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Llega una nueva trilogía de estrategia de los creadores de S.T.A.L.K.E.R.
En GSC va lo de mezclar géneros, sobre todo si uno de ellos es el rol. Ya hemos visto los excelentes resultados en su famoso “S.T.A.L.K.E.R.: La sombra de Chernobyl”, que fusiona el mejor FPS con un RPG más allá de ganar experiencia o tener inventario, y que también hace uso del sistema de mapeado y misiones típico de los dragones y las mazmorras infográficas. El resultado es uno de los mejores juegos de éste año. Con “Heroes of Annihilated Empires” repiten la simbiosis, pero con la estrategia. En éste terreno no es una novedad ver tintes de rol (“Warcraft III”, “Spellforce”), aunque de nuevo la desarrolladora rumana lo lleva adelante con gran maestría y detalle. Para empezar, la historia no la han creado en dos tardes. Todo el juego estará formado por una trilogía de entregas escrita por Ilya Novak, un renombrado novelista ucraniano.
En éste primer capítulo asistiremos al inicio de la gran guerra que se librará en las legendarias tierras de Atlants, entre las diversas razas que allí habitan y la marea de no-muertos que sorprenderán a todos. Seres que luchan sin poseer el don de la vida. Criaturas avernas sedientas de muerte y destrucción. El héroe principal de la historia es Elhant, un elfo, un ranger, protector de los bosques y compañero inseparable del arco, el cual domina con extrema habilidad. Fue llamado a la batalla antes de que ésta se decantara por los no-muertos. El camino en contra de su destino será largo y difícil. Conocerá toda clase de enemigos. Los druidas le instruirán en las magias más antiguas para poder hacer frente a la amenaza malvada cuando definitivamente se desborde. A veces solo, otras veces junto a centauros, enanos, goblins, trolls, hadas y duendes. Todos en busca del porqué del problema, la raíz del asunto. La boca que escupe a los muertos de sus tumbas.
Jugabilidad
Pues sí, “Heroes of Annihilated Empires” nos ha gustado mucho. Todo se fundamenta en la historia y el personaje principal, ambos con mucho carácter. Al comenzar la campaña se resume de un plumazo la personalidad del protagonista en el vídeo de introducción: aldeanos y guerreros huyen despavoridos de la ciudad, que acaba de sucumbir a las terribles hordas de no-muertos. En contra dirección a todos ellos un elfo se dirige hacia el peligro con el paso firme. ¿Se ha perdido? ¡Qué va! Lo que pasa es que es más chulo que nadie. Cuando le avisan del peligro, el reprocha a todos su cobardía y sigue su andadura suicida. Así es Elhant, un elfo arrogante, pretencioso y rebelde, que va diciendo del mal que tiene que morir cada uno. Esto hace que te encariñes enseguida de él y saque el valiente rompedor (de todo a cien) que llevamos dentro. De hecho, la primera misión trata de seguir el camino en contra dirección de la oleada de “cobardes” por los valles de Atlant, intentando reunir un grupo de hombres para recuperar la ciudad. Lo bueno de la fusión de géneros de “Heroes of Annihilated Empires” es que se ha equilibrado con mucho acierto. Empezamos con Elhant solo. Mata a un par de inmundos, entra en casa de un alquimista que le ofrece pociones para ayudarlo (pociones y conjuros que en un principio desprecia porque “la magia es una obra del mal que no necesitan los valientes”, y que luego le convierten en un experto mago), y anima a algunos hombres a unírsele hasta tener un pequeño pelotón al que podremos mover, reagrupar y ordenar acciones como en un juego de estrategia. Por supuesto, no tardaremos en conocer a las hadas del bosque, que tras ser menospreciadas por nuestro avatar como “blandas que no sirven más que para esconderse”, se convertirán en nuestras obreras para, ahora sí, construir originales edificaciones donde adiestrar soldados, recolectar recursos, mejorar la tecnología, crear fortificaciones, torres de vigía y un extenso etc. El juego se balancea entre las luchas en solitario de Elhant y las grandes batallas con decenas de batallones de todo tipo.
Centrándonos más en el personaje y sus cualidades roleras, vemos que tiene una experiencia que subir, un indicador de vida y de maná, y el típico inventario donde amontonar los objetos que los enemigos dejan al caer muertos o los que compremos a los comerciantes. Tenemos los huecos correspondientes para equiparnos de cascos, capas, cinturones, guanteletes, botas y toda la parafernalia. Cada cierta cantidad de experiencia ganada se nos permitirá mejorar nuestro ataque, defensa o aptitudes como la velocidad y la regeneración. El maná está ahí porque nuestro héroe dominará tanto el arco y la espada, como la magia. Al principio rechazará (cómo no) a los druidas y a sus viles encantamientos, pero al ver que el asunto se le escapa de las manos, se dejará enseñar. Las magias se nos dan en forma de cartas de hechizos, que tras cada uso necesitan unos segundos para reactivarse. Con el tiempo estas habilidades serán tan poderosas y variadas que se volverán indispensables como apoyo a nuestro ejército. Las utilizaremos para dirigir con más efectividad las flechas aliadas, invocar árboles de regeneración de vida junto a nuestros hombres, hacer aparecer guerreros de los bosques, atacar con pestes, luz del bien, rayos o hielo a los engendros y un gran abanico de ofensivas masivas. Todo esto, junto con la barra de accesos directos a las pociones, son el principal aspecto de rol en el juego. No se puede decir que sostenga el juego por si mismo, pero como añadido a la estrategia está muy bien.
La estrategia es de recursos y construcción rápida de ejércitos. Puede que sobre algún recurso para evitar enredar un proceso meramente táctico. Estos son el hierro, el cristal, la comida y la madera. Otros grandes como “Command and Conquer” lo resumen todo en una única materia (el Tiberio), que suele ser más práctico para centrarse en la lucha. Las hadas lo construyen todo con forma de arbolito. Desde los manzanos para recolectar alimento, hasta las entradas a los yacimientos mineros, pasando por el centro de reclutamiento militar, armamentístico y de mejoras. ¡Una guerra ecológica contra los no-muertos!. El uso de las tropas tiene sus más y sus menos. En principio, la organización es buena. Cada soldado puede ir por libre o formar parte de un batallón. Imagina que tienes desperdigados a tus piqueros, arqueros y héroe. Si los seleccionas a todos y les apuntas una nueva dirección y posición de ataque (pinchando y arrastrando una flecha sobre el terreno con el botón derecho del ratón) ellos montan filas ordenadamente. Los piqueros se ponen en primera línea, después el héroe y atrás del todo los arqueros. Así, cuando embiste el enemigo las flechas llevan un rato lloviéndoles, las magias atosigándoles y los piqueros aguantando la posición hasta que llegan los pocos sobrevivientes. Incluso si un ataque múltiple supera la primera línea, los piqueros se reagrupan en un punto central y los arqueros crean un círculo mortal alrededor del altercado, a una distancia segura. En general responden bastante bien a las decisiones en tiempo real y a sus funciones en la batalla. Lo menos bueno es que todo esto suele suceder en escenarios relativamente pequeños. La gran cantidad de unidades se mezclan, dispersan y confunden fácilmente. No es algo grave, tan sólo un pequeño caos que sucede si no cubrimos bien las zonas de defensa y los enemigos llegan hasta donde no tendrían que llegar, y esto al fin y al cabo se arregla con la práctica. Los soldados no aumentan su experiencia como el héroe, tan sólo mejoran lo que en la base de reclutamiento decimos que mejoren. Le evolución de Elhant, sin embargo, es espectacular, siendo un despliegue gigantesco de poder hacia el final de la campaña. Campaña, por cierto, entretenida y con sorpresa incluida casi en su conclusión, que recordemos, no será más que el prólogo de otras dos entregas. Una gran aventura.
Las escaramuzas (contra el PC) y el multijugador (contra otros usuarios) nos dan mucho de sí con sus cinco mapas. La forma de juego, ya sabes: recursos, ejércitos y ataque. Un buen acompañamiento al logrado modo para un jugador y que de seguro se verá ampliado con algunos mapas y opciones tanto en posibles expansiones, como en el resto de la trilogía.
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