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El tren camina y camina, y la máquina resuella...
De nuevo el bueno de Sid nos vuelve a sorprender con una agradable reedición de una de sus obras más antológicas y que, a buen seguro, causará nostalgia entre los más viejos del lugar. Como es sabido, el creador de obras maestras como "Civilization" o "Alpha Centaury" es considerado todo un visionario en el mundillo del videojuego. Últimamente estamos viendo cómo muchos de los títulos que lo llevaron a ser considerado una de las mentes privilegiadas en esto del ocio electrónico están volviendo a nuestros discos duros con un impresionante lavado de cara y algunas mejoras, pero manteniendo la quintaesencia que un día los caracterizó. Ya lo vivimos con "Sid Meier`s Pirates!", y ahora le toca el turno a uno de los predecesores que asentaron las bases de lo que hoy conocemos como gestión estratégica.
Parece que todo lo que toca Sid se convierte en un éxito, y es que, aunque siempre parte de ideas sencillas, como una isla pirata o un complejo ferroviario, el resultado final siempre viene envuelto por esa sensación de que las cosas se han hecho bien, y de estar ante un juego en principio sencillo, pero que posteriormente nos ofrece un sinfín de posibilidades jugables. Esta es la teoría, ahora veamos cómo todo esto se traduce en diversión pura y dura.
¡Viajeros al tren…!.
Jugabilidad
Cuando probamos "Sid Meier`s Railroads!" tenemos la impresión de estar jugando con la base misma de la gestión estrategia. Cada uno de nuestros pasos puede llevarnos al mayor de los éxitos o al peor de los fracasos. Y es que no podemos engañarnos, esto de dirigir una empresa de trenes no es tan sencillo como nos lo pintaban. El juego nos propone vivir y participar de manera directa en uno de los acontecimientos que marcaron el desarrollo del transporte y la industria en estos dos últimos siglos; el nacimiento y consolidación del ferrocarril. De acuerdo, puede parecer que esto de dirigir trenes de un lugar a otro suena a cosa de críos y tiene poca miga, pero conforme nos vamos adentrando en los extensos escenarios que se nos proponen, cambiaremos de idea sin darnos cuenta. Para construir nuestro imperio tenemos a nuestra disposición lugares como Francia, Alemania, Gran Bretaña y, cómo no, Estados Unidos, cuna del “caballo de hierro”. En cada uno de estos escenarios, que en el caso de EEUU se dividen entre San Francisco, Nueva York y demás zonas importantes del país, deberemos cumplir una serie de objetivos antes de terminarse el plazo. Los diferentes desafíos que se nos plantean pueden ser, desde conectar una ciudad con otra por medio del tren, hasta suministrar a una gran urbe una ingente cantidad de la mercancía que solicite. Para llevar a cabo estas misiones tenemos una gran cantidad de herramientas, todas ellas enfocadas a ganar dinero, para así poder invertir en nuestra red ferroviaria en detrimento de la compañía rival, a la cual podremos adquirir si las cosas nos van realmente bien.
No es tan sencillo ser un empresario de prestigio, aunque sí es cierto que dependiendo del nivel de juego (fácil, normal y difícil) el cumplimiento de los objetivos será más complicado o más asequible. Al comienzo de la partida y tras haber escogido el escenario y la época en la que deseamos jugar, se nos da un pueblo con una estación y un poco de dinero para que invirtamos en nuestro primer tren y en su correspondiente vía. Aquí es donde comienzan tus dudas, ya que tienes a tu disposición un gran número de estrategias y de tu elección dependerá el transcurso de los acontecimientos. Entre el abanico de posibilidades encuentras: conectar tu ciudad con otra vecina y proveerla de todo tipo de mercancía, desde pasajeros y correo hasta oro, petróleo o coches; conectar tu red ferroviaria a una empresa y manufacturar tu mismo los productos para posteriormente transportarlos; o sencillamente comprar empresas en las diferentes ciudades y hacer que éstas sean rentables lo antes posible. Y es que si algo tenemos que tener en cuenta a la hora de jugar a "Railroads!" es la cadena de producción de los diferentes productos. El oro se extrae de las minas, se lleva a una ciudad en la que lo procesen, y de ahí, ya convertido en lingotes a otra urbe que lo reclame. Así mismo, el maíz, el ganado, el petróleo... sin procesar pueden ser útiles a las ciudades, pero procesados serán una verdadera fuente de riqueza. El escenario es rico en detalles, tanto en la orografía como en la disposición de las ciudades, pueblos y recursos.
Por cierto, si no conocéis cómo funciona el complejo mundo de la bolsa, puede que con "Railroads!" comencéis a descubrirlo. Especificaremos un poco más; cuando nuestro patrimonio comience a elevarse y dispongamos de suficiente efectivo como para invertir en compañías ajenas sin dejar de lado la nuestra, empezaremos a disfrutar de un verdadero juego de compra-venta de acciones que nos mantendrá enganchados al monitor durante horas. Funciona de la siguiente manera: tu empresa se divide en acciones, cada acción tiene un valor que va en proporción al nivel económico que poseamos. Cuando comenzamos a jugar, poseemos un determinado número de acciones de nuestra propia empresa, pero no controlamos otras muchas que pueden ser compradas por cualquier rival. Exacto, si por desgracia nos vemos obligados a vender nuestras acciones para obtener dinero y la competencia compra todas nuestras acciones, habremos perdido. Por el contrario, si nuestro enemigo es el que pasa apuros económicos y nosotros somos lo suficientemente habilidosos, podremos adquirir sus acciones y desbancarlo del sector ferroviario. Como se puede observar, son múltiples las formulas para ganar, desde la gestión de los recursos hasta la inversión en bolsa.
Todo lo dicho hasta ahora está muy bien, pero la verdadera esencia del juego reside en esos amasijos de hierro que desprenden humo llamados ferrocarriles, y esto lo podremos comprobar cuando, con el paso del tiempo vayamos disponiendo de una mayor oferta de trenes, cada uno con unas características propias que lo harán único, amén de que podremos personalizarlo a nuestro gusto, escogiendo los colores y el logotipo que queremos que muestren. El diseño, como comentaremos más adelante, ha sido muy cuidado y cada tren es una reproducción bastante parecida de su homologo real.
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