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La pista es tuya compañero.
Situada en el Reino Unido (en Warwickshire más concretamente), y con una plantilla de trabajadores que no supera la treintena, FreestyleGames planea reinventar el mundo del videojuego con sus locas creaciones. Fundada en el año 2002, sus experimentados empleados lograron firmar un contrato con SCEE (Sony Computer Entertainment Europe) para que les distribuyera su nueva concepción musical, y el resultado final es el que podéis ver aquí ante vosotros. El breakdance ya lleva mucho tiempo entre nosotros, y ahora parece sentar escuela en el mundo del ocio electrónico con varias versiones para las plataformas del gigante nipón. Veamos qué tal les ha salido la jugada, ya que su planteamiento de meternos en la piel de un joven rapero, si bien no es original, sí que es inédito hasta el día de hoy en el catálogo de PSP.
Jugabilidad
El nuevo prisma que intentan mostrarnos los desarrolladores ingleses parte de una iniciativa bastante potente que, a la postre, no acaba de funcionar como debería. Recogiendo lo básico de los juegos de lucha, combinándolo con los títulos musicales de incipiente aceptación, llega "B-Boy". Dejando de lado algunos tabúes violentos de la cultura break, el título versa su concepto principal en la autodisciplina, la superación personal, y sobre todo, el respeto hacia los rivales. Dicho esto, desde el propio menú principal podremos acceder a las dos modalidades básicas del juego: el modo carrera denominado “Livin' Da Life", y su contrario "B-Boy Jam", que parte de una iniciativa mucho más arcade. El primero de ellos responde al arquetipo por excelencia de los modos "carrera". Deberemos crearnos un breaker completamente personalizado y variar todo tipo de atributos de su carácter físico, tales como el color de piel, bello facial, sexo, peso o altura (entre otros). Una vez realizados los cambios oportunos, se nos presentará un completo menú desde donde accederemos a las distintas variantes posibles.
Entrenar desde la misma sala en la que estamos, recibir avisos de nuevas competiciones, y batirnos contra otros breakers en la pista, serán algunas de nuestras prioridades a la hora de dar forma al modo de juego principal. La otra modalidad nos presenta los duelos propiamente dichos, añadiendo la posibilidad de elegir un B-Boy de la vida real como personaje, así como varios modos de dificultad creciente. Poco más que añadir al respecto, salvo que en esta última modalidad nuestros personajes tendrán mucho más estilo que otras figuras no consagradas del gremio (como nuestro perfil en el Livin' Da Life).
Ya en la pista de baile, la mezcla de géneros es más que evidente. Comenzamos siguiendo el ritmo de la música a la par que asestamos el mayor número de combos posibles. La sincronización debe ser aquí nuestro mejor aliado, ya que cuanto mejor llevemos el ritmo y mejor combinados estén los combos, mayor puntuación nos será otorgada, y como habréis podido adivinar, será el que mayor puntuación tenga el que se lleve el gato al agua. Según vaya transcurriendo la partida (y a medida que las rondas vayan pasando por nosotros ojos), aprenderemos movimientos completamente nuevos capaces de inflingir más puntos que los anteriores, los cuales (sumándose uno tras otro) podrán alcanzar la friolera de 800 distintos (palabra de los creadores, desde aquí no los hemos sacado todos).
La respuesta de los botones, por su parte, no acaba de resultar muy óptima. Pulsamos y la representación en pantalla es algo lenta, lo que incita a que nos equivoquemos en un buen número de ocasiones, y dificulta que las competiciones más reñidas no acaben tan bien como nos gustaría. Vamos, que los chicos de FreestyleGames nos traen un juego muy completo e intuitivo que sin embargo peca de no ser preciso cuando más falta le hace.
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