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Harry Potter debuta en la línea Nintendo Mini Classics.
¡Qué bonitos recuerdos de la niñez!. Esas horas muertas entre no hacer nada y hacer menos, ocupadas en jugar. Aquellos que enganchamos los inicios del entretenimiento electrónico, recordaremos esas primeras “consolas” portátiles que tuvimos. Videojuegos limitados a unos pocos movimientos que estaban pre-dibujados sobre una pantalla en LCD monocromática. Nintendo fue la pionera con sus Game & Watch, unas pequeñas máquinas que hacían la función de reloj con alarma y minijuego. Idea masivamente copiada y vendida en todos los mercadillos.
La sencillez de aquellos juegos no se ve ensombrecida por el paso del tiempo y las nuevas tecnologías, porque cumplen un papel concreto en los minutos muertos. Su sistema de puntuaciones y el más difícil todavía han alargado sus vidas. Nintendo apuesta de nuevo por estos minijuegos con la línea llamada Miniclassics, una pequeña colección de grandes leyendas en éste formato, con “Super Mario”, “Donkey Kong”, “Zelda", o “Spiderman” entre ellos.
Hemos podido probar el último en salir a la venta, basado en la licencia de Harry Potter. El aparato en sí es una monería. Una reproducción de la Game Boy original en pequeño, con su cruceta de dirección y tres botones, dos pequeños de selección y uno más grande de acción. Tiene el enganche metálico para usarlo como llavero y la función de reloj con alarma que identifica a la serie de “Game & Watch”.
El juego de Harry Potter nos enfrenta a un dragón que cuida con afán sus huevos (basándose en "Harry Potter y el cáliz de fuego"), los mismos que nosotros ansiamos coger. La pantalla se divide en tres alturas y nueve movimientos posibles del joven mago. Nuestro objetivo real es conseguir la máxima puntuación en sus dos modos de juego, uno más fácil y lento para los novatos y otro más complicado para alcanzar rápidamente los records conseguidos. El dragón tiene tres movimientos y nos va lanzando bolas de fuego. Cada vez que esquivamos una saltando sobre ella ganamos un punto. Cada pocos segundos aparece una escoba voladora que nos da cuatro puntos al cogerla y nos permite volar (movernos por la zona superior de la pantalla). Esquivar las bolas de fuego de arriba nos da otro punto y fuerza al huevo del dragón que reposa en un saliente a acercarse a la orilla para que podamos cogerlo. Esto nos da ocho puntos. Lo que empieza como un sube y baja sin mucho que hacer termina siendo el reto de coger la escoba para conseguir huevos a toda velocidad y así reventar las puntuaciones. Una filigrana para los minutos libres.
Si queréis conocer otros modelos disponibles de la serie Nintendo Mini-Classics podéis leer un completo artículo pinchando aquí.
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