| Nido 3 |
06-12-2006 17:28
Por: Nachob
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nido.
(Del lat. nidus).
1. Especie de lecho que forman las aves con hierbas, pajas, plumas u otros materiales blandos, para poner sus huevos y criar los pollos.
2. m. Sitio donde se acude con frecuencia.
3. m. En los hospitales y maternidades, lugar donde están los recién nacidos.
Lo miraban agitarse dentro de la urna de cristal. Pequeño, rosado y arrugado, pataleaba y meneaba sus manitas dando simulados puñetazos al aire. “Buena señal”, les había dicho el pediatra, “es el más movido de toda la sala”. Pero inmediatamente se arrepentía y para no pillarse los dedos, añadía: “No obstante eso no significa nada. Esto es la U.C.I. de maternidad, la unidad de prematuros. Cada día es una nueva aventura... un pequeño milagro”.
Aún así no podían evitar hacerse esperanzas. Le veían ahí, tan indefenso pero tan vital, contemplándoles con esos ojillos oscuros y bostezando y abriendo la boca sin parar, y notaban un calor por dentro como jamás habían creído poder sentir. Y cuando le tocaban, percibían emocionados aquella piel suave y aquel temblor de conejillo, tan tierno. Nunca habían sido creyentes, pero no podían evitar hacer algo parecido a rezar, implorando a lo que fuera o fuese que su niño tuviese suerte, que saliera adelante, que ellos se encargarían de darle todo el amor del mundo. Por eso su joven madre sollozaba a veces mientras le pasaba la mano con delicadeza por la pequeña cabecita, y él tocaba el largo pelo de ella tratando de reconfortarla, repitiéndole y repitiéndose una y otra vez que todo iría bien.
Además era el que más posibilidades tenía de todos. Con 29 semanas de gestación, era fácilmente viable. Sólo era cuestión de aguantar un poco más. El panorama no era tan descorazonador como por ejemplo el del nido 7, que, aunque nació con más tiempo y mejor peso, padecía una dolencia cardiaca. Los médicos ya habían avisado que era un caso peliagudo, y que pasaría en breve por varias operaciones, a cada cual más complicada. Los padres de la pobre criatura eran la viva imagen de la desolación. Permanecían el breve tiempo que les dejaban de visita a su lado, consternados, ella sin dejar de acariciarlo, él con los ojos arrasados en lagrimas. Es curioso como se pasaba de la ilusión desbordante del primer hijo al desconsuelo más amargo cuando el destino te jugaba esa mala pasada. No podían evitar sentir lástima del calvario que esperaba a aquellos padres. Y, al hacerlo, ellos mismos sentían un escalofrío, como de un peligro mal conjurado.
Pero desde luego lo peor era lo del nido 3, justo a su lado. Al contrario de las otras, la sofisticada y ultramoderna cuna que albergaba a su ocupante estaba casi siempre cubierta con una funda, que raramente se quitaba. Además no encendían la luz de esa zona, lo que le daba un aspecto aún más lúgubre. Cuando lo miraban, se estremecían de pies a cabeza, y les hubiera gustado poder santiguarse si no hubiesen perdido ya la costumbre de hacerlo.
El bebé que la ocupaba había nacido con 20 semanas escasas, y muchos problemas. No había llegado a pesar ni 400 gramos, que además iban disminuyendo día a día. Apenas formado, lo dieron por muerto hasta que un leve movimiento de sus manitas hizo que los sanitarios se agarraran a esa tímida esperanza y lo conectaran a cuanto aparato tenían, tratando de mantenerlo con vida. Enchufado a tubos, sondas y a un respirador que le ocultaba por completo su minúscula carita, llevaba dos semanas aguantando contra pronóstico aferrándose a la vida como un suspiro. “Es imposible”, repetían taciturnos los especialistas cada vez que lo examinaban. Verlo hacía que se cayese el alma a los pies. Por eso todos evitaban acercarse.
Además era el bebé menos visitado del Hospital. Todos los días, una hora por la mañana y otra por la tarde, los padres se acercaban a la unidad y trataban con su presencia de insuflar ánimos a sus retoños. Les mimaban, hablaban y prometían cuidarlos el resto de sus vidas. Lloraban, sonreían, blasfemaban y se miraban unos a otros, buscando mutuo consuelo. Los que tenían mejor pronóstico animaban a los más desesperanzados y, en el fondo, todos querían creer que la mayoría de ellos, y sobre todo el suyo, saldría adelante.
Pero el nido 3 recibía escasas visitas. Y no era porque el bebé hubiese sido abandonado, sino porque hasta en esto tenía mala suerte. Una enfermera les comentó la historia. La madre era una joven de nacionalidad rumana, que vivía en un pueblo a más de 200 kilómetros de la capital. No tenía familiares aquí, y el padre se había desentendido de ellos. Trabajaba mañana y tarde, y las comunicaciones eran muy malas, con lo que sólo ocasionalmente podía acudir a ver a su hijita. Ellos, de hecho, sólo habían coincidido con ella en dos ocasiones.
La primera vez no sabían todavía quien era, cuando al salir de la visita la vieron discutiendo amargamente con la enfermera jefe. Había llegado tarde, y esta última, inflexible, no la dejaba pasar a verla a pesar de que la pobre chica le suplicaba entre lagrimas, tratando de hacerse entender en un penoso castellano, que había tenido problemas con el tráfico, que no podría regresar en varios días, que por misericordia se lo pedía. Pero la enfermera no cedió, tal vez recelosa por el aspecto desaliñado de la muchacha, vestida con unos ajados vaqueros, una camiseta rota y una chaqueta usada y pasada de moda. A lo mejor pensó que tenía problemas con las drogas y que podía hacer daño a su retoño. O tal vez quiso castigarla por tenerlo a su juicio tan abandonado. Al final cerró la puerta de la sala impasible a sus ruegos, y contemplaron cómo la mujer caía al suelo llorando desconsolada, impotente, mientras se tiraba de los pelos. A ellos les dio pena, pero un matrimonio mayor que salía de ver a su nieta, comentó en voz baja que vaya teatreros que eran estos extranjeros, y que lo mejor que podía hacer es darla en adopción, para que unos padres de verdad se ocuparan de la pequeña.
La segunda vez que la vieron fue unos días más tarde, al lado de la cuna de su hijita, sentada, rozando levemente con las yemas de los dedos su cabecita, mientras cantaba por lo bajo una dulce canción en su idioma. La chiquitina parecía responder a sus caricias, y parecía calmada, en paz. Continuaba mostrando un aspecto tan andrajoso como la vez anterior, pero apreciaron que no era por suciedad, sino por la pobreza y antigüedad de su ropa. Viéndola más de cerca se dieron cuenta de que casi era una niña, pequeña y delgada, pero que tenía el rostro marchito y cansado. Parecía que la vida no la había tratado muy bien. No era fea, y poseía unos hermosos ojos azules que la visión de su bebe hacía que estuviesen llenos de vida, pero el pelo descuidado, las canas prematuras y las manos arrugadas, daban constancia del trabajo duro y de los sinsabores por los que debía haber pasado. Aun así la inmensa ternura con que trataba a su hija les emocionó, y se quedó en su recuerdo, clavado en su memoria. Después se marchó sola, sin hablar con nadie, como un animal asustado, con su bolso descosido y su mirada huidiza de presa fácil.
Luego nadie había vuelto a visitarlo, hasta esa misma tarde. Cuando entraron se lo encontraron frente a la cuna, de pie, mirando al bebé. En un primer momento pensaron que se trataba del padre, que por fin había decidido asumir sus responsabilidades. En todo caso les chocó que no llevase la bata verde que por higiene les obligaban a ponerse, y por otro lado, su actitud también les pareció extraña, ahí inmóvil, sin apartar ni un momento los ojos de la niña. Además tenía un aspecto oscuro, sombrío. Su apariencia siniestra podía haberles hecho sentir temor, pero en cambio les transmitía una enorme sensación de paz.
Se dedicaron a atender a su hijito, y ya habían pasado unos minutos cuando el extraño de pronto comenzó a hablar. Lo hizo sin dirigirse a ellos, pero sabiendo que obviamente le estaban escuchando. De hecho eran los únicos que podían oírle. Tenía una voz profunda, suave, que parecía llegarles de todas partes. No se movió un ápice de su sitio en ningún momento.
Les contó que la madre había llegado con dieciséis años a nuestro país, huyendo de la miseria del suyo y de los abusos de un padrastro cruel. Con la esperanza de encontrarse con un hermano mayor que trabajaba aquí, había cruzado Europa sin dinero ni compañía, tras el anhelo de una vida nueva. Pronto había descubierto el egoísmo y la crueldad de los hombres, y tuvo que pagar con su propio cuerpo cada favor recibido. Pero qué otra cosa podía hacer. No tenía a nadie. Y así, a la edad en que otras siguen jugando a las muñecas, ella ya era obligada a satisfacer los instintos más bajos de cuantos se cruzaban en su camino y necesitaba para avanzar hacia su sueño dorado. Luego cuando llegó no descubrió rastro de su familiar, y se encontró aún más sola, sin nadie que la ayudará, en una tierra de la que no conocía ni el idioma y donde fue víctima propiciatoria de nuevos explotadores sin escrúpulos. Sin más recursos que ella misma, vagó de un lugar a otro persiguiendo el fantasma de su hermano, que desaparecía una y otra vez. Mientras tanto su alma se iba endureciendo, y su cuerpo se iba marchitando cada vez más. Acabó en un pueblo perdido en mitad de la nada, donde un cuarentón amargado la dio trabajo de camarera en un bar de carretera, por una miseria. Pero aquello era mejor que prostituirse, y se aferró al sueño de poder empezar de cero otra vez.
Trabajaba mañana y tarde todos los días de la semana, sin contrato y bajo continuas amenazas, pero llegó a pensar que aquello podía ser vida. Sin embargo, pronto su juventud fue un reclamo para las insinuaciones y atrevimientos de los desalmados clientes de aquel tugurio, y nuevamente tuvo que sobrevivir sin nadie que la ayudase. Su propio jefe llegó a exigirle ciertas contraprestaciones si no quería ser denunciada a las autoridades, y ella, cansada de escapar, cedió una vez más.
Luego, un buen día, apareció él, con su prestancia y su simpatía, sonriendo y bromeando con unos y con otros. Y cuando un sudoroso y barrigudo caminero se metió con ella, salió en su defensa. Le miró como si fuera una aparición. Por primera vez en su vida alguien la había protegido. A continuación se dirigió a ella con amabilidad, se preocupó por su estado. Le dijo que tenía unos ojos bonitos (lo que desde luego era cierto), y fue dulce con ella. La invitó a salir, y le habló de sueños y futuro. Y ella, que no tenía ya piel que protegiera su corazón, se lo dio. Le amó desesperadamente y se entregó a él.
Al día siguiente descubrió que todo había sido un espejismo, y que él había seguido su camino, después de obtener lo que deseaba. Recogió los pedazos de su alma y regresó a su infierno cotidiano.
Semanas más tarde supo que estaba embarazada, y aunque cualquier otra en su situación se hubiese sentido desgraciada, esa nueva vida en su interior la llenó de esperanza e ilusión. Ella había tenido mala suerte, pero tal vez su hijo pudiera ser dichoso en aquella nueva tierra. Fue la época más feliz de su vida, a pesar del duro trabajo y las rudas exigencias de su patrón, que viéndola engordar recrudeció su maltrato y pretensiones. Llegó a insultarle e incluso pegarle, pero ella, cogiendo un cuchillo, se lo puso en el cuello jurándole que si hacía daño a su bebé le mataría. Aquel cerdo era un cobarde, y viendo la determinación de sus inmensos y derrotados ojos azules, tuvo miedo y la dejó en paz, al menos momentáneamente. Sin embargo, siguió intimidándole con llamar a la policía, y le hizo trabajar hasta la extenuación. Hasta que por fin, un día, mientras repartía la cena a un grupo de vociferantes y malencarados asiduos, su cuerpo no pudo aguantar más y se rompió, empezando a sangrar. Todavía tardaron dos horas en llevarla hasta un médico, que asustado ordenó su traslado urgente a un hospital de la capital.
Al final, el bebé, una niña, sobrevivió a duras penas, y fue llevada a esa sala. Su madre escapó en cuanto pudo del Hospital, aún convaleciente, temerosa de ser delatada y expulsada del país, y se refugió en el único lugar que tenía, donde no paró de rezar por su hijita. Desde entonces había tenido muchos problemas para que su jefe le diera un poco de tiempo libre y poder acudir a verla. Y cuando lo tuvo, se encontró con que no tenía forma de llegar hasta la capital. Uno de los clientes habituales del garito vio su oportunidad y se ofreció a llevarla, naturalmente a un precio. Y ella, otra vez, capaz de cualquier cosa por ver al amado fruto de sus entrañas, se arrodilló y tragó su vergüenza.
No se atrevían ni siquiera a mirar al hombre que les estaba hablando. Era lo más triste que habían escuchado nunca, y sintieron una enorme pena por aquella delicada e infeliz muchacha. Se sintieron culpables por haberla ignorado, sin haber sido capaces de tener siquiera un gesto de amabilidad o mera cortesía con ella.
El continuó con su narración, contando cómo esa misma tarde ella lo había preparado todo para venir a visitar a su bebé en el coche del pérfido cliente. Después de cumplir con la contraprestación exigida, montó en el asiento del vehículo, mientras aquella bestia, apestando a alcohol y vómito, refunfuñaba y se resistía a llevarla. Ya en una ocasión anterior, después de que ella hiciera todo lo que le pidió, había decidido en el último momento no ir, y ella tuvo que aguantarse su rabia, conformarse y quedarse sin poder ver a su pequeña. Por eso estaba temerosa de que se repitiera el caso, y no se atrevía siquiera a pronunciar una palabra, a pesar del miedo que tenía a que el evidente estado etílico del sujeto les impidiera partir. Tenía que ver a su hijita. Hacía días que sentía un dolor infernal en el bajo vientre, y sangraba mucho. Tenía miedo a que algo le pasara antes de poder despedirse de ella. Había decidido dar a la niña en adopción, porque ya no tenía fuerzas ni esperanza de poder criarla. Aunque ello supusiera el fin de la única luz de su mundo. Pero sabía que era la única oportunidad de su bebé.
Aquel energúmeno se salió en una curva y rodó cuesta abajo durante más de cien metros. Él murió en el acto. Ella salió despedida del vehículo y cayó sobre la maleza. Cuando llegaron los primeros testigos a ayudarla, yacía en medio de un charco de sangre, con sus hermosos ojos azules muy abiertos, llenos de lágrimas que resbalaban por sus manchadas mejillas. Parecía que rezaba o hablaba con alguien. Falleció minutos más tarde.
De repente un sonido estridente les asustó. Las máquinas conectadas a su hijo daban la alarma, y un montón de uniformes blancos vinieron corriendo y se precipitaron sobre él. Sus pulmones estaban fallando. El niño no podía respirar, se iba. Impotentes y atónitos fueron apartados mientras doctores y enfermeras se afanaban infructuosamente sobre aquel pequeño cuerpecito. Su primogénito agonizaba delante de ellos y no podían hacer nada.
Oyeron la voz del hombre tras ellos. Les dijo: “Vivirá, y la niña también. Y ambos crecerán fuertes y sanos, y tendrán una oportunidad. Es el pago que os doy porque la criéis como vuestra propia hija”.
Cuando se giraron el desconocido había desaparecido. Los penetrantes sonidos de los aparatos cesaron, y los médicos respiraron aliviados. Él encontró en su bolsillo una nota manuscrita de la madre en la que le atribuía su paternidad, y no dudaron que una prueba de ADN lo corroboraría igualmente si fuera necesario. No habría cabos sueltos. Miraron a su hijo y a su nueva hija, y juraron amarlos y cuidarlos por encima de todo. No en vano habían visto llorar a la propia Muerte.
Sobre el nido 3 la luz se encendió.
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:-D Nido 3 |
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24-11-2008 17:48 |
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Pues a mi me ha parecido sencillamente maravilloso.
Un buen escritor describe con igual acierto terror o emotividad, su genio no está sometido a la temática, y aquí has demostrado versatilidad, me has emocionado, me has hecho sentir empatía, me has abatido, me has hecho sentir miedo al intuir un final trágico, de manera que en esta ocasión, más que nunca, te he agradecido esa sonrisa en los labios que nos sacas con tus finales.
¡Enhorabuena!
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Me gusta |
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17-04-2007 23:22 |
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Umm… En mi humilde opinión, creo que el problema es que te ha faltado cuadrar con más acierto el cuerpo del relato con el final. El desarrollo forma una imagen al lector que en nada tiene que ver con el desenlace final, e ahí la falta de concordancia. Creo que esto es lo que pierde al lector y le deja un poco descolocado, generando por consiguiente una sensación de desequilibrio en la opinión final.
Por lo demás, un relato muy currado que parte de una muy buena idea; bien desarrollado y, al fin y al cabo pese a toda crítica, un final inesperado.
Hace poco que he vuelto por estos mundos. Un verdadero placer leerte Nachob.
Un abrazo.
Tokrand
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RE: Me gusta |
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18-04-2007 13:59 |
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Muchas gracias por el comentario. Pienso además que es muy acertado. De hecho, gracias a él y a otros similares, rehice este texto íntroduciendo unos párrafos más que creo que mejoran esa conexión.
Ahora necesitaré lectores avezados que lo valoren. Es una de las cosas que me gusta de la página, que ayuda aprender y a mejorar.
Cuando publique las nuevas versiones lo comentaré en el foro.
Gracias de nuevo, se agradecen mucho los comentarios.
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Me ha decepcionado |
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13-02-2007 18:32 |
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Lamentablemente, el relato no me ha gustado. Con ese principio tan prometedor (maravillosa la descripción del bebé que, pese a su estado, da muestras de una esperanzadora vitalidad) esperaba otra de tus historias trágicas y conmovedoras. Pero no ha sido ésa la impresión que me ha causado. Toda la historia de la chica es muy melodrámatica, muy lacrimógena, pero no me ha parecido emotiva. La encuentro bastante plana, tópica y previsible. Por contra, no he hallado esa sutileza y sensibilidad de otros escritos tuyos, ni esa profundidad y capacidad reflexiva.
Como puntos buenos, el mencionado inicio, la redacción muy buena, y el elemento fantástico del final, aunque algo extraño, ingenioso (me ha recordado al final de "El encuentro").
Un saludo. Nos leemos.
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RE: Me ha decepcionado |
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13-02-2007 21:22 |
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Me da mucha pena que no te haya gustado, que le vamos a hacer. No se puede tener todo.
Era una apuesta muy fuerte, tratando de hacer una historia lo suficientemente trágica para que justificase el final fantástico.
En todo caso la imagen de la perdedora que antes de morir suplica a la propia muerte que salve a su pequeña, es de las que más me han conmovido. Lamento no haber sabido plasmarla mejor (probablemente me habre pasado en dramatismo).
Nos leemos...;-)
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RE: tú quieres hacerme sentir mal... |
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11-01-2007 08:53 |
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Muchísimas gracias Solharis por tu comentario. Ya pensaba que nadie iba a decir nada sobre él (precisamente uno de los que más me ha costado escribir), pero veo que los veteranos sois de confianza.
Este es un relato algo atípico, como puedes apreciar, dado que es en extremo dramático. Pero como ya he señalado en otro comentario, me salió así por motivos concretos.
Me gusta que hayas apreciado la contraposición entre el tono triste del mismo y el final de fantasía. En todo caso se trata de un relato emotivo, por lo que no te tiene que preocupar que comparta algún elemento con otros menos melodramáticos o sentimentaloides, que seguro que son más entretenidos. De hecho, yo ahora estoy dejando un poco este tipo de relatos para volver a los más superficiales pero tremendamente divertidos cuentos de terror o ciencia ficción. Ya basta de desgracias.
Así que ya estas mandando algún estupendo relato de los tuyos, para alimentarnos un poquito el cerebro y relajarnos el alma. Estoy deseando leerlo.
P.D.: Osea que esperando que pase enero... La verdad es que dado el nivel alcanzado, cualquiera se atreve (yo cuando mandé el último, un cuentecito de terror, y luego vi publicado el del agujero, me sentí casi avergonzado, pero me he puesto el reto de mandar un relato por mes al menos, así que, a sufrir).
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RE: tú quieres hacerme sentir mal... |
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11-01-2007 15:21 |
Nachob dijo: Muchísimas gracias Solharis por tu comentario. Ya pensaba que nadie iba a decir nada sobre él (precisamente uno de los que más me ha costado escribir), pero veo que los veteranos sois de confianza.
Este es un relato algo atípico, como puedes apreciar, dado que es en extremo dramático. Pero como ya he señalado en otro comentario, me salió así por motivos concretos.
Me gusta que hayas apreciado la contraposición entre el tono triste del mismo y el final de fantasía. En todo caso se trata de un relato emotivo, por lo que no te tiene que preocupar que comparta algún elemento con otros menos melodramáticos o sentimentaloides, que seguro que son más entretenidos. De hecho, yo ahora estoy dejando un poco este tipo de relatos para volver a los más superficiales pero tremendamente divertidos cuentos de terror o ciencia ficción. Ya basta de desgracias.
Así que ya estas mandando algún estupendo relato de los tuyos, para alimentarnos un poquito el cerebro y relajarnos el alma. Estoy deseando leerlo.
P.D.: Osea que esperando que pase enero... La verdad es que dado el nivel alcanzado, cualquiera se atreve (yo cuando mandé el último, un cuentecito de terror, y luego vi publicado el del agujero, me sentí casi avergonzado, pero me he puesto el reto de mandar un relato por mes al menos, así que, a sufrir).
Intento comentar todos los relatos que atraen mi atención (si me aburro con un relato no lo hago). Eso sí, reconozco que suelo demorarme un poco. Soy algo vago pero cumplo.
Sí estoy esperando a que pase enero porque los relatos ganadores (que tengo pendiente por comentar) vienen muy fuertes... Demasiada competencia.
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tú quieres hacerme sentir mal... |
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10-01-2007 21:26 |
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Casualmente tengo un relato con un tema parecido listo para enviar, esperando a que pase este enero de relatos ganadores... Y claro, leyendo este relato tan emotivo el mío me parece una canallada y una inmoralidad. Me parece difícil escribir relatos con esta sensibilidad, así que tomo nota. Quizás la historia de la mujer es un poco típica pero me gusta el elemento fantasioso del final. Sin ese elemento creo que hubiera quedado algo pobre la historia, como de telenovela. Pero se salva.
Vamos, que se te da muy bien este estilo.
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Muy bueno |
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06-12-2006 17:32 |
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No todo lo emotivo que hubiera esperado, tal vez por la tragedia tan trágica que resulta estereotípica, pero muy bien escrito. El final muy ingenioso y muy bien traído, rematando genialmente el relato.
Un placer leerte de nuevo
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RE: Muy bueno |
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10-12-2006 20:52 |
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Gracias Akhul. En mi opinión, los relatos basados en las emociones son más complicados que los puros relatos de ciencia ficción, suspense o terror, o al menos a mi me están resultando así. Estos últimos son más parecidos a un juego de ajedrez, donde debes encajar las piezas, para dar el mate final. Pero los sentimentales….
Aquí, aparte del valor del estilo, ritmo y recursos del relato (que agradezco los comentarios porque son los que hacen aprender como escribir), se juntan dos valoraciones más:
- La subjetividad del lector. No a todos nos emocionan las mismas cosas. Así, hay relatos que te llegan especialmente por la sensibilidad que tienes en general o en ese momento mismo sobre el tema (por ejemplo un desengaño amoroso…)
- El síndrome de lo que yo llamo el negrito desnutrido. Es tal la avalancha de información y ataques emotivos que vivimos, que estamos un poco en cortocircuito (normal, si no estaríamos todo el día llorando), lo que nos duerme un poco la emotividad.
Me gusta comentar mis relatos, de donde provienen y que quiero decir con ellos. En este caso el relato desde que se me ocurrió me corroía por dentro, y debo decir que literalmente me dolía al escribirlo. Eso es normal porque se basa en experiencias propias, y por tanto pongo cara a los protagonistas. Os cuento de donde procede.
Los tres bebes que describo existen realmente. Un amigo mío acaba de tener un niño sietemesino, y fuimos a verlo a la U.C.I. de prematuros. Ellos vendrían a ser los protagonistas (de hecho hoy en día ya esta fuera de la UCI), y enfrente tenían al bebe con problemas cardiacos y al lado un minúsculo ser como el que describo en el cuento. Se te caía el alma a los pies de verlo. Además es cierto, su madre vive lejos y no puede venir casi a verlo, porque las combinaciones de bus son malas. Es madre soltera, rumana y, aunque yo no la he visto, mis amigos me contaron que viene sola, así como un poco tímida. En ese momento se me ocurrió que pasaría si en uno de esos viajes le pasara algo.
Otro de los hechos que me inspiraron fue una chica que conocí a través de una amiga, abogada, que le llevaba un caso del turno de oficio. Era polaca, y trabajaba por las noches ‘cuidando ancianos’, eufemismo bastante obvio. Era un ser duro, una superviviente nata. Tenía un niño pequeño, y un día, de repente, nos soltó en un bar que nada más llegar a España tuvo otro que nació muerto. Y añadió a continuación que había sido mejor, porque era del ‘cabrón que la trajo aquí y que la violó el primer día’. Nos quedamos petrificados. No es que pasará un ángel, es que pasaron legiones enteras antes de que pudiéramos articular palabra.
El tercero motivo de inspiración es otra chica que conocí, amiga de la amiga de un amigo, que coincidimos en un concierto. Era argentina, y había venido a España con 20 años en busca de unos familiares que nunca aparecieron. Era un ser frágil y delicado, muy tierno, con una mirada tremendamente dulce. Me contó que tuvo mucha suerte de encontrarse con gente buena, porque llegó a sentirse tan sola y estar tan mal que hubiera hecho cualquier cosa. Es el rostro que yo pongo a la protagonista.
Por último me inspiro también una noticia que leí hace ya bastantes años, pero que me impacto mucho. Llegaron a hacer una película de esas de arte y ensayo que ganan festivales y se olvidan enseguida. Era sobre una niña de 14 años, gitana en Rumania, que se lía con un camionero joven alemán, que se fue a su tierra tras ‘desflorarla’. Ella, que tiene miedo de decírselo a sus padres por motivos obvios, decide ir a buscarlo a Alemania, y se pone a hacer autostop. Unos camioneros acceden a llevarla, pero a cambio de ciertos favores. La policía los detuvo en Alemania, y al registrar la cabina encontró a la pobre muchacha en unas condiciones tan lamentables, que la tuvieron que ingresar en un hospital muy grave.
De todas estas ideas me surgió la del relato, porque pensé que si las combinaba, la historia iba a resultar tan triste, que daría pena incluso a la propia muerte.
En todo caso creo que estamos para aprender, y yo lo he hecho con este relato. Ojala consiga incluso emocionar un poquito.
En fin, mañana me pondré al día con los nuevos relatos y comentarios.
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RE: Muy bueno |
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13-12-2006 09:23 |
Nachob dijo: De todas estas ideas me surgió la del relato, porque pensé que si las combinaba, la historia iba a resultar tan triste, que daría pena incluso a la propia muerte.
Como dices, cada uno tenemos nuestra sensibilidad y nuestro nivel de saturación, pero creo que precisamente conmigo no ha funcionado por el exceso, por la combinación. Aunque, como dice mi madre, la realidad supera a la ficción, la ficción en ocasiones debe ser más moderada. Aunque parezca paradójico.
En cualquier caso, soy un poco raro para los relatos emotivos, así que tampoco te fíes mucho de mi opinión en este campo.
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