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Tratándose de un “juego” de artes marciales, la ambientación es clara. Los programadores han decidido situar un jardín oriental en medio de la ciudad, un remanso de paz. Lagunas, nenúfares, cascadas, rincones que invitan a la tranquilidad. En ese ambiente se desenvuelve León, nuestro instructor, nosotros aparecemos en una ventana con la silueta de León superpuesta, por este motivo será importante que introduzcamos nuestros datos correctamente al principio. Para realizar bien los ejercicios tendremos que mantenernos dentro de la silueta del profesor. Mientras guardemos la posición veremos una especie de aura verde rodeándonos, pero si vamos a destiempo aparecerán aureolas rojas en las partes de nuestro cuerpo que estén fuera de lugar, es decir, verde bien, rojo chungo.
Si le hemos dicho a la máquina que somos un fornido vigilante de la playa de 1,90m, bien musculado y en realidad somos más parecidos al entrañable Michelín, estaremos rebozados en rojo todo el rato. Quizá este sea uno de los aspectos que entraña más dificultad. Muchos de los movimientos están pensados para ser realizados mirando a los lados y eso implica dejar de mirar la pantalla y por tanto, perder de vista la silueta del profe. Esto significa que debemos aprender bien los movimientos, que hay que invertir tiempo y realizar algunos ejercicios del programa de forma intuitiva, sin mirar. Evidentemente, los primeros resultados no serán demasiado buenos y eso puede desanimar a más de uno.
Gráficamente el juego no tiene ninguna pega, en las pantallas de lucha contra objetos cuando aparecen más elementos en escena demuestra ser perfectamente capaz de captar nuestros movimientos e interactuar de forma correcta. Por otro lado, las animaciones de los profesores son perfectas y permiten aprender los movimientos con facilidad, es decir, que si no os sale es por vuestra culpa, no por la máquina. Para terminar con este apartado insistir en la importancia de un entorno bien iluminado y espacioso. Con lo contenta que se pondrá vuestra madre al veros hacer ejercicio no se trata de estropearlo todo cargándoos su lámpara preferida.
Meneando el esqueleto…
"Kinetic Combat" tiene una discoteca bastante amplia con diferentes estilos de música electrónica. Ambient, house, urban, mucho rollito chill out… se trata de que la música nos facilite la tarea y nos anime cuando sea necesario, pero sin despistarnos. Si decidimos crear nuestras propias rutinas de entrenamiento podremos decidir qué música escuchar mientras las realizamos; podremos elegir una música tranquilita para los ejercicios de respiración o algo más movido para esfuerzos fuertes, aunque si no tenéis costumbre los primeros días la música será el menor de vuestros problemas.
Mención aparte merece el capítulo de las locuciones. El juego está totalmente traducido al español, menús y diálogos. Durante los ejercicios el profesor nos dará instrucciones continuamente sobre cómo realizar las actividades, además nos dará consejos sobre respiración o nos informará de cuántas repeticiones quedan. Estas voces están muy bien acopladas al desarrollo de los ejercicios y son básicas. Las voces de doblaje que han elegido son agradables y en ningún momento desaniman, todo lo contrario, aunque los resultados del ejercicio no sean para tirar cohetes el profesor te da consejos útiles y te incita a seguir intentándolo. Es cierto que las primeras veces es difícil estar atento a todo, a tu silueta en la pantalla, a la voz del profesor diciéndote hasta donde tienes que subir la pierna, a acordarte de respirar, a no esmoñarte sobre el parqué… pero es una cuestión de práctica, muchachos.
Entonces, ¿qué?...
"EyeToy Kinetic Combat" es una agradable sorpresa. Supone explorar posibilidades diferentes a lo habitual para la joya negra de Sony. No siendo un juego en sentido estricto es ameno y tiene unas posibilidades de interacción enormes. Gráficamente está bien acabado y el tema del Kung Fu puede resultar sugerente para mucha gente. Tiene el componente añadido de poderse utilizar como argumento en contra de los que ven en los videojuegos la razón principal del sedentarismo juvenil en Occidente. Pero "Kinetic Combat" requiere cierto esfuerzo, cierta constancia y litros de bebida isotónica. Al principio vuestras actuaciones serán dignas de un vídeo, como el de aquel muchacho que, con un palo de fregona, emulaba a los Jedi, pero si perseveráis conseguiréis caminar sobre el papel de arroz con la sutileza del junco mecido por el viento. Recomendable.
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