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Un beat´m up con sabor a clásico.
"The Red Star" viene precedido por un desarrollo errático, que estuvo a punto de condenarlo a la cancelación. Sin embargo, perder una licencia tan jugosa como la del comic de Arcángel Studios, no era algo que se pudiera permitir. Tenía que ser en ésta recta final de vida de PS2 cuando por fin viese la luz, ofreciendo al jugador una experiencia jugable que muchos han intentado imitar durante los últimos tiempos, pero que ninguno ha logrado evocar con la fidelidad del título aquí presente.
Basado en el comic de mismo nombre, el juego nos traslada a un futuro paralelo en el que la Unión Soviética sigue existiendo, aunque bajo el nombre de Unión de repúblicas de la estrella Roja. El protagonismo recae sobre la hechicera maya Antares, comandante del ejército, que acompañada de su compañero de armas Kyuzo lleva años cosechando victorias bajo la bandera del quemador Kostadinov. Su nueva misión les implica en el conflicto desatado con una república rebelde, Nokgorka, que les vinculará con una joven enemiga llamad Makita. Gracias a éste encuentro pronto descubrirán que su idolatrada nación se encuentra bajo los designios de Ombohl, señor oscuro, y su fIel lacayo Troika.
Jugabilidad
Simple como el mecanismo de un zapato, de esta breve y concisa forma se puede resumir la jugabilidad de "The Red Star". Algo que para muchos puede suponer una contrariedad, pero para aquellos más versados en la época gloriosa de los recreativos supone un irónico soplo de aire fresco en unos tiempos en los que las continuas vueltas de tuerca al beat em up han conseguido desnaturalizarlo. "The Red Star" no ha corrido riesgos y ha apostado por una fórmula de probada eficacia, aún a sabiendas de que ésta propuesta dista mucha de ser llamativa para las nuevas generaciones curtidas en géneros de reciente cuño.
El clasicismo que destila ésta producción queda patente nada más vemos en la pantalla de selección a los personajes disponibles (sólo dos de tres en un principio), que sigue al pie de la letra la máxima impuesta por los tópicos de hace más de 15 años. Esto se traduce en el habitual personaje lento pero fuerte, el equilibrado o el rápido y con alguna especialidad. A la hora de controlar a nuestro protagonista la mecánica no podría ser más sencilla, bastando tres botones para golpear, disparar y saltar, opciones más que suficientes con las que prosperar en la aventura. Con estas limitaciones es realmente sorprendente los numerosos combos posibles, aunque en la práctica no es un requisito para avanzar, pues la clásica mecánica de machaque de botones es más que suficiente. Sin embargo, no deja de ser un añadido que aporta variedad y sobre todo espectacularidad a la acción.
Incluso el desarrollo parece no haber cambiado desde hace muchísimo tiempo, lográndose una inquietante y a la vez agradecida sensación de deja vu. El juego es una traslación a las tres dimensiones de cualquier beat em up clásico, como puede verse en su división por fases de desarrollo horizontal, en las que la única labor del jugador será hacer frente las hordas de enemigos que salgan a su paso. Por fortuna, éste, a priori, monótono desarrollo ha sido compensado por la variedad de los enemigos que surgen, logrando que sus diferentes tácticas de ataque y defensa obliguen al jugador a actuar de forma rápida y concisa. Incluso los excelentes jefes de final de fase responden a este patrón clásico, y al igual que hace 15 años el secreto sigue estando en el aprendizaje de sus rutinas. Ésta es una de las grandes virtudes del juego, pues a esta clásica mecánica cabe unirle la gran dificultad de la que hace gala, obligando al jugador a morir e intentarlo una y otra vez hasta conseguir romper las pautas de comportamiento del enemigo. Todo ello unido a la profusión de power ups con los que se le facilita la vida al usuario.
Aunque la mayoría de veces las fases contarán con el antes mencionado desarrollo horizontal, no pocas serán las ocasiones en las que la cámara adoptará una nueva perspectiva cenital. Si bien seguirá enfocando de forma soberbia, nos lleva a cambiar estrategias, pudiendo obligar al jugador a depositar su confianza en medios que había dejado de lado hasta entonces. No es un cambio especialmente destacable en lo que a la mecánica de juego se refiere, pero por lo menos es un aporte.
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