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Probamos el juego de Ghost Rider: El Motorista Fantasma para Playstation 2.
Los peores vicios de la industria del videojuego son inherentes a ella desde sus inicios, y las adaptaciones de producciones cinematográficas no son una excepción. En ésta ocasión, el film escogido ha sido "Ghost Rider: El Motorista Fantasma", pero para romper un poco con la tradición, no se ha optado por una adaptación directa, siendo en su lugar una continuación del argumento de la película, que como es natural no procederemos a desvelar.
Jugabilidad
Como era de esperar, Climax no ha querido correr riesgos y ha apostado por el formato que mejor se adecua al potencial que le brinda un héroe como el Motorista Fantasma. Esto se traduce en un título que toma prestados, por decirlo de forma poco precisa, muchos elementos de esa nueva mixtura de beat em up clásico y aventura que han contribuido a popularizar excelsos nombres de la talla de "Devil May Cry" o "Ninja Gaiden". Juegos en los que el protagonista se desplaza por los escenarios explorando cada rincón en busca de objetos que le sean necesarios para avanzar, a la vez que hace frente a las hordas enemigas que se interponen en su camino. Naturalmente, la vieja mecánica arcade que limitaba enormemente las posibilidades de ejercitar combos ha quedado desechada. De ahí que uno de los grandes alicientes de cualquier título de éste género, las combinaciones, haya sido especialmente cuidado en el juego del cual os hablamos, convirtiéndose en un reto en si dominar todas las secuencias de golpes que es capaz de desplegar el protagonista.
En este último aspecto, el título de Climax marca distancias sobre el mencionado juego de Capcom y se aproxima a más a la mecánica de la franquicia de Tecmo. A pesar del parecido formal, en "Ghost Rider: El Motorista Fantasma" es imposible seguir unas pautas similares a las del juego de Dante y compañía, caracterizado por infligir daño prácticamente de cualquier forma, dejando a la voluntad del jugador la chulería con la que ejecutar las secuencias de golpe. Por el contrario, el Motorista Fantasma exige un verdadero conocimiento de los golpes a su disposición,. La principal razón es que las combinaciones disponibles deben adecuarse a los enemigos a los que hacer frente, pues determinados combos se revelan inútiles dependiendo del modus operandi del oponente en cuestión. El sistema de combate se basa en el uso de las cadenas imbuidas de fuego, de cuyo uso simultáneo depende el catálogo de golpes, abriéndose la posibilidad de unirlas para infligir más daño, pero limitando el repertorio de técnicas. Como en "God of War", cuando un enemigo ha sido debilitado lo suficiente, se ofrece la posibilidad de amarrarlo y efectuar un golpe definitivo con el que rematarlo, dependiendo éste último de la clase de rival a la que estemos liquidando.
Naturalmente, haber basado el sistema de combate única y exclusivamente en el uso de combos sencillos habría derivado en una insustancial monotonía que justificaría la obtención de malas críticas. Para que no ocurra esto, se ha incluido la posibilidad de efectuar disparos con la escopeta del protagonista, así como convertir su cadena en proyectiles con los que alcanzar a enemigos en un alto rango de distancia. Para ejecutar éstas posibilidades sólo es necesario mantener a buen nivel el medidor de espíritu correspondiente, teniendo como requisito para llenarlo la clásica mecánica de acabar con el mayor número de enemigos posible. Como en otros títulos similares, es posible activar un modo en el que, por un breve espacio de tiempo, el protagonista hace gala de una fuerza y velocidad muy superiores. Ésta modalidad también es útil para lograr arrancar de los enemigos las almas necesarias con las que avanzar de forma solvente durante el juego. El constante uso de estas técnicas será imprescindible para tener bien repleto el medidor de venganza, de cuyo incremento dependerá poder afrontar con garantías enemigos cada vez más poderosos.
Para reafirmar la personalidad del protagonista, se han incluido fases en las que éste debe pilotar la moto que siempre acompaña las andanzas del Motorista Fantasma. El desarrollo de éstas fases es sencillo y suponen más bien un lapso frente a tanto desenfreno machacando botones. Simplemente derribar enemigos con las cadenas o proyectiles será requisito suficiente para colectar almas que permitirán desbloquear los numerosos extras que pueblan el juego.
Apartado Técnico
A pesar de que dista mucho de los portentosos engines de sus más directos competidores, es justo reconocer que "Ghost Rider: El Motorista Fantasma" exhibe un robusto motor gráfico que permite recrear con detalle el universo a medio camino de lo gótico y la chulería pura y dura que caracteriza las aventuras del personaje. Como era de esperar, el principal beneficiado ha sido el héroe protagonista, con un modelado a años luz de los otros personajes presentes en pantalla. Una carga poligonal superior a la media de juegos de acción y aventura actuales y una texturización sobresaliente son los grandes alicientes de los que hace gala, además de un efecto de llamaradas muy acorde con la más que correcta calidad media que caracteriza al título. Las animaciones del personaje siguen la senda establecida, poniendo al jugador a los mandos de un protagonista de movimientos ágiles y fluidos, y permitiendo realizar las combinaciones con una facilidad pasmosa.
Como era de esperar, los enemigos que se interpondrán en el camino del motorista no cuentan con una representación tan cuidada, pero su modelado logra cumplir con creces su cometido de no desentonar de forma muy notoria. Como punto más destacable cabe señalar sus correctas texturas, reto solventado con suficiencia a la hora de representar de forma realista seres demoníacos, además de haber sido dotados de unas animaciones que sorprenden, teniendo en cuenta que éste suele ser uno de los apartados más olvidables en otros ilustres títulos del género.
Los escenarios son el aspecto más irregular del apartado técnico, debido a que son capaces de aunar detalles de interés con otros impropios de un juego con aparente ambición. Por un lado resultan fidedignos a los diseños originales, gracias a unas texturas que logran recoger la atmósfera gótica y callejera del comic original, consiguiendo realizar transiciones de decorados sin bajón alguno de diseño y representación. Pero cuenta con su contrapartida negativa cuando toca referirse al espacio en el que se desenvuelve el protagonista, demasiado abierto, en el que se añoran los entornos cerrados, más propicios para apreciar toda clase de pequeños detalles. La falta de más elementos que refuercen la ambientación es uno de los lastres del conjunto, dando como resultado algunos momentos en los que el entorno es correcto, pero donde se echan en falta detalles que le impriman vitalidad.
El apartado sonoro entra dentro de lo previsible, con música a medio camino entre la épica y la contundencia que un juego de éstas características necesita, aunque echándose de menos alguna composición memorable. El doblaje se limita a cubrir el expediente sin ningún brillo especial, mientras que el apartado de los efectos sonoros sigue los cánones impuestos por el género, tanto en el combate físico como el que implica otra clase de técnicas.
Conclusión
Al contrario de lo que ocurre con la mayoría de adaptaciones cinematográficas, "Ghost Rider: El Motorista Fantasma" es un título del que cabe albergar esperanzas, siendo, a priori, un juego capaz de sostenerse sin el apoyo de la famosa licencia. Obviamente no alcanza los estándares de los más ilustres representantes del género, pero sí está por encima de la media y logrará satisfacer las exigencias de los fans más estrictos.
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