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Killzone cambia de registro, ¿Qué tal le habrá sentado?.
Desarrollado por Guerrilla, y criticado hasta la médula por el cambio de género respecto a su planteamiento original, nos llega uno de los títulos más rompedores de todo el catálogo de la consola portátil de Sony. Los desarrolladores, que admiten la influencia del primer “Metal Gear Solid”, parecen coger un poquito de aquí y otro poquito de allá para dar con el resultado de un juegazo como la copa de un pino, que bien podría ser un superventas de la consola. A pocas semanas del estreno del juego en Europa, os presentamos una primera toma de contacto bastante profunda sobre todo lo que hemos podido jugar a lo largo de la semana.
La historia planteada para la ocasión es totalmente inédita, presentándonos un capítulo ambientado dos meses después de la victoria de las tropas ISS sobre la revuelta de los Helghast. Nuestra nueva misión será la de detener las acciones de Armin Metras, un general con malas pulgas que resiste en la zona sureste del planeta Vekta. Tras capturar varios rehenes y conquistar el terreno sin más dilación, el caos y el terror se han apoderado del lugar. Jan Templar y Rico regresan para dar al traste con el plan del nuevo líder.
Jugabilidad
Impresionante sería la primera palabra que nos vendría a la cabeza para definir el nuevo concepto de “Killzone: Liberation”. El título es jugable hasta la saciedad, lo cual queda patente desde sus primeros compases, con unos controles bastante reducidos gracias a los cuales somos capaces de realizar un número de acciones muy a tener en cuenta. La mecánica es muy simple: desde una perspectiva en tercera persona deberemos cumplir los objetivos de la misión matando a todo aquello que se ponga en nuestro camino. La propuesta, que bebe de fuentes como “Metal Gear Solid”, parece presentarnos un juego que tiene más que ver con la saga de Pyro Studios “Commandos” que con otra cosa. La acción isométrica nos presenta unos detallados mapeados en tres dimensiones, por los que deberemos pulular con nuestras armas mientras controlamos a nuestros compañeros dándoles las órdenes oportunas (aunque sólo será en algunas misiones especiales). Con tan sólo pulsar hacia arriba la tecla direccional de la cruceta, podremos indicar la posición que queremos que ocupe nuestro aliado, así como si queremos que nos escolte, si deseamos que utilice un arma estática del escenario (como una ametralladora), o si queremos que ponga algún elemento en el decorado, como un C4 que haga bastante daño a la infraestructura enemiga.
El control de nuestro personaje, por su parte, se limita al stick analógico de la consola, respondiendo de forma muy suave y directa en función del grado de inclinación del stick. Dispondremos de un botón para disparar, y otro para lanzar nuestra arma secundaria. Asimismo, podremos realizar acciones concretas en el escenario, las cuales quedarán remarcadas de forma muy clara y en las que deberemos mantener pulsado un botón durante cierto periodo de tiempo. Desactivar minas o implantar bombas serán algunas de las acciones que será posible realizar en función de lo dicho en la línea anterior. Por otra parte, nuestro comandante también podrá agacharse y fijar un objetivo con los gatillos de la consola, siendo esto último de gran ayuda para movernos a la vez que disparamos (aunque si nos quedamos agachados para disparar, ganamos un óptimo ángulo de disparo).
Hablando de los escenarios en los que deberemos derrotar a la dictadura enemiga, resultan muy dinámicos, con eventos que transcurren en tiempo real y que pueden suponer nuestra peor pesadilla. No es de extrañar que de vez en cuando un helicóptero baje de las alturas y veamos cómo los enemigos se deslizan por una cuerda hasta tocar el suelo. Aquí empezarán a acribillarnos a tiros, por lo que en muchas ocasiones emplear una táctica u otra será mejor o peor. Por ello, el sistema de juego utiliza una serie de chekpoints muy útiles, para que cuando nuestra energía haya llegado a su fin, comencemos desde esa posición sin tener que reiniciar todo (aunque se nos brinda la posibilidad). Como decimos, los escenarios son muy dinámicos, pudiendo encontrar en ellos toda una serie de barriles y armas fijas que podremos utilizar para sembrar el caos.
No obstante, debemos vigilar nuestra espalda, puesto que la depurada inteligencia artificial de los enemigos dificultará nuestra seguridad. Si observan que estamos cerca de un barril explosivo no dudarán en dispararle, del mismo modo, si manejan un tanque o un ametralladora de suelo ya podemos ponernos bien a cubierto e intentar que su arma se sobrecaliente, porque sino estamos perdidos. Finalmente, encontraremos esparcidas una serie de cajas por el escenario, en las que podremos actualizar nuestra mochila, pudiendo cambiar el arma y las granadas, así como recoger objetos esenciales para la misión, como C4 o jeringuillas destinadas a curar a nuestros aliados.
En la versión facilitada por la distribuidora, tan sólo pudimos jugar a las misiones monojugador, pero estamos deseosos de poder probar las correspondientes al juego cooperativo. Así pues, el modo campaña y la modalidad desafíos se nos antojan suficientes y equilibrados para garantizar una experiencia de juego única. En la primera tenemos un buen puñado de misiones, ambientadas en marcos distintos donde seguir unos puntos en concreto que lleven a buen puerto la pantalla. El segundo de ellos toma un rumbo más divertido, entendiendo por esto una especie de minijuegos en los que sumar puntos y ganar medallas. Cogiendo como base los escenarios de la modalidad anterior, recortados para la función que debamos realizar en cada desafío, dan comienzo una serie de pruebas bastante rápidas en las que deberemos probar una y otra vez hasta conseguir la medalla de oro. En ocasiones se nos propondrá hacer un sprint aniquilando a todo el mundo, usar C4 en un tiempo record, o librar a un compañero de daño alguno. Tras finalizar, se nos otorgarán algunas mejoras para la modalidad campaña, como armas primarias y secundarias.
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