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Ya está aquí el jinete del infierno
Una vez más el cine y el cómic se unen para sacar adelante un nuevo producto. Del inagotable catálogo de Marvel y de la mano de Columbia nos llega la adaptación cinematográfica de Ghost Rider, conocido por estas tierras como El Motorista Fantasma. Por supuesto, no podía faltar el videojuego de turno, y de eso os vamos a hablar en las próximas líneas, de "Ghost Rider: El Motorista Fantasma" en su versión para PS2.
Jugabilidad
El potencial que tiene la historia de Johnny Blaze y su pacto con Mefistófeles es extraordinario. A los que no conozcan el cómic les diremos que Johnny era un motorista acrobático que ofreció su alma al Diablo para salvar la vida de su padre, enfermo de cáncer. Por supuesto, Mefistófeles hizo trampa y se quedó con todo. El Diablo unió el alma de Blaze con la de Zarathos, un demonio infernal, y de esa unión surgió el Motorista Fantasma. Envuelto en llamas recorre las carreteras impartiendo a los culpables la justicia que se merecen a la vez que intenta escapar de su propia condena. Con éste breve resumen os podéis hacer una idea del pelotazo que puede ser la peli si cala entre el público.
"Ghost Rider: El Motorista Fantasma" es un juego de acción en tercera persona que bebe de muchas fuentes diferentes. Los escenarios son de escaso tamaño, tras cargarlos la libertad de movimiento es limitada y una vez hayamos resuelto lo que surja la máquina pasará a otro decorado. Los enemigos siguen la línea vista en el universo del personaje, siendo demonios de todo tipo de formas. En los combates el Motorista tendrá que realizar combos para acabar con sus enemigos, y no todos servirán, ya que cada enemigo tiene, en teoría, una forma más accesible de ser derrotado. Además de puñetazos y patadas contaremos con la inestimable ayuda de unas cadenas que son muy similares, en su comportamiento, a las espadas que Kratos empuña en "God of War", recordando también a éste juego la posibilidad de realizar un fatality a los enemigos después de noquearlos convenientemente. Cuando acabemos con nuestros contrincantes quedarán en el aire sus almas, las cuales recogeremos para rellenar medidores, cambiarlas por combos nuevos, mejoras para la moto y con el objetivo de desbloquear diversos elementos relacionados con el cómic y la película.
En el juego, Mefisto recurre al Motorista para que acabe con una serie de demonios sueltos que pretenden desencadenar el Armagedón, el final de los tiempos. Así pues, nos moveremos por diferentes entornos, bajando al infierno, pasando por cementerios, laboratorios super tecnológicos y acabando en un apocalíptico escenario urbano. Aunque algunas de los escenarios vienen introducidos por escenas originales del cómic con efectos de animación y voces en off, el argumento no acaba de quedar claro y los saltos de la historia son un poco bruscos, creando en el jugador la sensación de “¿ahora dónde (piiiiiii) estoy y éste quién (piiiiiii) es…?. El desarrollo del juego resulta muy lineal: pantalla, enemigos, pantalla, enemigos, pantalla, enemigos... no hay libertad de acción. En total, sin contar los jefes finales, nos encontraremos poco más de media docena de enemigos diferentes, variando simplemente el número que encontremos en cada pantalla. Otro de los aspectos flojos del juego es la inteligencia artificial de los contrincantes, la cual no es para tirar cohetes precisamente; en algunas pantallas, podremos simplemente avanzar un trecho y los enemigos desaparecerán sin siquiera luchar. Durante la mayoría de las peleas podríamos mantener pulsado el botón de defensa y así pasar las horas muertas sin sufrir ningún tipo de daño. Lo más grave es que los jefes finales son igual de estúpidos que sus secuaces. Es verdad que podemos regular la dificultad del juego en el menú de opciones, pero la cosa no cambia significativamente. Aunque estéticamente los escenarios están bien resueltos, no hay objetos con los que interactuar, sólo tendremos que avanzar hasta que aparezcan los enemigos (precedidos siempre por un alarido que no deja lugar a la sorpresa), acabar con ellos, ver las estadísticas y esperar a que se cargue la siguiente pantalla. Es más, hay pantallas en las que no hay absolutamente nada que hacer, no hay enemigos¡, sólo habrá que avanzar de un lado del escenario al otro, y para colmo no habrá rincones que explorar.
Todo el que conozca un poco el personaje de Ghost Rider sabrá que utiliza una fantástica moto para correr sus aventuras. También en el juego podremos utilizar ésta satánica chopper para hacer algunas diabluras y acabar con unos cuantos enemigos. Pero sabiendo que los chicos de Climax son los que desarrollan el simulador "Moto GP" para PC y Xbox se esperaba un poquito más de esta parte del juego. Las pantallas de conducción acaban siendo largas escenas de transición con un control absolutamente arcade. La mayor dificultad será saltar o arrastrar la moto a tiempo para evitar los obstáculos, ya que a los enemigos los eliminaremos con bolas de fuego totalmente “teledirigidas” y un par de cadenazos a izquierda y derecha. Además, el tiempo contará a la hora de recibir bonificaciones y por tanto no podremos detenernos a observar el paisaje. Todo ello propicia que éstas pantallas sean una rápida sucesión de explosiones incontroladas y nos dejen con la sensación de “ah, ¿ya está?”. Bueno, para ser honestos hay que decir que algunos de los saltos son lo más destacable del juego por su espectacularidad, pero en cuanto a jugabilidad no hay nada reseñable.
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