|
Vuelven las batallas de la saga Total War.
El día muere tras el horizonte. La suave brisa veraniega comienza a soplar a la par que arrulla a los rudos hombres que acampan en lo alto de la colina. Los primeros temblores comienzan, son temblores de emoción, de impaciencia, de ansiedad. Nos encontramos en el sur de España, en el periodo que hoy se conoce como el final de la reconquista. A nuestros pies se encuentran miles de hombres de armas, centenares de caballos relinchan en espera de acontecimientos que desaten su furia. Miras a lo lejos, observas la señal de humo que indica vía libre y en un instante todo comienza. Acabas de terminar la arenga que debe de infundir valor a tus hombres, que ha de reforzar el acero de sus espadas y tensar el arco de sus cuerdas. Y a tu señal, la batalla comienza sin más preludio que el sonido de centenares de flechas ardientes que cruzan el firmamento y caen dentro de la fortaleza enemiga. En un segundo todo se vuelve caos, el perfecto orden de tus unidades desaparece para dejar paso a una incoherencia de cuerpos mutilados y caballeros en retirada. Durante un instante te sientes perdido, envuelto en un mar de dudas, pero pronto aprecias que los soldados que huyen no son los tuyos, ante ti tienes las puertas de Granada, ábrelas y descubre “Medieval II: Total War”.
Es difícil expresar la emoción que un jugador amante de la estrategia siente cuando asiste y participa en épicas batallas medievales, con cientos de unidades a su disposición y todo un campo de batalla para demostrar sus habilidades como general. Precisamente ésta es la fórmula que llevan explotando desde hace años los chicos de Creative Assembly con sus diferentes “Total War”, y es que se les puede acusar de innovar poco, de arriesgar aún menos, pero desde luego, lo que no les puede negar a los desarrolladores de títulos como “Rome: Total War” es que han dado en el clavo. Podríamos decir que han encontrado una mezcla de acción y estrategia tanto en tiempo real como por turnos que engancha y absorbe al jugador durante horas.
Ahora no encontramos ante la segunda parte de uno de los títulos de estrategia que tanto gustó en un pasado no muy remoto. Es inevitable establecer ciertas comparaciones y mirar un poco hacia atrás, no ya al antecesor de este nuevo título, sino al buque insignia de la saga, el magnífico “Rome: Total War”. ¿Nos encontramos ante un calco de uno de los juegos más laureados de los últimos años? ¿Se ha cambiado tan sólo el contexto histórico? Vente con nosotros hasta la Edad Medía y descúbrelo.
Jugabilidad
Tras superar un sencillo tutorial que se extenderá durante la partida tanto como nosotros queramos (dependiendo de si habilitamos o no la ventana del consejero), estamos listos para escoger una facción y ponernos a conquistar Europa como si en ello nos fuera la vida. Cada facción, entre las que se encuentran las naciones típicas como Inglaterra, Francia, Portugal y también España, tiene sus propios objetivos, aunque al final todo se reduce a conquistar cuanto antes un gran número de territorios. En esto consiste la campaña de “Medieval II: Total War”, que puede llevar un buen número de horas completar y es verdaderamente compleja y apasionante. Cabe señalar que cada una de las diferentes naciones tiene sus ventajas y desventajas, así que tal vez convendría dedicarle un poco de tiempo a cada una para ver cuál de ellas se atiene más a nuestras preferencias. Cada facción, además y de manera evidente, comenzará en un territorio predefinido que no distará mucho de su actual situación en el mapa. Así, por ejemplo, si escogemos España, en los primeros turnos tan sólo dominaremos el norte de la península, quedando el sur para nuestros siempre bien avenidos moriscos.
Existen dos tipos de campaña, una muy extensa en la que deberemos conquistar alrededor de medio centenar de territorios amén de algunos específicos, y otra mucho más corta en la que tan sólo se nos pide conquistar alrededor de veinte zonas y llevar a cabo un par de misiones suplementarias. Sea cual sea la elección del jugador, no le resultará nada fácil conseguir los objetivos marcados, y es que, aunque el nivel de dificultad está bien calibrado, tenemos que ser astutos y cautelosos a la hora de dirigir nuestro reino.
Una vez metidos en faena, nos vamos a encontrar el típico mapa de campaña en el que observaremos la Europa feudal desde el año 1080. Desde ésta perspectiva podemos contemplar cómodamente todas nuestras posesiones, ya sean ciudades o castillos. Dentro de la interfaz será posible acceder a un gran número de datos, desde el árbol genealógico de nuestra familia hasta nuestras relaciones diplomáticas con el resto de facciones o, cómo no, el estado de nuestras cuentas. No podemos olvidar que a lo largo de la partida se tornará fundamental conocer el volumen de nuestras arcas, nuestros ingresos y todo lo referente a las alianzas y enemigos que circundan nuestra nación. Harina de otro costal es nuestra relación diplomática con El Papa. Durante el transcurso de la partida, el ministro de Dios nos encomendará diferentes misiones que deberemos cumplir lo más pronto posible si queremos ganarnos su favor. Así mismo, también podremos solicitarle, siempre y cuando nuestra relación sea buena, que convoque una cruzada en alguna ciudad invadida por los infieles, lo que nos ayudará notablemente a conquistarla. Es de vital importancia tener de nuestro lado al mandatario eclesiástico de turno, ya que si somos excomulgados, el resto de naciones cristianas no desearán mantener relaciones comerciales ni amistosas con nosotros, cosa que puede echar por tierra todos nuestros planes. Y es que, en esta nueva entrega de “Medieval” vamos a encontrar complejas relaciones diplomáticas que lamentablemente son demasiado volubles e inestables, es decir, que de un turno para otro, el mejor de nuestros aliados puede convertirse en toda una pesadilla para nuestras ciudades. Éste punto es, tal vez, uno de los menos pulidos, pero aún así las posibilidades para entablar relaciones con los demás rivales son bastante extensas.
Como en anteriores ediciones de la saga “Total War”, nuestras ciudades crecerán y se harán cada vez más poderosas mientras nosotros nos esforzamos por construir todo tipo de edificios. Pero claro, nuestros aldeanos son exigentes, por lo que tendremos que tener cuidado de que no surjan revueltas, muy a la orden del día sobre todo en ciudades recién conquistadas. Dentro de las anteriormente mencionadas ciudades y castillos, vamos a poder entrenar diferentes unidades dependiendo de los edificios que dispongamos, sin embargo, no todos nuestros súbditos van a tener un fin bélico, sino que también podemos contar con diferentes unidades civiles, como diplomáticos, mercaderes y sacerdotes. Estos últimos serán de gran importancia si queremos ascender en la escala del Vaticano y colocar a uno de nuestros hombres en el trono de la santa sede. El espía no podía faltar, convirtiéndose en una figura muy importante si queremos tener vigilado en todo momento a nuestro enemigo.
|