| Observa bien en derredor |
29-03-2007 20:58
Por: velectric
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para el concurso Homenaje a Polidori
"Observa bien en derredor", me decía un buen amigo. Un vampiro podía vivir, observarte e incluso llevar al milímetro tus movimientos. Y sin darte tú cuenta de ello. Yo trabajé en una casa de vampiros. Abrid bien los ojos porque esta espeluznante historia me ocurrió hace un mes.
Como todas las tardes, tocaba al portero automático, subía en el ascensor viejo y maloliente, entraba inclinado en aquella casa (había una molesta alfombra y un asqueroso chucho
ladrador) y saludaba a la madre. Seguidamente, entraba en la habitación del muchacho, dejaba mi cartera de piel y me sentaba. La madre, con unos pelos de loca, exhortaba al hijo, llamándole de todo, y me decía lo que había visto ese día su hijo.
Nada más entrar el muchacho, se sentaba y me preguntaba que a qué hora había venido y a qué hora me iba. Tenía la maldita costumbre de no llevar nunca reloj. Además, todos los santos días: que si estaba abierto el Corte Inglés, que si se iba a comprar cinco pirañas para matar a sus antiguos pescaos. Yo no podía con esto: me esforzaba en explicarle que lo correcto era peces, ya que aún no habían sido pescados. Pero él decía alegremente: "da igual, si al final se van a morir todos". Yo pensaba que en dónde me había metido. Una vez me dijo: "mañana tiraré tres bombas fétidas por el edificio, y sabes qué, dentro de un año compraré una rata para soltarla por la escalera". Así de sencillo y alegre lo soltaba, brillando toda su faz barbilampiña.
No conocía a tal raza de vampiros. Por más que me afanaba en buscar un referente cultural no lo hallaba. Se ve que esta gente era una nueva especie de chupasangre, todavía no archivada en el canon literario o en el de sucesos más comunes.
La madre obligaba al crío a recibir clases por lo menos cuatro veces a la semana, ya estuviera con dolor de cabeza, con fiebre o con un brazo roto. Menuda vampiro, que no vampiresa. Como la madre no sabía realmente qué hacer, intentaba que su retoño memorizase conceptos sin tener en cuenta un mínimo de esquematización, resumen o alguna idea clara.
El padre se dedicaba a fumar tabaco negro y a tomar cerveza mientras su mujer le chupaba la sangre lentamente. Él no pintaba nada allí (salvo que su querido chaval rompiera a puñetazos la puerta de su habitación).
Un día vino una vecina a quejarse de que nuestra querida madre sacudiera la mopa por el balcón, echando toda la mierda a la calle y a los vecinos de abajo. En ese momento, yo salía de la clase y me dijo la madre: "La vecina es una malfollá" y yo no le respondí, pensando que qué calificativo podía ponerle a ella; al final llegué a la conclusión de que todas las palabras sinónimas de ordinaria valdrían para describirla.
A la siguiente semana, habiendo mi discente progresado en aspectos básicos de la lengua, fue la madre la que de improviso llegó a producirme pánico. Enfermé de faringitis aguda, con una tos muy molesta, llegando incluso a producirme vómitos; además, tenía dolor de cabeza, estaba destemplado: ora con escalofríos, ora con sudores pegajosos. En esto, me llamó y cuando se enteró de lo sucedido, se transformó en algo totalmente inhumano. "No me digas eso, hay que prepararle para el examen, ya sabes que tiene que aprobar, si no vienes tú, mándame a algún amigo, o mejor, te mando el crío a casa, que ha estado con fiebre toda la semana, pero ya no tiene, y dais, aunque sea, media hora". Yo, cabreado, intenté hacerle ver a la mujer que no era lo más adecuado estando malo yo y recién recuperado él. Pero ella, obstinada, me respondía que yo ya vería lo que hacía pero que el examen lo tenía el viernes. Me despidió con un falso mejórate y yo le dije adiós secamente.
Y a la mañana siguiente, bombardeó mi móvil con llamadas desde su casa y de su móvil, tal vez pensando que me tenía acorralado, pero yo ya le dije claramente que sería yo el que la llamara si me mejoraba, pero ella no lo entendía o no lo quería entender.
El destino quiso que me mejorara el viernes por la mañana cuando mi alumno ya se había examinado. Tal vez estaría llamando a su amiga Samantha, a cuyo hijo también le doy clases para decirle que yo estaba malo. Pero fui a casa de Samantha y todo fue de mil perlas. Ya sé que la otra se enojaría pero la venganza es un plato que se sirve frío.
A partir de entonces, le di un ultimátum: "las clases con su hijo serán en mi domicilio, a la misma hora y si puedo yo". Ella, como no, dijo: "Bah, ya te llamaré". Pero pasaron los días, las semanas y los meses y ella no me llamó. Por un lado, me llenó de satisfacción el quitarme a esa pesada de mi vida, pero yo, al fin y al cabo, era profesor y mi objetivo era el chico. Entonces, tomé la determinación de llamar, pasara lo que pasara. No me contestó nadie al teléfono el primer día que llamé. Al segundo me salió un mensaje diciéndome que el número marcado no existía.
¿Y qué hice yo ante tal situación? Me dirigí al edificio y toqué a un vecino. Me abrió la puerta un hombre recio, con voz melódica y de aspecto afable. Comentó que los convecinos del quinto, habían desaparecido misteriosamente, y que nadie los iba a echar de menos. Me reí y le di la razón y lo que solía hacer tanto los padres como el hijo.
Me fui de allí contento. Seguro de mí mismo. Los había derrotado. La gente mala tenía que desaparecer del planeta cuando antes. Pensé mil finales para esa familia, todos, claro está, trágicos y macabros.
Se estaba haciendo de noche y el trayecto hacia mi casa era corto. Pero sentí algo escalofriante, como unas voces que me invocaban. Empecé a correr frenéticamente, no mirando hacia atrás cuando los sentí y los vi. Allí, en esa última esquina. Un cuervo, una loba y un murciélago mirándome fíjamente con sus ojos encolerizados, como llamándome.
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Bueno |
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05-05-2007 21:38 |
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Un relato entretenido, con un enfoque interesante del tema, bien llevado y con un conseguido toque humorístico. Inquietante final.
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Divertido e inquietante |
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20-04-2007 18:45 |
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Las historias cotidianas bien pueden considerarse las mas inquietantes.
Así a bote pronto,creo que podías haber jugado más con algunas escenas, como que tuvieran las persianas siempre bajadas o no hubiera espejos en la casa. Es decir, un poco menos informal y metiendo detallitos tétricos para mejorar un conjunto ya de por sí logrado.
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Lo siento, pero... |
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12-04-2007 05:49 |
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No me he dicho nada. Me ha dejado un poco frío, la verdad. Tal vez es problema mío, pero es que no entiendo qué nos quieres decir. No distingo cuál es el mensaje, no me ha hecho pensar, ni sentir...
El contrapunto positivo es, a mi modo de ver, la correcta ejecución. Comienza bastante bien, con un marco que potencia la credibilidad de lo que nos vas a contar, y con un inicio muy acertado para un relato de terror: la descripción de lo que luego resultará terrorífico como algo cotidiano. El desarrollo es bastante bueno, ideas bien estructuradas y bien expresadas, dominio de la elipsis, casi ninguna falta ortográfica, etc. Pero el final... ya te digo, que me ha dejado igual. ¿Tendré un problema?
Saludos
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Interesante idea pero... |
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09-04-2007 10:46 |
Como idea me ha resultado muy interesante, ahora bien en su ejecución he detectado unos cuantos problemas que, a mi juicio, lastran la narración. Creo que el relato resulta demasiado confuso y que las expresiones y la sucesión de acontecimientos no está bien hilvanada. El usar un lenguaje duro y más coloquial no es sinónimo de emborronar el texto hasta hacerlo difícil de seguir, hay que intentar alcanzar el equilibrio y que la forma se amolde al fondo. De todas maneras un enfoque verdaderamente original e interesante, ahora sólo hay que seguir buscando
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Hombre |
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30-03-2007 12:50 |
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No se que pensar.
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RE: Hombre |
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02-04-2007 03:13 |
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Pienso, luego existo.
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Muy original |
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02-04-2007 12:02 |
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El enfoque del relato me ha parecido muy interesante, con ese toque de realismo cotidiano algo desesperante mezclado con la idea trastornada del vampirismo. Muy entretenido.
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Relato |
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31-03-2007 01:18 |
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Lo cotidiano y lo oculto |
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02-04-2007 13:14 |
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Tú relato me ha gustado, pero como me esta pasando últimamente, me he quedado con ganas de un poco más.
La incursión entre lo cotidiano y la presencia oculta de elementos fantásticos en ella esta bien perfilada en tu relato, pero me queda un poco difusa, como si precisará un par de momentos de más, de exposición.
Algo que cerrara y potenciara la ambiguedad del relato, entre si realmente es una familia de vampiros confundida en el vulgo, o la imaginación deforme de un ser paranoico y marginal. Un par de detalles más en ambos sentidos que nos permitieran dudar sobre que es lo que nos estas contando realmente, y pensar que cualquiera de las dos opciones es más terrible que la anterior.De esta manera queda un poco en tierra de nadie, cuando podría adrentarse un poco más en el desasosiego.
En todo caso un buen relato.
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RE: Lo cotidiano y lo oculto |
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02-04-2007 17:29 |
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Gracias por los comentarios, Nachob. He de decir que esta familia existe, claro está, un poco "desvirtuada" ( aunque no tanto ). Me explico, actualmente sigo impartiendo clase a este alumno y lo veo a él y a su familia realmente como eso, vampiros.
También puede ser que mi ojo crítico sea marginal por mi condición de profesor...pero el caso es que a veces siento auténtico miedo. Los tendríais que conocer.
Saludos.
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RE: Lo cotidiano y lo oculto |
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02-04-2007 18:28 |
velectric dijo: Gracias por los comentarios, Nachob. He de decir que esta familia existe, claro está, un poco "desvirtuada" ( aunque no tanto ). Me explico, actualmente sigo impartiendo clase a este alumno y lo veo a él y a su familia realmente como eso, vampiros.
También puede ser que mi ojo crítico sea marginal por mi condición de profesor...pero el caso es que a veces siento auténtico miedo. Los tendríais que conocer.
Saludos.
Ahora si que me da miedo. Es verdad que hay gente que transmite esa sensación. Cuando vayas a esa casa llevate un buen crucifijo (como arma arrojadiza tampoco viene mal)
De acuerdo en lo de la ambiguedad, de hecho era lo que creo que podías haber potenciado un poco más. En definitiva creo que su único error es que me ha resultado un poco corto a la hora de exponer ly desarrollar a historia.
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RE: Lo cotidiano y lo oculto |
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02-04-2007 17:32 |
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Además, pienso que al lector no se le debe dar todo mascado. La ambigüedad, bien usada, es una de las claves de un cuento.
En una novela sería diferente. Todo más mascado y explicado.
Vamos, yo pienso así.
Saludos
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