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Agarra tus bongos y prepárate para hacer el simio.
Invariablemente, generación tras generación, nuestras consolas se han visto asaltadas por toda clase de periféricos dispuestos a destronar a los clásicos pads o al menos a hacerles compañía. Hemos visto desde los ya habituales volantes y alfombras de baile, a sistemas de sensores infrarrojos, extraños guantes, cetros mágicos con botones, guitarras, maracas y así hasta llegar a lo último en cuanto a cosas raras que conectar a una consola, un par de bongos. Desafortunadamente la vida de todos estos curiosos periféricos suele ser más bien corta, ya que su diseño los capacita única y exclusivamente para un determinado tipo de juego. Siguiendo esta lógica si hablamos de bongos deberíamos hablar de un juego musical, pero no, después de ofrecernos “Donkey Konga”, el juego que nos trajo los bongos, en Nintendo han pensado que eso de limitarse a un sólo género es una chorrada, así que su segundo juego para este curioso periférico es ni más ni menos que “Donkey Kong Jungle Beat”, un resultón plataformas que combina ritmo y saltos para que podamos pasar unas cuantas horas trabajándonos las manos frente a la GameCube.
Jugabilidad
¿Alguna vez habéis jugado al “Doom” con una alfombra de baile? Servidor sí y lo mínimo que puedo decir es que la experiencia es desconcertante. Así que cuando te encuentras con la perspectiva de jugar a un plataformas a base de golpear unos tambores lo primero que te viene a la mente es que en Nintendo alguien se pasó con el coñac a la hora del café, pero cuando esta gente hace algo que parece estúpido a primera vista suelen tener sus razones, razones que quedan en evidencia tras los cinco primeros minutos de juego. Y es que sí, “Jungle Beat” se controla a la perfección con un par de bongos, es más, ni tan siquiera cuesta acostumbrarse a esto de golpear los tambores para moverse. Básicamente hemos de golpear el bongo derecho o el izquierdo según la dirección en la que queramos ir, moviéndose más rápido DK según la velocidad de nuestros golpes. Para saltar hemos de golpear los dos bongos a la vez y para atacar, agarrarnos y demás simplemente habremos de dar una palmada en el momento adecuado.
Con un sistema de control tan simple entre manos (nunca mejor dicho) los creadores han decidido dejarse de experimentos 3D y se han sacado de la manga un plataformas 2D bastante fiel al esquema que exhibían las aventuras de DK en los ya lejanos tiempos de la Super Nintendo. ¿Y esto qué quiere decir? Pues que nos encontramos ante un juego en el que nuestra máxima preocupación sigue siendo la recogida de plátanos aderezada con el pisoteado de unos cuantos enemigos, una buena dosis de acrobacias y un toque de velocidad. El resultado es un juego trepidante pero no descontrolado, donde cuenta mucho el ritmo y donde la gran recompensa se la llevan aquellos que gustan de perfeccionar sus habilidades. Y es que en total el juego se puede terminar en unas cuatro o cinco horas, intensas pero un poco escasas, claro que eso sólo es atravesar los reinos que se nos proponen. Si realmente queremos completar el juego al cien por cien habremos de hacernos con 1200 plátanos en cada fase, una cifra que nos hará sudar (principalmente en las palmas de las manos), lanzar los bongos contra la televisión y maldecir a los programadores por los siglos de los siglos. Pero ya se sabe, la práctica hace la perfección y cuando llegamos a dominar los pequeños trucos del juego da gusto ponerse delante de la pantalla y empezar a enlazar acrobacias imposibles. Posiblemente gracias al control con los bongos esta última parte sea la más entretenida del juego, ya que el mantenerse alejado del suelo se premia con jugosos combos que aumentan el valor de los plátanos recogidos, así que las partidas suelen resultar una intensa sesión de golpes, palmadas y desesperados movimientos para evitar que en mitad de una combinación de saltos nuestros bongos salgan volando por ahí.
Lo malo de esto es que a primera vista el juego no acaba de enganchar. Para llegar al éxtasis de darle con brio a los tambores el jugador necesita una razón para aprender los combos y al principio todo el juego es tan simple que no se hace en absoluto necesario. Básicamente, tras el tutorial con el que nos introducimos a los controles, el juego nos ofrece un reino formado por cuatro fases diferentes que culminan en un combate contra alguno de los cuatro jefes que tiene el juego. Tras finalizar un nivel obtenemos varias medallas según la cantidad de plátanos que hemos recogido en nuestras aventuras por la jungla, siendo estas medallas la llave para abrir un nuevo reino y sus correspondientes fases. En estos primeros niveles apenas hemos de seguir el camino que nos marca el juego para hacernos con los 300 plátanos necesarios para acceder a las siguientes fases, con lo que hasta que no nos encontramos en el último reino no tenemos verdadera necesidad de aprender más allá de los movimientos básicos. Algunos pueden opinar que esta aproximación permite que cualquiera se acerque al juego, pero personalmente opino que cuando tu juego tiene una buena baza no hay que guardarla hasta el último minuto, si no mostrarla poco a poco.
Pero no sólo de saltos vive el simio, de vez en cuando también hay que luchar, nadar o hacer uso de nuestros compañeros de selva para avanzar en el juego. De estas tres partes quizás la más divertida sea el combatir contra los enemigos de final de fase, no por su diseño, ya que en todos los reinos nos encontramos a los mismos, o por alguna característica particular, simplemente porque nos hacen pasar un rato entretenido gracias a la combinación correcta de dificultad y habilidad. En cuanto a los animales que ayudan a DK el cabrisonte (mitad cabra, mitad bisonte) es el que más protagonismo tiene, puesto que esta evolución del clásico rinoceronte cuenta con fases exclusivas para él solo. Tampoco están mal las apariciones de las paracárdillas, los helipájaros y las orcas, aunque esta última es la excusa perfecta para hablar de la parte menos entretenida del juego, las fases submarinas. Y es que en ellas el control hace aguas (que chispa tengo madre), ya que los bongos no son ni de lejos el instrumento adecuado para controlar al mismo tiempo dirección, profundidad y velocidad. De todas formas esto tan sólo es una pequeña mancha dentro de un buen conjunto.
Gráficos
¿Alguien recuerda aquellas imágenes con las que las revistas ilustraban los juegos de DK en Super Nintendo? Sí, aquellos impresionantes renders que poco tenían que ver con los gráficos que una consola de 16 bits podía ofrecer. Pues por primera vez podemos jugar a un juego de Donkey en el cual los gráficos son como los vemos en las imágenes de arte, con todos los pelos del simpático gorila agitándose al viento. “Jungle Beat” es en general una agradable experiencia visual, posiblemente la primera aventura de DK en la que la combinación de elementos 3D con un mapeado 2D no es una afrenta a la vista y donde la variedad de los escenarios es uno de sus puntos fuertes. Aparte del cuidado diseño de DK también podemos disfrutar de una buena cantidad de efectos gráficos, así como de unas texturas más que aceptables. Tal vez se podría haber pulido un poco más el tema de los reflejos en las superficies, puesto que en algunas ocasiones las cosas tienen aspecto de estar hechas con plástico barato
Música & Sonido
Aunque la banda sonora de “Jungle Beat” es animada y acompaña bastante bien el desarrollo de todo el juego se echan de menos algunos temas clásicos de otras entregas. Suponemos que en Nintendo han querido romper completamente con el legado de Rare, lo que explicaría que sea la primera vez en mucho tiempo que DK no va acompañado por alguno de sus familiares, pero se podrían haber mantenido algunos de los temas más carismáticos. Los que hay están bien, pero no son de los que pasan a la historia. En cuanto al sonido lo único destacable es el cambio de voz que ha sufrido DK, ya que por lo demás es un apartado que cumple sin más.
Conclusión
Parece mentira, pero la idea de usar los bongos para un juego de plataformas le ha salido más que bien a Nintendo. “Donkey Kong Jungle Beat” resulta un juego interesante y entretenido del que tan sólo podemos criticar la duración, y es que cuando mejor te lo estás pasando y más metido estás en la acción es cuando se acaba, una auténtica pena. Aun así “Jungle Beat” es un regreso triunfal de DK al género que le vio nacer y una demostración de que hay vida después de Rare para el gorila de Nintendo. Además ¿cuándo vais a encontrar una excusa mejor para haceros con un periférico tan friki como un par de bongos? Preparad las manos y dejaros llevar por el ritmo.
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