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Estrategia con novedades que complacerán a los fans del género.
Hoy día resulta extraño encontrarse en los compatibles un título de las características de "Supreme Ruler 2010", al hacerse patente el abrumador dominio de la estrategia en tiempo real en el catálogo de cualquier comercio. Su simplicidad y su apuesta por un enfoque más lúdico han dejado de lado el subgénero de la estrategia referente al simulador geopolítico. Dicha vertiente siempre ha tenido que lidiar con dos factores que lo han apartado de los ojos del gran público. El primero de ellos es que su ambientación suele recoger hechos y lugares reales, dándole gran importancia a la fidelidad histórica, tanto a sus actores como a su contexto. El segundo, y más decisivo en su marginación, es que la estrategia de combate queda en un segundo plano a favor de la gestión, tanto de recursos materiales como de humanos. La combinación de estas dos características ha labrado al género una mala fama inmerecida, vertiéndose sobre él toda clase de acusaciones sobre su carácter lento y aburrido, por no hablar de el tan socorrido tópico de la complejidad de su apartado jugable.
Jugabilidad
Cierto es que muchas veces estas descalificaciones no van mal encaminadas. No son pocos los casos en los que lograr desenvolverse a través de la interfaz de algunos de los máximos exponentes del género se convierte en una gesta para el jugador. Por no hablar de los ocasionales excesos de soberbia de los programadores, que se delatan en productos excesivamente ambiciosos en los que comprender las reglas de juego puede hacerse más complicado que entender las mismas situaciones en el mundo real. Para paliar estos notables defectos entra este soplo de aire fresco llamado "Supreme Ruler 2020", que logra abrirse un hueco gracias a un sistema accesible, el cual integra muchas partes notables (ofreciendo un amplio abanico de opciones tanto miliares como diplomáticas o de gestión), sin sacrificar en ningún momento la jugabilidad.
Al primer vistazo, resulta difícil creer estas palabras. Simplemente viendo el contexto histórico se aprecia la complejidad del juego, en el que se deja de lado el clásico recurso de mostrar enfrentamientos pasados. Situado en el futuro, el mundo de Supreme Ruler está gobernado por el caos, la anarquía y una notable crisis económica que ha disuelto los actuales EEUU en un conjunto de estados independientes que pugnan por imponerse entre sus vecinos. El origen de esta disolución se basó en la decisión de la OPEP de valorar el crudo en euros en lugar de dólares, lo que ocasionó la debacle de un estado que ya de por si estaba abocado a la ruina. El resultado es un mundo sin una potencia que ejerza de referente, imponiéndose la ley del más fuerte en un contexto marcado por los enfrentamiento regionales, económicos y étnicos.
Aquí es donde entra el rol del jugador, cuya primera elección será decidir si el desarrollo del juego se hará en tiempo real o por turnos. Pocas diferencias hay entre una opción u otra, aunque quizás la segunda sea poco recomendable para los más impulsivos, debido a que ralentiza el ritmo de juego, aunque brinda más tiempo para sopesar las decisiones tomadas. Una vez hecha la elección, queda a decisión del jugador donde empezar la contienda y a quién controlará, abriéndose la posibilidad de escoger entre varios escenarios que escenifican conflictos locales, y a partir de ellos puede comenzar la tarea de controlar el mundo económica y militarmente.
Si bien todos los estados protagonistas se rigen por el mismo modelo, contando con instituciones similares, bien cierto que en "Supreme Ruler 2010" se pone en práctica la situación actual de las relaciones internacionales para determinar el nivel de dificultad. De esta forma, según cual sea el país que se desee controlar, será más o menos sencillo progresar para lograr los objetivos. Una buena forma de implementar distintos niveles de dificultad añadiendo el aliciente de manejar a distintos personajes protagonistas, permitiendo que el aprendizaje del jugador no se base en una simple elección en un menú al principio de la partida.
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