|
La secuela de la entrega de GBA en Nintendo DS no sorprende, pero se mantiene fiel y encantará a sus fans.
Hace dos años Square Enix, Armor Project y Bird Studios lanzaron en GBA “Slime Morimori Dragon Quest: Shougeki No Shippo Dan”. Como su propio nombre indicaba, se trataba de un producto fruto del éxito que ha cosechado la saga RPG de la compañía Square Enix. En concreto un spin-off o aparición estelar de uno de los personajes de la franquicia para protagonizar su propio título. Así pasábamos a controlar a un Slime azul siempre sonriente que recorría un mundo mágico lleno de extrañas criaturas y enemigos. Los resultados no debieron ser nada decepcionantes porque la compañía ha puesto en el mercado japonés hace poco más de dos semanas la segunda parte: “Slime MoriMori: Dragon Quest 2 - Daisensha to Shippo Dan”. En ella no hay demasiadas revoluciones en el aspecto jugable pero sigue manteniendo la esencia de la primera entrega. De momento y parece que para mucho tiempo, no tiene fecha fuera del territorio nipón. Gracias a Nintendo España hemos podido probar una copia del juego y aquí os dejamos las primeras impresiones al respecto.
El Juego
La historia de “Slime MoriMori 2” es de lo poco de lo que no nos vamos a poder enterar si optamos por importar nuestro juego en completo japonés. Esto no es ni “Final Fantasy” ni “Dragon Quest”, así que tampoco vas a echar de menos demasiada información. La aldea de Slime ha sido arrasada por sus enemigos y muchos de los aldeanos se han perdido o han sido secuestrados. Nosotros hemos conseguido sobrevivir no se sabe muy bien cómo así que nuestra función será la de reponer los daños, rescatar a todos nuestros amigos y destruir al enemigo. El desarrollo es el de una aventura 2D convencional con perspectiva elevada. El Slime es muy sencillo de controlar, podemos hacerle saltar, aplastarlo en forma de doble salto para hacerle planear o lanzarlo contra diversos objetos. Todo ello se realiza aprovechando la maleabilidad de su cuerpo. Por ejemplo, para lanzarlo lo empujamos contra el suelo con A y luego lo estiramos como si de una goma o tirachinas se tratase. Cada objeto que golpeamos cae al suelo, si cae sobre nosotros pasaremos a llevarlo sobre nuestra cabeza.
De esta forma se construye sobre nosotros una torre de varios elementos que podemos ir lanzando contra enemigos o llevando de un lado a otro. Para tirarlos basta con pulsar B y para cambiar el orden en el que se encuentra utilizamos R. Esto es importante, puesto que siempre lanzamos el inmediato a nuestro protagonista. Tesoros, enemigos, piedras, misiles, amigos… Podemos llevar de todo sobre nosotros. Hasta ahora habremos notado la escasa importancia que cobra para el control del juego el uso de las posibilidades de Nintendo DS. Así es, porque la pantalla táctil pasa desapercibida en todo momento. En el caso de la doble pantalla, la parte superior se utiliza para mostrar el mapa (con cambio de zoom usando X) y resto de información mientras que la inferior proyecta la acción en sí. Una pena, porque el micrófono y stylus podrían haber tenido un protagonismo importante que habría separado la secuela de su aparición en GBA. También en la pantalla superior se indica el paso del tiempo en días, noches y atardeceres, que obviamente tienen su reflejo en la imagen.
Al final de cada día nos despertamos en nuestra casa de la aldea y después de recorrer el resto de edificios y conversar con los personajes podemos dirigirnos hacia la salida del pueblo para acceder al mapa. Se trata de un mapa normal en el que nos desplazamos de zona en zona a medida que la vamos completando. En cada zona hay una serie de objetos y personajes que llevar a la aldea, podemos hacerlo llevándolos personalmente o poniéndolos en una de las vagonetas que se dirige hacia allí. Al completar el nivel podemos vernos las caras con un jefe final que no plantea demasiadas dificultades (al igual que el resto del juego). En el segundo escenario tiene aparición uno de los componentes más importantes a lo largo del producto: los tanques. Las guerras entre estos enormes amasijos de hierro son bastante entretenidas y varían el desarrollo.
En ellas vemos los dos tanques (con peculiares formas) enfrentados cara a cara en la pantalla de arriba. En la pantalla inferior nos encontramos en el interior del tanque, donde debemos recoger las piedras y balas para introducirlas en los cañones. Contamos con un cañón orientado en diagonal y otro en horizontal, con ellos tan pronto podemos dañar el tanque enemigo como detener las balas que nos envían ellos, también en esas dos direcciones. Si no tienes balas o piedras a mano, bueno, siempre puedes meterte en el cañón y lanzarte a ti mismo. El objetivo es, por supuesto, dejar sin puntos de salud al contrario. Cuando esto ocurre puedes bajar al piso de abajo, recorrer la distancia que te separa del otro tanque, entrar y destruir su corazón por completo para erigirte como ganador. Con el tiempo, los aldeanos y enemigos que rescataste podrán servirte de ayudantes en estas batallas.
A Nivel Técnico
“Slime MoriMori: Dragon Quest 2” es un título 2D muy tradicional. Cuenta con una perspectiva similar a la de su antecesor o a la de muchos RPG al estilo “Zelda”. Para situarnos en su maravilloso mundo, Slime utiliza multitud de colores y luces que lo convierten en un desarrollo gráfico completamente adorable. Es divertido, bonito y tierno conocer a éstas curiosas criaturas así como los entornos en los que viven. A simple vista se le puede reprochar el poco grado de evolución que presenta con el primer “Slime MoriMori” pero con el planteamiento común que tienen ambos, había poco lugar a las sorpresas. Aún así, la cantidad de colores, detalles en las animaciones o elementos en pantalla han mejorado. La ausencia de evolución visual es otra de las culpables de nuestra decepción si esperábamos con ansia un paso adelante sorprendente en la saga. Desde luego Nintendo DS podría haberle ofrecido mucho más pese a que los resultados no desmerecen.
En el aspecto sonoro hay muy poco que destacar y encontraremos melodías muy repetitivas y alegres como marco del resto de efectos. Algunas de estas composiciones tienen claras reminiscencias a las de la primera entrega, así que aquellos que la hayan probado están de enhorabuena. Los que no, se olvidarán intencionadamente de prestarles atención a los pocos minutos de juego. Por el lado de los efectos igualmente hay poco que señalar que no estuviera en el guión. Quizá lo mejor de la aparición del juego en DS en este apartado sea la calidad de reproducción sonora con los auriculares conectados a la consola.
Conclusión
Pese a tener un arranque de juego un tanto dubitativo, “Slime MoriMori: Dragon Quest 2” conseguirá enganchar a todo jugador que le conceda una oportunidad. Estas esperanzas no tienen que venir ni de la licencia de la que procede ni de los prejuicios que para algunos parecen tener estos juegos tan ‘bonitos’. Se trata de una aventura 2D con un desarrollo más que interesante y una jugabilidad accesible para cualquier perfil de jugador. En contra tiene la prácticamente nula utilidad que hace de la pantalla táctil de Nintendo DS, un elemento que a todo usuario de la máquina le gusta ver bien invertido para no tener la sensación de ‘poder jugar a ese juego en otra consola’. Además, deja una extraña sensación de poca evolución respecto a su antecesor en Game Boy Advance. Después de no haber podido disfrutar de la primera entrega, tampoco sería raro que de momento no llegase a nuestro territorio, así que sólo la importación nos puede ayudar a probarlo.
|