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Otro factor que cobra especial importancia es la formación de un ejecutivo con las garantías suficientes para regir un estado, de forma que pueda controlar a su población mientras que en sus relaciones exteriores desarrolla una política agresiva. Aquí es donde entra en juego un elemento novedoso, que no es otro que la composición del equipo de gobierno. Como en todo ejecutivo real, el máximo mandatario debe delegar determinadas áreas en personas de confianza para poder ocuparse personalmente de la política a gran escala. Es en esta característica donde mejor se aprecian las intenciones de lo programadores, pues en ella se refleja cómo la ambición de las personas suele repercutir en el gobierno. De esta forma, se asisten a los distintos enfrentamientos entre los ministerios por copar con el máximo porcentaje del presupuesto nacional, aunque esta política repercuta negativamente en los ciudadanos.
Importante es prestar atención al cuidado depositado por los programadores en la creación de los candidatos a ministros, ya que del estudio de sus biografías dependen en gran parte las posibilidades de éxito del jugador. Saber colocar a la persona ideal en el lugar adecuado es algo de vital importancia para lograr el éxito final, si bien en la práctica se muestra difícil conocer las características que determinan qué político es el idóneo para cada puesto. Hay momentos en los que incluso se exigirá cierto conocimiento de la geopolítica moderna para saber designar los cargos correspondientes en cada lugar.
El realismo de esta opción ministerial también tiene su lado negativo, y es que si se ha logrado dar con la combinación correcta de personas de confianza, el juego acaba por convertirse en una mecánica automatizada. El jugador se limitará en muchas ocasiones a tomar las grandes decisiones, viendo cómo la inteligencia artificial se dedica a gestionar con acierto cualquier tarea conflictiva que pueda presentarse. En algunos momentos, más que un gobernante de un estado, parece hacerse convertido en un simple administrativo. Esto se hace especialmente patente en el área de defensa, en el que un buen gestor acaba por automatizar las tareas de forma tremendamente eficaz, logrando despliegues rápidos y contundentes. Por suerte, para que el jugador no delegue demasiado en esta posibilidad a priori muy fácil, el juego logra equilibrarla con las reacciones de otros estados, haciendo que el uso excesivo de la fuerza pueda derivar en una escalada militar con visos de volverse nuclear.
Como en las relaciones internacionales reales, un buen equilibrio para conseguir expandirse depende de saber combinar con acierto la fuerza con la diplomacia. Por desgracia, este aspecto ha sido implementado de una forma más que discutible. Si bien se presentan situaciones realistas, a la hora de plasmarlas en acuerdos es casi imposible. Prácticamente cualquier ofrecimiento del jugador será rechazado, incluso de forma inexplicable, dando la sensación de ser esta una dificultad añadida con la que prolongar de forma artificial la vida del juego.
Gráficos
Poco puede decirse de un juego que se limita a representar, de forma correcta, un número incalculable de mapas bidimensionales. Aparte de su colorido y su representación fidedigna de la geografía de los lugares, no deja de ser un título desfasado técnicamente. Por fortuna, lo que en otros productos es un lastre para su evaluación final, aquí no tiene ninguna influencia, debido a que su obsolescencia es propia del género.
Sí debe destacarse la acertada interfaz gráfica, sencilla e intuitiva, mediante la cual el jugador puede moverse rápidamente entre ingentes cantidades de texto e imagen. Sólo resulta una rémora para el correcto desarrollo del juego la legibilidad en las resoluciones más altas, debido al pésimo reescalado.
Música & Sonido
La banda sonora de "Supreme Ruler 2010" es inexistente, a excepción de algunos efectos de sonido anecdóticos propios de los tiempos en lo que no existían las tarjetas de sonido.
Conclusión
Ideal para aquellos aprendices de gobernante. "Supreme Ruler 2010" sabe jugar bien sus bazas gracias a una acertada combinación de sencillez de manejo, profundidad jugable y la tan socorrida política ficción. Una más que correcta alternativa en un tiempo en el cual la estrategia en tiempo real se ha convertido en un género que monopoliza casi en solitario el catálogo de compatibles.
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