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Película de culto convertida a videojuego.
Quentin Tarantino es uno de esos directores que sino lo amas, lo odias encarecidamente, factor que estriba principalmente en el lenguaje soez de sus películas, violencia física, personajes algo peculiares y un viaje repleto de flashbacks en el que resulta muy fácil perderse. A todo esto, añadimos que sus películas resultan casi idénticas en cuanto a desarrollo, divididas en capítulos y con continuos homenajes (o plagios según se mire) que de estar realizados por otro director ya veríamos qué pasaría. Pero hoy no venimos a hablar de cine, sino de videojuegos, y aquí tenemos una obra que bien se asemeja a las películas del señor anterior, “Reservoir Dogs”. La película en cuestión está considerada como una de las mejores de los 90, sin embargo, no podemos decir lo mismo del título, que bajo otro nombre podría formar parte de los juegos del montón. Esto no quiere decir que sea un juego malo, sino que podía haber dado mucho más de sí en varios aspectos, llevándose la palma el apartado técnico, muy alejado de cualquier gran título que salga al mercado hoy en día.
La trama en cuestión nos mete en una situación en la que seis gangsters profesionales son contratados por Joe Caboy y Nice Guy Cabot. ¿El trabajo? Está claro, un robo perfecto, un trabajillo fácil en el que nadie tenga que ponerse en peligro. Para esconderse tras el anonimato atienden a nombres bastante curiosos: Sr. Rosa, Sr. Azul, Sr. Marrón, Sr. Naranja, Sr. Blanco, y Sr. Rubio (debemos decir que tan sólo ha sido este último el capaz de prestar su voz e imagen para el juego). Como bien decimos, planean un robo, un plan perfecto en el que el objetivo es una joyería. Tras trazar minuciosamente el esquema de la misión, la policía aparece en pantalla sin ton ni son, convirtiendo el atraco en una masacre. Tras salir de la escena del crimen, y reunidos en un lúgubre almacén, intentarán descubrir quién les ha delatado para llegar hasta la situación actual. En este proceso algunos nombres importantes se revelarán, pero para eso tendréis que ver la película, un ejercicio bastante eficiente si deseamos ponernos manos a la obra con el título.
Jugabilidad
“Reservoir Dogs” se nos plantea como una aventura en tres dimensiones en la que encontramos dos vertientes totalmente distintas. Por un lado tendremos las fases de tiroteos, y por otro, las de conducción, con cierto regustillo a “Driver”. Desde el menú principal elegiremos la dificultad deseada y nos pondremos en la piel del Señor Naranja (aunque variará en las misiones siguientes), soportando un tutorial o entrenamiento bastante atractivo con siete pruebas distintas.
Primeramente tenemos el entrenamiento con armas, fundamental a la hora de partir de cero en un título donde los tiroteos son el pan de cada día. En él aprenderemos a disparar, apuntar y cambiar de arma. Asimismo, aprenderemos a usar un elemento conocido bajo el nombre de adrenalina, que nos proporcionará la posibilidad de realizar disparos múltiples de una sola vez. Posteriormente nos iremos al combate de pinturas, donde nuestro rifle se transformará en una pistola de pintura, como si del conocido “Paint Ball” se tratase. Aquí nos enfrentamos con nuestros compañeros en movimiento (y no con dianas como en el anterior), y no podemos decir que sea una labor demasiado fácil. Su margen de error es casi inexistente, de modo que tendremos que cubrirnos bien y localizar su fallo hasta que podamos salir del habitáculo. El siguiente entrenamiento no será muy complicado, simplemente tenemos que completar el nivel sin que un empleado toque la alarma y nos descubran. Acto que se ve engrosado en el siguiente nivel de entrenamiento, en el que deberemos controlar a un empleado con nuestras armas para que abra por sí mismo una caja fuerte. Posteriormente dispondremos de un adiestramiento muy efectivo en el cual aprenderemos a capturar rehenes, con un total de tres misiones distintas. En la primera de ellas será necesario abrirse paso por una hilera de guardias con un rehén al mando de nuestra pistola, mientras que en la segunda la cosa se complica, ya que el trasfondo pasa a la calle con policías curtidos en la materia (se agradecen los niveles de realismo, como que según les tratemos tirarán o no sus armas). Finalmente, y en el tercero de ellos, la situación será muy similar a la anterior, a excepción de que ahora deberemos ponerles contra la pared o el suelo para que no puedan volver a coger sus armas.
Dejando de lado el completo tutorial con el que nos convertimos en un mafioso de mucho cuidado, nos encontramos con un total de 15 capítulos distintos que, como ya pasará en el propio film, gozan de saltos temporales y flashbacks en los que tendremos que estar muy atentos (la historia guarda algún que otro secreto y es bastante fácil perderse en los primeros compases). Como hemos dicho antes, el juego se divide en escenas de tiroteos y fases de conducción, labor que queda remarcada a la primera de cambio. En el primer capítulo y liderando al Señor Azul, deberemos salir de la escena del crimen, con todo el mapeado repleto de guardas y un único punto por el que ganar nuestra batalla. A partir de aquí podemos hacer lo que queramos, bien liarnos a tiros a diestro y siniestro o bien utilizar los rehenes para que todo el mundo salga ileso. Sea como sea, al final de todo le juego nos otorgarán una graduación (denominada capacidad detectivesca) de entre tres posibles. Se tendrán en cuenta, principalmente, el número de muertes. Otro ejemplo con el que nos damos cuenta que no tendremos ni un minuto de respiro, se da el capítulo dos, con una fase de conducción en la cual deberemos seguir al coche del Señor Rubio. Las escenas en cuestión son tremendamente divertidas, y tenemos a nuestra disposición cualquier elemento del mapeado, dotando a todo el conglomerado de una libertad muy amplia que seguro que acaba con vuestro coche machacado en más de una ocasión.
El número de armas para llevar a cabo nuestra misión no será precisamente limitado, ya que tendremos a nuestra disposición un arsenal para sentirnos como en casa. Desde pistolas simples a duales, escopetas, fusiles de francotirador, subfusiles, uzis, granadas de humo o conmocionarías, cócteles Molotov, escudos antidisturbios, y cómo no, los complementarios silenciadores que harán de nosotros todo un profesional. A lo largo de cada nivel encontramos un bueno número de armas desperdigadas, de forma que quedarse sin munición es una labor demasiado complicada (debemos añadir también la posibilidad de quitárselas a la pasma). Desgraciadamente, tan sólo podremos contar con dos de ellas para cada misión, alternando la más precisa para cada momento y desechando la que menos nos interese. Se agradece que pese a este límite, el escudo antidisturbios no cuente como arma. Este último jugará un papel muy importante, puesto que nuestros rivales, en muchas ocasiones, dispondrán de él para dificultar nuestro rango de tiro (además de chalecos antibalas o cascos). Aquí entra en juego nuestra táctica personal, pudiendo disparar a pies o manos, intentando localizar el punto flaco de cada unidad para poder hacerse con el control. Si no encontramos el punto flaco, no hay problema, ya que localizaremos un buen puñado de botiquines por el escenario. Terminando con las fases a pie, citar que cualquier persona activa podrá servirnos como rehén, desde peatones y trabajadores, a policía, guardia de seguridad e incluso los conocidos SWAT. De esta forma el título gana una maniobralidad bastante buena, con posibilidades dispares en función del tipo de jugador. La barra de adrenalina que disponemos nos servirá en estos momentos, puesto que cuando alcanza su tope, mejor que te agarres a algo bien fuerte, porque el sadismo inundará la pantalla.
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