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Estrategia y acción se unen en la saga hermana de 'Dynasty Warriors'.
Koei ha logrado labrarse una cierta imagen en esta generación de 128 bits, mayor de la que se le presupone a una compañía no puntera, gracias a sus constantes incursiones en sus producciones de argumentos basados en la antigua historia china y japonesa. Hechos reales y leyendas se confunden en los guiones de unos juegos marcados por una estética muy reconocible y que hace fácilmente identificables los títulos de la saga. Los ya clásicas y periódicos ‘Dynasty Warriors’ son el ejemplo más fructífero y rentable además del reciente ‘Samurai Warriors’. Pero la hay otra saga, menos conocida para el gran público, que lleva acompañando a la máquina de Sony desde sus inicios y que también ha logrado hacerse valedora de un merecido prestigio: Kessen.
El primer ‘Kessen’ fue uno de los títulos pioneros en formar parte del catálogo de la consola y sorprendió que en sus momentos fuese uno de los primeros juegos PAL. Su género, la estrategia con ciertas dosis de acción, no dejaba de ser minoritario en nuestro territorio. Pero se hizo con un cierto estatus de juego de culto gracias a dos factores. El primero fue que supo aunar el beat em up con el género de la estrategia logrando unir dos elementos potencialmente rechazables por el gran público, que podía considerarlos monótonos. El otro era utilizar como recurso argumental la historia antigua de los dos países orientales través de espectaculares CGs que por entonces asombraron al mundo por una calidad inédita (y que solo superaría la intro de Onimusha). La segunda entrega no haría sino mejorar lo ya presente, con el añadido de una presencia más constante de los elementos mágicos. Los cimientos ya estaban puestos y el nombre de Koei ya era uno de los más vinculados a la trayectoria de la PS2.
Nueva historia
Localizada durante las cruentas series de guerras civiles que tiñieron de sangre las islas niponas, la historia de Kessen 3 gira en torno a la figura de Nobunaga Oda. Con un nombre ya conocido entre los fans de ‘Onimusha’, este hombre se propuso a si mismo unificar Japón con mano de hierro y no escatimo en medios militares para conseguirlo. Nuestro cometido es seguir el desarrollo de sus campañas, aunque no pensemos que la seriedad de este leit motiv perjudica el guión del juego. Hay momentos dramáticos, pero también hay lugar para el romance, los elementos mágicos e incluso interludios cómicos que harán que nos familiaricemos con los personajes secundarios del juego. La historia es contada de manera fluida a través de numerosos vídeos, que están bien dispuestos para que no acabemos cansados tanto de la acción como del argumento. Así pues no nos cansaremos de combatir mientras asistimos al desarrollo de esta lucha fraticida entre shogunatos.
La jugabilidad resultará muy familiar incluso para los fans de ‘Dynasty Warriors’. Antes de cada batalla, en un mapa disponemos estratégicamente la localización de nuestras tropas y sus apoyos. Un buen equilibrio entre los soldados dispuestos, así como su emplazamiento es vital para llevar a buen puerto nuestros objetivos. Una vez ya inmersos en la batalla, tenemos dos opciones. La primera es tomar el control de la unidad correspondiente y dirigirla contra la posición del enemigo que queramos conquistar. La otra opción es controlar directamente a alguno de nuestros generales, pasándose a un modo de juego beat em up fácilmente reconocible para los asiduos a su saga hermana. Las diferencias entre un modo y otro radican en que la segunda opción nos permitirá obtener jugosas ventajas y objetos que facilitarán nuestra labor. Pero por otra parte, habrá momentos en las que solo la acción de nuestras unidades en conjunto logrará llevarnos a la consecución de nuestro objetivo. Para hacer las cosas más fáciles, por un lado los generales cuentan con habilidades diferenciadas según cual escojamos que nos permitirán sanar a nuestras topas o aumentar su poder. Por otra parte, los soldados de a pie cuentan también con habilidades que les permiten llevar a cabo ataques colectivos mucho más contundentes. El buen equilibrio entre ambas posibilidades sea cual sea el curso de la batalla es imprescindible si queremos tanto encaminarnos a la victoria general como proveernos de un buen surtido de armas, armaduras u otros objetos de parecida índole. Además de ser requisito imprescindible si queremos que nuestros generales vayan evolucionando. Para que esta jugabilidad no derive en la monotonía, la posibilidad de desbloquear ciertos generales según determinadas circunstancias, ítems escondidos en los escenarios o variaciones en el curso de la historia según nuestras decisiones dan vida al juego. Para los fieles a la compañía, tener guardada una partida de ‘Samurai Warriors’ les facilitará el acceso a componentes imposibles de obtener de forma corriente.
A nivel técnico
‘Kessen III’ es una buena de muestra de que no siempre tener que poner en pantalla numerosos personajes es sinónimo de pérdida de detalle. A estas alturas Koei ya posee un conocimiento exhaustivo del hardware de PS2, lo que supone que no tienen porque hacer frente a este sacrificio. Escenarios detallados que recogen a la perfección la ambientación japonesa de la época y que no transmiten aquella sensación de monotonía que si se le podía achacar a sus predecesores. Tanto construcciones como entornos naturales están representados con fidelidad, aunque sin gran interactividad con ellos. A pesar de que casi todos los soldados rasos son prácticamente idénticos en diseño y número de polígonos, sí se ha puesto cuidado en que su forma de moverse sea natural y rápida. Además, por muchos de ellos que se presenten en pantalla, no se aprecia ningún atisbo de ralentización. Los generales sí presentan modelos más detallados y con diseños perfectamente distinguibles unos de otros. Sus ataques especiales son una gozada para la vista y su exclusividad con los respectivos generales son un aliciente para ir cambiando de personaje.
El audio se centra sobre todo en los efectos sonoros de la batalla, bien recogidos aunque algo faltos de contundencia. La música sigue la tradición de composiciones sinfónicas que imprimen la necesaria épica que necesita la historia. Un apartado completado con un buen doblaje que hace más accesible la historia y donde, caso extraño, casi todas las voces rayan a gran altura.
Conclusión
Sería sorprendente que a estas alturas esta saga ganase nuevos adeptos. Juntar la estrategia y el beat em up puro y duro en una consola es una idea encaminada a un público muy específico. Pero para aquellos que no se amedrenten ante las acusaciones de aburrimiento o monotonía a uno y otro género, aquí tienen un título que uniéndolos se complementan. Una forma de conseguir que la mente y la tendencia ‘machacabotones’ pueda ser accesible a los más novatos y que satisfará igualmente a los veteranos.
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