté basado en una peli, también lo es por su desarrollo y diseño de la acción. Como hemos comentado, empezaremos desde el “El Cofre del Hombre Muerto”, en la huida de Jack de la prisión hasta el ataúd flotante con el que aparece en la segunda película. La primera misión que cumple como tutorial deja entrever lo que éste título puede ofrecernos: muchas luchas a espada, infinidad de escenas cinemáticas, muchas luchas a espada, palancas que accionar, muchas luchas a espada y pruebas del tipo “Simón dice”. La segunda misión nos enseñará otra cosa: no manejaremos sólo a Sparrow.
Turner aparece para salvarlo de la isla de caníbales que han tomado a Jack como un Dios (al que cocinar). Se acentúa el uso continuado de acción sencilla que se le va a dar al juego, con más y más enfrentamientos y que, efectivamente, va a ser muy peliculera, con todos esos momentos de juego sobre una balsa de madera que se zarandea en el río. Los combates (sí, hay enfrentamientos) son divertidos, y nos recuerdan a aquellos beat'em up clásicos en los que te tirabas las tardes en un montacargas que nunca llegaba a su destino, aporreando a oleadas de enemigos que caían de no se sabe dónde. ¿Esto termina siendo aburrido? Bueno… seríamos más tajantes si no hubiera algo de mezcla de géneros y la dificultad fuera demasiado sencilla. Porque en la tercera misión que nos lleva hasta Port Royal el asunto cambia ligeramente. Ahora podemos explorar “libremente” la zona, hablar con los lugareños, hacer misiones secundarias, jugar a minijuegos y, cómo no, luchar.
El juego de acción que podría haber salido de aquí no tendría nombre, pero una vez más Walt “paratodoslospúblicos” Disney, ha confeccionado un juego extraño, superfluo, de aventuras juveniles, puzzles planos y sistema de misiones secundarias sin chicha. Le salva ese “algo”, su jugabilidad llevadera, lo divertido, la franquicia en la que se basa y los momentos cinematográficos que terminan haciéndote jugar un poco más. Durante el modo historia manejaremos a los citados Jack y Will, y a Elizabeth y Barbosa. Lo bonito de la variedad no pasa de ser estético y situacional (recorrer la película con varios personajes nos ayuda a revivir más momentos), porque lamentablemente los cuatro se manejan exactamente igual.
Los combates a espada se llevan a cabo con cuatro botones, gracias a los cuales haremos uso de: una estocada rápida (y floja), otra lenta (y fuerte), la posibilidad de cubrirnos, agarres para dar a los rivales una somanta de palos, y la oportunidad de combinar todo esto para engarzar combos que van de nada espectacular a poco espectacular. ¿El resultado? Un aporrear constate de botones para hacer mil cosas que ni sabes cómo las has hecho (¿a quién no le divierte eso?). A parte del cuerpo a cuerpo, tendremos la oportunidad de recoger objetos arrojadizos para atacar desde la distancia. Están contados: granadas de mano, cuchillos y trabucos. No habrá botiquines para recuperar vida, sino pollos. Si nos quedamos sin pollos y morimos, volveremos a comenzar desde el último punto de control. Si nos tenemos que ir al colegio o a trabajar, nos fastidiaremos, porque sólo se graba al final de cada misión, que si bien no son muy largas, en más de una ocasión nos harán reiniciar desde el principio. El indicador que nos queda por ver es el de popularidad. Cada una de las acciones tiene su repercusión en nuestra popularidad, que va desde mendigo y rata de cloaca, hasta Pirata legendario. Un medidor de popularidad parece algo incoherente en éste juego protagonizado por leyendas vivas del celuloide (tendría sentido si fuera un personaje creado por nosotros en el juego), pero se supone que es otro motivador para avanzar; ser el rey de los piratas. En las zonas de exploración tendremos acceso a dos minijuegos, casi lo mejor de todo el producto: los dados piratas (o el mentiroso) y el póquer pirata. Los dados piratas es un juego en el que viendo sólo tú tirada, apuestas sobre una cantidad de dados con el mismo número. El siguiente puede ampliar la apuesta teniendo en cuenta su jugada, así hasta que uno llame mentiroso al último apostante. Si realmente ha mentido (o se ha pasado) gana quien lo afirmó. Si la apuesta era correcta gana el apostante más alto. Si en vez de mentiroso, dices “igual” (o confirmas que su apuesta es buena y no hay más) también ganas. El mejor de diez rondas es el campeón. Y el póquer pirata es eso, póquer. Nuestras adicciones ludópatas aflorarán con facilidad cada vez que nos sentemos en la mesa de juego y nos olvidemos de Davy Jones y de su tía la María.